Opinión Nacional

Algunas raíces de la corrupción chavista

Desde Páez hasta el presente, la corrupción es un mal horroroso contra el cual no han podido combatir efectivamente las mejores intenciones, que las ha habido, así como personajes cuyos ejemplos de honestidad incuestionable no hicieron escuela o no prendieron en quienes tenían el deber de colocar –legislativa y judicialmente-  los obstáculos suficientes y/o las más draconianas de la trabazones para que tal indignidad no llegara a las cumbres apoteósicas que hoy vive bajo la rapacidad chavista (sumisión institucional, coacción mediática, acumulación de bancos, empresas, palacetes, fincas, embolsillamientos). La vergüenza –máxima forma de correctiva detectada por la psicología moderna- no existe entre estos verdaderos jinetes apocalípticos que han renacido virulentamente para clavar sus cada vez más afiladas espuelas sobre la inocencia de la colectividad.

La larga secuela de militares ladrones que rigieron la vida venezolana durante más de 125 años sí creó escuela, coronándose nuevamente –tras el breve paréntesis entre 1945 y 1948- con la década de saqueo de Pérez Jiménez que terminó en 1958. Y tras los 40 años democráticos que nos trajeron hasta 1998, donde el triste mal se intentó controlar en un principio para luego recaer, aunque jamás para competir con el 80% que efectivamente se invirtió en el extraordinario desarrollo histórico que nunca antes vivió el país y que tiene su evidencia más concreta en la modernización contemporánea del país, hoy estamos nuevamente envueltos en una purulenta costra de corrupción protagonizada por una camarilla militar chavista que no tiene equivalente con ninguno de los peores momentos del pasado. El fracaso monumental chavista que se aproxima a su fin no puede justificar el destino de ya casi un trillón de dólares que han pasado por sus manos.

Estos recursos de hoy, correspondientes a cerca de 12 años, han logrado incrementar la corrupción de una manera que no tiene precedentes en nuestra historia, como lo afirmara hace ya un quinquenio  la Comisión de Protección del Patrimonio Público de la Coordinadora Democrática: “por cada 100 bolívares robados en las administraciones de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, el monto de dinero en estos cinco años chavistas se incrementó en 4.700%”. Para ese momento ya galopaban desaforada y escandalosamente casos como los del del FIEM (calculados en 4 billones de bolívares) y el convenio petrolero con Cuba (3 billones de bolívares), además de las concesiones mineras de Las Cristinas (1,9 millardos), CHV-Edelca (2,1 millardos), CVG-Venalum,  Fondo Unico Social, Caruachi y otros que involucraban una torre de millardos idos por los caminos de la rapiña chavista, entonces de pantalones cortos. Esto es lo que está explotando hoy.

Pero entonces ya habían 152 casos procesados, en los cuales Chávez tenía responsabilidad directa y personal en 32, pero dormían el sueño maquiavélico en la Fiscalía y la Contraloría, donde parecían no seguir el consejo del mandatario nacional –siempre tan fino y popular- de utilizar por los dos lados las hojas del papel trasero. Además de que todo permanecía oculto, en aquél por ahora había un exceso de “gastos” inauditables, sin controles de ninguna naturaleza. El colmo se presentó con la utilización manirrota de los dólares de PDVSA, centro de operaciones para romper todos los récords de corrupción anteriores, promoviéndose la lenidad y la desaparición de la justicia, enterrando todo vestigio de moral.

En un artículo de Domingo Alberto Rangel titulado “Los empresarios del chavismo” (El Mundo, 18 de marzo, 2004), se señala lo siguiente:

“Un libro reciente, Así Paga el Diablo, de Luis Pineda Castellanos, revela con inocencia casi infantil y en un lenguaje cuartelero lleno de vulgaridades, todo lo cual evidencia su exactitud, el trasfondo moral del chavismo. Es un libro auténtico, no fue escrito por un Mujiquita para un Pernalete de charretera, como suele ocurrir aquí con libros de esa ralea. El estilo desenfadado, la candidez del relato y la llaneza de los conceptos proclaman al unísono su pertenencia al autor. Cuenta el libro las trapacerías que suelen hacerse en el universo mental en el que se mueven los golpistas y las increíbles añagazas e inconsecuencias de Chávez para con amigos y compañeros suyos que yo conocía desde que lo vi, por lo cual no volví a verlo y espero no verlo jamás. En el libro de Pineda Castellanos se habla de la vieja amistad que une a Diosdado Cabello con Rafael Sarría y otro personaje de origen militar, el señor Hernández Behrens, hoy Presidente de Cadivi. Una trilogía perfecta. Acumulación originaria o primitiva en uno de ellos, olfato comercial en el segundo y aportación de medios financieros en el último. La Quinta República no sabe ‘lee’ pero le escriben, como dice el refrán. Los promotores del chavismo no conocen las leyes de la acumulación de capital como las codificó Marx, pero las aplican sin saberlo”.

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