Opinión Nacional

Armando Scannone

Nuestra hija Chelena, con motivo del Día del Padre, nos regaló el libro Conversaciones con Armando Scannone escrito al alimón por Jaqueline Goldberg y Vanessa Rolfini y publicado dentro de la serie Documentos de la Bigotteca, maravilloso órgano divulgativo de la Fundación Bigott.

No sabía ella cuanto apreciaríamos este regalo pues amén de que trata un tema que nos interesa de manera especial, se refiere a una persona y a una familia que ha estado muy cerca de nosotros desde hace muchísimos años. Nos lo “bebimos” en una sentada.

Hablar de Armando Scannone es hablar de la gastronomía venezolana y muy especialmente de la caraqueña. Sus libros son el testimonio de la obra de un hombre que con rigor cuasi científico ha investigado y ensayado cada receta hasta lograr la perfección.

Disfrutar las historias de la familia Scannone Tempone ha sido un revivir ocasiones singulares de nuestra vida. Los conocimos a todos. Cuatro de ellos establecieron sus residencias y se integraron de manera absoluta a lo que hemos denominado la tribu del Paraiso, conglomerado de personas que hemos tenido una manera de enfocar la amistad con valores que le han dado una fuerza y una vigencia realmente singular que perdura intacta a pesar del paso del tiempo.

Teresa y Ferrer en la Avenida Principal del Paraiso, Paco y María Enriqueta en el callejón Berrizbéitia, Pascual y Manola en El Pinar, Carlos y Ligia en la urbanización Washington. Los Anderson, los Hermoso, Alfredo y Dulce, Armando y Héctor y Jannette escogieron vivir en el este.

Por cierto, la casa de Armando perteneció a Horacio de Baca, norteamericano que vivió el resto de su vida en Caracas donde compartió su vida con Isabel Vegas, entre otras cosas, insigne maestra de la cocina.

Tampoco escapó a nuestro interés la manera como Scannone resalta los valores de la amistad. Su sociedad profesional con el “Perico” García Galindo, nuestro apreciado amigo de tantas ocasiones. Y las relaciones con sus compañeros de viajes: los Nevett, los Itriago, los Travieso… con quienes compartió restoranes y cultura.

Capítulo especial la mención repetida de las relaciones con sus colaboradores más cercanos: Delfina Báez a quien “heredó” de su madre, Francisca Monasterios, los Varela, José y Elvira, quienes con el tiempo se convirtieron en acompañantes importantísimos en su vida, en sus investigaciones y en sus viajes, hasta que regresaron a su Galicia natal.

El testimonio que retrata la venida de sus padres desde Italia y su incorporación a la venezolanidad es la historia de tantos y tantos emigrantes que vinieron a enriquecer la cultura venezolana a través del trabajo honrado y de constituir cada hogar en un templo familiar donde la buena educación y la constancia en el buen hacer fueron de enseñanza diaria.

Así, amén de haber sentado una cátedra gastronómica nacional, Armando ha sido un ingeniero de realizaciones importantes y un cultor de la amistad con profundo sentido de la responsabilidad y de la manera de compartir una vida digna y productiva en afectos y en éxitos.

Aplaudimos que la Fundación Bigott ponga sus esfuerzos en la senda que conduce al enaltecimiento de valores fundamentales para el país. Este es el que queremos.

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