Opinión Nacional

Algo sobre supuestos locos

Al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se le ha calificado de loco por muchas personas y reconocidos especialistas en la materia, como siquiatras y sicólogos. Estos diagnósticos provienen de profesionales venezolanos, y extranjeros por igual. Particularmente, he recibido diagnósticos muy detallados del tipo de locura que supuestamente tendría el presidente. Esta incómoda situación, al parecer generó preocupaciones en el alto gobierno venezolano, razón por la que según se dice, se les prohibió a los profesionales venezolanos de la siquiatría y de la sicología, escribir o hablar públicamente sobre el asunto.

Vale la pena recordar, que la locura es una enfermedad mental de una persona, que le impide comportarse normalmente. En muchos casos, cuando el estado de la locura es muy avanzado y representa un peligro, para la sociedad y los demás seres humanos, se confina al individuo, según sea el caso, en una institución de reclusión especial para darle tratamiento médico siquiátrico y tratar de sanarlo e incorporarlo de nuevo a la sociedad.

Traigo el tema a la discusión, debido a que el presidente venezolano, por cadena nacional, calificó de loco a Alberto Federico Rabel, director general de Globovisión. Y fue más allá, lo armó con un cañón, lo cual es aún más preocupante que la misma locura. ¿Se imagina usted, apreciado y espetado amigo lector, el tremendo daño físico que puede causar un loco armado de un cañón? Al principio, no le di la importancia al señalamiento del presidente, por considerarlo una travesura suya. Por otra parte, Federico Rabel es un ciudadano civil, luce normal, se comporta razonablemente, y que yo sepa, los únicos que pueden tener un cañón son los militares, o los traficantes de armas, razones por las que resté importancia al asunto.

Cuando recapacite y recordé, que el presidente es enigmático, locuaz y parlanchín, y como Jesucristo acostumbra hablar en parábolas. Además, es militar comandante presidente, puede justificar tener un cañón, tiene la autoridad y rango suficiente para ordenar utilizarlo, existen precedentes de que ya lo hizo el 11 de abril de 2002 y también ha sido calificado de loco por otros; entonces algo me alertó, de que detrás de este señalamiento, posiblemente exista un mensaje subliminal, razón por la que vale la pena analizar algo más, para descubrir la intensión real de semejante afirmación.

A estos señalamientos de loco del presidente, sobre Alberto Federico Rabel, se unieron otros señalamientos de seguidores del presidente, entre los cuales cabe destacar, los de un gris y mediocre diputado de la Asamblea Nacional, quién especificó algo más el tipo de locura que según él, padecía el director general de Globovisión, lo cual pudo él corroborar durante la transmisión de alerta sobre el terremoto, dada por este en una madrugada reciente.

Fue tan enfático y dramático el diputado chavista en su intervención – que describió con lujo de detalles la forma como se transformaban la mirada y rostros de Alberto Federico Rabel durante la referida transmisión – que terminó recomendando a la Asamblea Nacional la estructuración y el envió de un equipo multidisciplinario de salud mental a Globovisión, para determinar el grado de locura de éste y estimar además, la peligrosidad para la nación que personificaba Alberto Federico Rabel.

Ante la proliferación de este tipo de acusaciones de locura que se hacen de lado y lado, dando la impresión que hemos sido infestados por el virus de la locura, se me ocurre, que el Ministerio de la Salud, y el Colegio de Médicos de Venezuela, (con la asesoría de los médicos cubanos) deberían intervenir en el asunto, y abrir una exhaustiva investigación que determine cuan indefensos, volubles o blindados somos los venezolanos ante este virus, y conocer si somos capaces de defendernos contra el mismo.

Personalmente, no tengo la menor duda, respecto a que el presidente Hugo Chávez estaría más demente que Alberto Federico Rabel. Es más, no creo que se requiera del examen de un siquiatra o de un sicólogo para confirmarlo. Solo basta con encender el televisor o la radio, oírlo por un rato, y darse cuenta de ello. Peor aún. El presidente pareciera ser un supuesto loco mucho más peligroso que Alberto Federico Rabel, debido a que el cañón del director general de Globovisión es virtual y mediático, y el del comandante presidente, es de acero y de verdad.

Asimismo, como monarca absoluto de este país, el comandante presidente tiene para ser usados a su discreción (sin la autorización de nadie) y en cualquier momento: aviones, barcos, submarinos, helicópteros, tanques, satélites, bombas lacrimógenas, ballenas; y más de un millón de militares y milicias armadas con ametralladoras rusas último modelo. Solo le falta poseer la bomba nuclear, y ya ha dado declaraciones públicas de que está interesado en ella. Si usted amigo lector, compara la peligrosidad de ambos supuestos locos, llegará sin mucho esfuerzo a la misma conclusión que llegué yo desde hace tiempo.

Cuando se habla o se escribe sobre locura de personas notables y poderosas, es oportuno recordar, que existen antecedentes de presidentes o funcionarios de alto nivel que han sido inhabilitados o destituidos de sus cargos por razones de locura. Entre otros, está registrado el famoso y triste caso del ex presidente de Ecuador, Abdalá Bucaram Ortiz, quién fue destituido en 1997 de la presidencia de la república por insania mental y por corrupto. Por cierto, muchas de las extravagancias y cantinfladas del ex presidente Abdalá Bucaram Ortiz, se asemejan mucho a las del comandante presidente Hugo Chávez.

Finalmente, sería interesante y útil para la población de Venezuela, para las naciones de Latinoamérica, y para la humanidad misma, saber que quiso: insinuar, decir u ordenar el presidente Hugo Chávez, cuando acusó públicamente a Alberto Federico Rabel de que era un loco armado con un cañón. Acá tienen la palabra los sicólogos, siquiatras, sociólogos, politólogos, periodistas, teólogos y militares. Preguntárselo al mismo Hugo Chávez sería inútil, ya que respondería en parábolas, y quedaríamos igualmente confundidos. ¿Qué cree usted de esto amigo lector?

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