Opinión Nacional

Ante el estreno de la película “El Código Da Vinci”,

LA COMISIÓN DE DOCTRINA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA

Ante el próximo estreno de la película “El Código Da Vinci”, considera conveniente, para la
orientación de los fieles católicos, expresar lo siguiente:
Una película y una novela

1. La película está basada en la novela de ficción del mismo nombre del escritor inglés Dan
Brown, publicada en 2003, la cual desarrolla una complicada trama de suspenso ambientada en
la presente época, que pretende demostrar cómo la Iglesia católica habría conspirado durante
dos mil años para evitar que se conozca la “verdad” sobre Jesús y su relación con María
Magdalena, de quien habría tenido descendencia y a quien el Señor habría confiado su Iglesia y
su mensaje; los apóstoles se habrían confabulado contra ella, debiendo escapar a Francia,
donde sus descendientes habrían dado origen a la dinastía de los reyes merovingios, siendo
éstos portadores de la sangre de Jesús en sus venas. Desde entonces, primero los Caballeros
Templarios y después la sociedad secreta conocida como el Priorato de Sión habrían protegido
a esta descendencia de Cristo de los ataques de la Iglesia Católica y transmitido sus secretos en
códigos ocultos. Por ejemplo, en “La Última Cena” de Leonardo Da Vinci, artista del renacimiento
y Gran Maestro de esta organización secreta, la figura junto a Jesús no sería el apóstol Juan
sino María Magdalena, que representaría el culto a lo sagrado femenino, en contraste con el
catolicismo de marcada tendencia machista, según sostiene el autor.

2. En la novela Brown revive la vieja tesis de los racionalistas modernos que niegan la divinidad
de Cristo: Jesús no habría tenido nunca la intención de presentarse como Dios y su divinización
habría sido el resultado del tipo de cristianismo impuesto por el emperador Constantino en el
siglo IV, a partir del año 313 con su reconocimiento oficial como religión del imperio por el edicto
de Milán, y de la presión de este emperador a los obispos para que en el Concilio de Nicea, año
325, condenaran todas las otras tendencias cristianas que subsistían hasta el momento,
prevaleciendo la organización y la doctrina de la ortodoxia católica.

3. Esto explicaría, según el relato de la novela, la actitud de la Iglesia Católica de destruir y ocultar
los llamados evangelios gnósticos y de aceptar únicamente los cuatro conocidos, Mateo, Marcos,
Lucas y Juan; lo mismo que la persecución de las llamadas herejías y la quema de brujas en la
Edad Media; y en nuestros tiempos la implacable persecución, con miras a su destrucción, de la
descendencia de Jesús y María Magdalena. Desarrolla así la novela una trama que resalta la
“malvada” conspiración de cardenales y organizaciones de la Iglesia para impedir que los
secretos celosamente custodiados por el Priorato de Sión puedan ser conocidos por el mundo,
llegando incluso al asesinato de personas por obra de un sicario, miembro del Opus Dei.

4. En la argumentación del autor de El Código Da Vinci juega un papel importante la referencia a
los evangelios gnósticos, los cuales expresarían la verdadera concepción cristiana de los
primeros siglos, derrotada y execrada por la tendencia impuesta por el emperador Constantino
desde comienzos del siglo IV; estos textos habrían sido supuestamente ocultados y hasta
destruidos por la Iglesia. Mientras que la herencia de los gnósticos, expresada en estos escritos,
habría sido preservada por sociedades secretas, especialmente por los Caballeros Templarios
en la Edad Media y -después de perseguidos y aniquilados estos últimos por la Iglesia Católica-
por el Priorato de Sión, desde el siglo XI hasta nuestros días, y del cual habría sido Gran
Maestro Leonardo Da Vinci.

5. En la novela las verdades fundamentales de la fe cristiana son puestas seriamente en cuestión.

Jesús no sería Dios, no habría encomendado la Iglesia a los Apóstoles sino a una mujer, María
Magdalena, con quien habría engendrado hijos; la Santísima Trinidad no sería una genuina
enseñanza cristiana sino una referencia a mitos egipcios e hinduistas y la Eucaristía sería una
derivación de ritos paganos en los que un dios era simbólicamente comido por sus seguidores.

De modo que el catolicismo no sería el verdadero cristianismo y más bien habría tergiversado las acciones e intenciones de Jesús y, lo que es peor, habría conspirado para impedir que la verdad
saliera a la luz con destrucción de documentos, persecuciones y asesinatos desde hace dos mil
años.

Algunas orientaciones

6. Si bien estamos ante un ataque a las creencias y valores fundamentales del cristianismo y de
la Iglesia Católica, no es asunto de emprender una cruzada en contra de la novela y la película
de Brown; no parece lo apropiado. Ni tampoco conviene ponerse a la defensiva, porque sería
muestra de una gran inseguridad ante nuestra propia fe. Pero si es necesario ofrecer criterios
que aporten bases sólidas para una crítica al contenido y una respuesta a las afirmaciones que
arrojan grandes dudas sobre nuestra fe cristiana y sobre la Iglesia, dada la gran cantidad de
personas que han leído el libro y la que suponemos verá la película. Además, estamos
compelidos a dar cuenta de nuestra fe cristiana que se apoya en Jesús de Nazaret, Hijo eterno
del Padre, encarnado en la Virgen María, muerto y resucitado para nuestra salvación y Redentor
de la humanidad pecadora, que fundó una Iglesia que guiada por el Espíritu Santo es signo e
instrumento de salvación para todos.

7. Lo primero debe ser preguntarnos qué clase de obra es El Código Da Vinci. Se trata de una
novela de ficción, con un hilo argumental de suspenso policíaco, mezclado con simbología
religiosa, antiguos ritos paganos y sociedades secretas, con el añadido de la teoría de la
conspiración, recurso literario muy popular en la literatura y el cine de nuestros días (véase caso
Kennedy o muerte del Papa Juan Pablo I). El autor mezcla datos y lugares reales con personajes
y hechos ficticios, presentados como auténticos. El mismo Dan Brown ha afirmado que su
intención es sólo entretener, aunque ha reivindicado la veracidad histórica de los
acontecimientos y de sus investigaciones. La crítica literaria e histórica especializadas afirman
que obras como El Código Da Vinci son oportunistas, pueriles, cargadas de errores y con una
base documental poco sólida y no confiable; su fin primordial es comercial.

8. No es cierto que el reconocimiento de los cuatro evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, por
parte de la Iglesia, como textos sagrados inspirados por Dios, haya sido fruto de una decisión
tomada tardíamente en el siglo IV con el expreso interés de eliminar los muchos evangelios
existentes en los primeros siglos. Fue el llamado “sentido de la fe” del pueblo cristiano (sensus
fidei fidelium), con el impulso divino (acción del Espíritu Santo), que fue seleccionando aquellos
textos que expresaban de modo coherente su fe, despojada de elementos fantásticos y
contradictorios, y que luego fue confirmada por los pastores de la Iglesia en varios concilios. Los
cuatro evangelios son, pues, el resultado de un proceso en el que intervienen la revelación de
Dios y la fe y la praxis de la comunidad cristiana, y que parte de un núcleo histórico fundamental
a partir de los acontecimientos de la vida de Jesús. En cambio los escritos gnósticos introducen
lo fantástico y lo mítico, sin referencia a la acción reveladora de Dios en la historia y con un
contenido completamente ajeno a lo que era el conjunto de creencias de los cristianos de los
primeros siglos acerca de Dios, de Jesucristo, de los sacramentos, de la Iglesia y del modo como
ellos practicaban el culto y expresaban su fe. En El Código Da Vinci se alude a los escritos
gnósticos, especialmente a los evangelios llamados apócrifos (escondidos, secretos), como
expresión de una forma de cristianismo perseguida y derrotada por el catolicismo impuesto por el
emperador Constantino (siglo IV) tal como ha sido hasta hoy.

9. En realidad el gnosticismo es una corriente místico-religiosa que surge en ambientes más bien
cultos o eruditos del mundo helénico (griego oriental) y que llegaron a formar sectas que
florecieron especialmente en Egipto en el siglo II d.C., de donde proceden la mayor parte de los
escritos gnósticos conocidos. Los gnósticos mezclan elementos cristianos con algunos
contenidos míticos-religiosos provenientes del paganismo griego, de las religiones egipcias y
babilónico-persas, aderezados con elementos del misticismo filosófico griego; el gnosticismo es,
por tanto, un sincretismo filosófico-religioso para quien la salvación viene por el conocimiento
(gnosis) y no por la fe, como en el auténtico cristianismo. Por eso restan importancia a la
revelación que viene de Dios y privilegian el esfuerzo de la mente humana para conocer la
realidad del cosmos y del hombre. Desprecian el cuerpo como realidad aparente y destacan lo
espiritual como lo esencial, el alma debe liberarse del cuerpo (dualismo antagónico cuerpo-
alma). Diferencian entre el Jesús hombre y el Cristo como entidad espiritual, éste habría tomado un cuerpo aparente como simple instrumento para estar sobre la tierra (recordemos que en el
Evangelio de Judas, tan publicitado en la última Semana Santa por un canal de TV, la misión de
aquel era liberar a Jesús de su cuerpo propiciando su muerte); de allí que para los gnósticos la
encarnación del Hijo de Dios no tiene el sentido que le da la fe cristiana; Jesucristo no es Dios
igual al Padre y al Espíritu Santo, la resurrección no es la glorificación del cuerpo. Podemos ver,
pues, que al contrario de lo que afirma la novela los gnósticos no son los heraldos y depositarios
de la verdadera fe, cuya herencia habría sido resguardada por los templarios (de los cuales se
da una visión completamente divorciada de la realidad histórica) y algunas sociedades secretas,
entre ellas el mencionado Priorato de Sión (el cual, por cierto, fue fundado por Pierre Plantard en
1956 y no en el 1099 como dice la novela, y sus famosos pergaminos fueron fabricados y
escritos en el mismo siglo XX, tal como lo confesó el mismo Plantard; son, pues, un verdadero
fraude). De modo que el llamado gnosticismo cristiano sería más bien una expresión heterodoxa
del cristianismo. De hecho, los antiguos Padres de la Iglesia lo consideraban, mucho antes de
Constantino, una herejía.

10. En cuanto a la figura de María Magdalena, referencia fundamental en la trama del Código Da
Vinci, es cierto que aparece en los relatos evangélicos como parte del grupo de mujeres, que
incluía a la madre de Jesús, que le seguían y le servían y ayudaban con sus bienes. Lc 8, 2
cuenta que el Señor la había librado de siete demonios, estuvo en la crucifixión (Mt 27, 56), junto
al sepulcro (Mt 27, 61), visitó el sepulcro la mañana de pascua (Mt 28, 1 ss) y fue distinguida con
una aparición del mismo Cristo resucitado antes de que la experimentaran los mismos apóstoles.

Ciertamente, un lugar destacado, pero nada puede deducirse, ni de los evangelios mismos, ni de
la investigación histórica, que haya sido mujer de Jesús, que con Él haya tenido hijos y que,
mucho menos, se le haya confiado la conducción de la Iglesia, hubiese sido perseguida y llegado
a Francia con su descendencia y dado origen a una dinastía real. Tampoco existen elementos
objetivos de juicio sobre el papel de Leonardo Da Vinci (1452-1519) como miembro de alguna
sociedad secreta para resguardar este supuesto legado, aparte de que no pudo ser Gran
Maestro de algo (el Priorato de Sión) que para entonces no existía. Ni qué decir del famoso
código secreto en su cuadro de La última cena, no es más que una fantasía con pretensiones
esotéricas; no hay nada que lo sustente y compruebe. Mientras que respecto del Santo Grial
(cáliz con el que celebró Jesús en el Cenáculo), identificado con la sangre de rey como referido a
la hipotética descendencia de María Magdalena y de Jesús, no pasa de ser un simple juego de
palabras, no significa nada.

¿Qué es la Verdad?

11. Al principio hemos dicho que El Código Da Vinci es una obra de ficción, y la película también;
como son de ficción El Caballo de Troya de J.J. Benítez, Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, al
igual que El Exorcista, La Profecía, Superman, El Fantasma, El Conde Drácula, El Rey de León.

Nadie que sea sensato se le ocurriría extrapolar a la realidad lo que lee en estos libros o ve en
estas películas, aun cuando sus contenidos sean presentados como reales o basados en
investigaciones y hallazgos, pero no cabe duda que hacen daño y dan lugar a matrices de
opinión que van debilitando las convicciones religiosas y el apego a la fe cristiana. En los últimos
decenios han proliferado películas sobre temas religiosos, como El Cuerpo -para mencionar sólo
una- cuyo argumento central es el descubrimiento en Jerusalén de una tumba que contendría los
restos de Jesús, lo que contradiría la afirmación sobre su resurrección, desatándose enseguida
una conspiración del Vaticano, con asesinatos incluidos, para hacer desaparecer la evidencia. Y
así por el estilo otras novelas y películas que arrojan dudas sobre la Iglesia y las verdades
fundamentales del cristianismo. Por eso es muy importante que fácilmente no aceptemos la
ficción como verdad.

12. Hay que sacar bienes de los males. Ante esta avalancha de negaciones, calumnias,
difamaciones y hasta blasfemias disfrazadas de historia, expresadas en El Código Da Vinci y
otras novelas y películas, los cristianos debemos esforzarnos por conocer mejor las verdades de
nuestra fe, particularmente en lo que se refiere a la persona de Jesús, su encarnación, su
divinidad, el sentido salvífico de su muerte, su resurrección, la Iglesia, los apóstoles, la Eucaristía
y los otros sacramentos, las sagradas escrituras. Verdades que no provienen tardíamente del
siglo IV d.C. ni del concilio de Nicea (325 d.C), por presiones del emperador Constantino, ni son
prestadas a los mitos de las religiones paganas, sino de las enseñanzas del mismo Jesús y de la transmisión que de ellas hicieron los apóstoles y los primeros cristianos y que han llegado hasta
nosotros por la tradición de la Iglesia.

13. El espacio no nos permite ahondar aquí en estos temas, pero exhortamos a los pastores y fieles
de la Iglesia Católica a asumir con seriedad la formación de la fe en las parroquias y
movimientos cristianos, y particularmente en la catequesis, la educación religiosa en las escuelas
y en las mismas homilías de los sacerdotes. Debemos declararle la guerra a la ignorancia
religiosa. La verdad nos hará libres y esa verdad es Jesucristo, tal como nos la ha transmitido la
Iglesia desde los apóstoles, testigos privilegiados de esa verdad.

Caracas, 16 de mayo de 20

Comisión de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Venezuela:

† Freddy J. Fuenmayor S. † José T. Valera A. † Georges Kahhale Z.

Obispo de Los Teques, Obispo de La Guaira, Exarca Apostólico
Presidente Greco-melkita
en Venezuela

[email protected]

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