Opinión Nacional

Ataques antipolíticos

Comienzo, estimado lector, con una aclaratoria: líbreme Dios de considerarme un caballero andante defensor de los santos dogmas y liturgias de la oposición partidista criolla. Al contrario, he sido y soy un acérrimo crítico de las mediocridades y carencias que acostumbran a mostrar y demostrar nuestros aguerridos políticos antichavistas. Pero, al César lo que es del César, y estas líneas me salen de las entrañas al ver a tanto crítico oportunista, regodeándose en sus prácticas antipolíticas en estos tiempos de selecciones candidaturales.

Mañana, tarde y noche, por radio, prensa y TV, los jueces y partes de la antipolítica comunicacional no se cansan, con osadía que sólo puede ser generada por la ignorancia más obvia, de criticar a la oposición política por no haber alcanzado todavía un 100% de acuerdos sobre las candidaturas para noviembre. Para estos señores ¡qué sabroso debe ser jugar a la política como quien juega Scrabble, o Monopolio! la oposición ha demostrado una vez más no estar a la altura de sus sagrados deberes antichavistas, y por ende, debe ser eliminada de la faz de la tierra, lo menos. Y allí están ellos, críticos siempre, analistas serios nunca, mostrando sin vergüenza que de política no saben ni la pe.

Es cierto que la oposición ha cometido muchos errores en estos meses transcurridos desde enero; es verdad que no han terminado de hacer el mandado inicial, como es el de lidiar con tanto candidato realengo, con chance inversamente proporcional a su ambición, y terminar de definir una plataforma unitaria. Es claro que existen desencuentros y disensiones, pero todo ello debe ser analizado en el contexto que corresponde, el político, y aquí lo importante, como dice el filósofo popular mexicano José Alfredo Jiménez, no es llegar primero, sino saber llegar. A tal fin, hay algunos hechos que ya va siendo hora que los analistas antipolíticos aprendan.

No hay candidatos buenos o malos en abstracto. Elegir implica comparar, y así como George W. Bush debe darle gracias todos los días a ese Dios personal suyo, con el que dice que se echa su conversada de vez en cuando, por haberle puesto enfrente esas dos papitas de candidatos demócratas que fueron Gore y Kerry, así la plataforma opositora, en plena construcción, luce bien si se le compara con el grupo de sapos y ranas del PSUV -mercenarios en buena medida- croando al único son que les toca su jefe Chávez.

A la vista de todos está la diaria pelea a cuchillo entre chavistas en toda la geografía nacional. El partido de Chávez, el PSUV, ni es socialista, ni está unido, ni representa a los venezolanos. Su implosión está ocurriendo más pronto de lo pensado.

En segundo lugar, pisando algunos callos partidistas, la oposición política presenta al día de hoy dos defectos en lo que al tema en discusión corresponde: un acceso (y exceso) de particitivitis y una epidemia de caudillitis. En ambos, las influencias de actores antipolíticos han estado presentes.

En el primer caso, hay que comenzar por recordar que en ningún otro país de la tierra se ha hecho tanta demagogia con la participación como en el nuestro. Hace ya veinte años se desató una carrera insensata de todos los partidos por ver cuál introducía más cambios “participativos” en sus estructuras y prácticas. Así, lo que en todas partes del mundo es un medio, aquí se convirtió en fin. Y ello, debe recordarse, con alguna prensa y cierta sociedad civil sedientamente exigiendo “participación”, a cualquier precio, sin medir consecuencias. Como corolario, los partidos vieron brotar, como plaga en el campo, el segundo de los defectos arriba mencionados: reyezuelos, caudillos, jefecitos, y demás caciques de la ambición alcanzaron la dirigencia partidista. A golpes de participativitis se volvió leña lo poco que quedaba de meritocracia en los partidos políticos. Hubo, hay que reconocer, algunos líderes que desde sus cargos de gobernadores o alcaldes, o incluso dentro del gobierno interno partidista, hicieron una buena labor y se ganaron con creces el respeto de los electores. Pero ellos no fueron la mayoría.

Esta caudillitis descontrolada (asimismo alimentada por cierta prensa por lo visto interesada en meter la mano en el guiso) ha entorpecido la decisión que hoy nos preocupa en muchos sitios, faltando visión y previsión en la jefatura colectiva opositora ante lo que se veía venir. Sin embargo, como no hay un líder de verdad opositor, sino muchos sargentos, algún tenientico y dos o tres capitanes sin mucha tropa, nadie se atreve a poner las cosas en su sitio. A un Rómulo Betancourt no le hubiera pasado la situación actual, ni el pleitico reciente entre AD y COPEI. Pero estos temas del liderazgo dan para otro escrito.

La oposición debería haber previsto que, de no servir el mecanismo de la encuesta, por la razón que fuera, debería haberse tenido a mano una solución definitiva: por ejemplo, decirle a los aspirantes que no llegaran a un acuerdo sensato, que arribada una fecha tope se reunirían los partidos políticos, los cuales de manera sencilla, votarían, y aquel que obtuviera el mayor número de votos sería el candidato. ¿Qué no es el método más “participativo”? Qué vamos a hacer. El escogido es el representante de los partidos, por tanto éstos están en su libérrimo derecho de determinar la forma final de su elección, como están los electores en su derecho de votar por ellos o no.

La no existencia de un plan alterno para dar solución definitiva a las trancas ¡con tanto dominocero que hay en el país!, unida al gravísimo problema de las inhabilitaciones, es lo que ha retrasado innecesariamente las decisiones candidaturales. Pero estas últimas llegarán, aunque sea en la madrugada del día antes de la inscripción de los nombres definitivos. Los actuales políticos criollos pueden ser tontos, pero no suicidas. De fallar en el empeño saben que la gente, que está más brava que nunca, se lo cobraría en porcentajes similares a la inflación de Zimbabue. (La última vez que me fijé, estaba en más de un millón por ciento).

Mientras, la antipolítica sigue medrando, en la sombra y bajo el sol. Pero su careta se está cayendo.

Anoche, miércoles 23 de julio, dos destacados analistas, Ángel Oropeza y Colette Capriles, en el programa «Buenas Noches», de manera muy pedagógica y sensata, desmontaron el discurso antipolítico y antipartidista de estos últimos días. Ante la afirmación de Kiko Bautista, uno de los animadores del programa, de que el pueblo “exige participación» en la elección de los candidatos, explicaron que eso no es así, que la gente simplemente pide que se elijan los candidatos, y que sean los mejores posibles. A los partidos no puede criticárseles por no caer en la demagogia -en la cual sí cayó el PSUV- de montar un parapeto de primarias, cuando la verdadera participación va a estar en el acto electoral, al cual hay que acudir de manera masiva.

También Oropeza Y Capriles mostraron contundentemente cómo no se puede pensar ni mucho menos exigir la sustitución de Hugo Chávez Frías por su contrario, un Hugo Chávez «bueno». Esa persona no existe, y si existiera, que se dedique a otra cosa, y no a salvar patrias, porque las desgracias de Venezuela han llegado por un camino, de 1811 para acá, bien pavimentado de salvadores, mesías, brujos, demagogos, y «hombres buenos», listos a sacrificarse por el país. La solución a los problemas de carencia democrática y de legitimidad republicana pasa en primer lugar por crear instituciones fuertes, despersonalizadas, no volviendo a insistir en las sinrazones y excusas por las que la gente votó por Chávez en 1998, sólo que esta vez los compatriotas pondrían su destino en manos de alguien “distinto”. ¿Qué tienen en común Guzmán Blanco, Gómez, Castro (Cipriano, y bueno, Fidel también), Chávez, etc.? Que todos se apoderaron del poder para su total abuso y disfrute, sobre la base de la destrucción institucional, la persecución y el odio a la disidencia, es decir, los caminos más seguros de la antipolítica. Se elimina o doma el congreso, se pone a un lado la división de poderes -¿para qué la queremos? si lo que necesitamos es un Ejecutivo (y un «Ejecutor») fuertes-, se destruye el federalismo, se pone a todo el mundo a depender de la generosidad de nuestro querido presidente, nuestro benemérito e impoluto caudillo, y ¡zas! hemos construido el más perfecto de los mundos….antipolíticos.

La reconstrucción de la política, con la participación de todos -partidos, oenegés, sociedad civil organizada, sindicatos, gremios, estudiantes, etc., cada uno en su papel respectivo, no puede hacerse desde la antipolítica, y mucho menos cuando detrás de estas acciones están algunos grupos económicos, comunicadores y medios interesados no se sabe en qué (o, a lo mejor, sí se sabe, pero parece que mejor es no decirlo, porque ellos afirman también ser opositores).

La oportunidad está allí. Las elecciones son en noviembre. No es el momento de separar de nuevo la acción partidista de la acción de la sociedad civil. Cada vez que la oposición ha caído en esa trampa, han ocurrido desastres.

No son los antipolíticos criollos metidos a líderes sociales quienes pueden dar lecciones de “eficiencia política”. Por otro lado, no debe olvidarse que las dos más grandes tortas que se han puesto en esta ya larga lucha contra Chávez tuvieron como protagonistas esenciales a “líderes de la oposición no política”. ¿O me van a decir que Carmona militaba en algún partido? Y durante la huelga petrolera, insensatamente planificada y peor implementada, ¿quiénes daban los partes diarios de guerra, como niñitos jugando Batalla Naval?

Comparado con los que está sucediendo en la acera chavista, la oposición política está avanzando por un camino de rosas. William Ojeda, al apoyar a Ocariz en Petare, da un nuevo ejemplo de desprendimiento, como lo dio Juan Pablo Guanipa en Maracaibo, o Armando Briquet en Baruta, para citar solo esos nombres. Pero eso no lo ven algunos sesudos analistas de la prensa, radio y TV, auténticos oportunistas de la antipolítica.

La acción de la oposición debe estar armónicamente unida. Ante las últimas acciones de Chávez en lo internacional, tienen sin duda alguna razón los que afirman que la nueva actitud de Chávez busca pasar la página y que se olviden sus amistades con las FARC. Asimismo, la criminalidad, el desabastecimiento, la inflación, el endeudamiento, la corrupción, y la botadera de real han alcanzado proporciones escandalosas.

Me parece absolutamente correcto, además de urgente y necesario, que haya presiones de la sociedad civil en contra de esta situación. Denunciar, reclamar, alertar, todo ello está a la orden del día. Los caminos de la oposición pueden ser variados, desde un punto de vista táctico, pero eso sí, bajo una estrategia común. No se puede volver al viejo y fracasado esquema de cada uno por su lado.

Que se opine además que no hay manera de que Chávez llegue al 2012 es perfectamente válido. No es una novedad tampoco, otros lo han dicho. El país se está cayendo a pedazos, y las instituciones lucen resquebrajadas.

Cualquier táctica opositora debe basarse, de entrada, en una muestra constante, permanente, a todos los venezolanos -no solo a los opositores, ojo- de la situación. Para ilustrar lo mínimo y obvio, acciones de denuncia en la entrada del Metro, por ejemplo, con entrega de volantes con datos visibles sobre el escandaloso regalo del dinero de todos los venezolanos, o la repartición de información muy concreta y sencilla, en los mercados populares. Hay muchas acciones que se pueden llevar a cabo. El asunto está en que hay un país afuera que todavía cree en Chávez y al cual hay que desmontarle sus creencias en el «líder salvador», pero no simplemente diciendo que es malo, o que es comunista, o haciendo exclusivamente oposición de “aire acondicionado”, en la radio y la TV. Debe aceptarse que no siempre los argumentos que servirían para convencer a unos sirven para otros ciudadanos. En ello se basan, precisamente la competencia y el debate, nutrientes básicos de la acción política. Y la calle es su escenario natural, el lugar preeminente de la discusión sobre lo público, de lo que nos concierne a todos.

Hay que aprovechar la oportunidad de que estamos en meses de campaña electoral para quitar la venda de los ojos a muchos venezolanos. Así como los partidos políticos están en su deber de promocionar sus candidatos a las alcaldías y gobernaciones, la sociedad civil puede y debe acompañar este esfuerzo mediante la denuncia concreta de los desastres del gobierno. Así, se logra reforzar a nuestros candidatos, y se logra mostrar a las claras que el de Chávez no es un gobierno de los «pobres», ni un gobierno «social». Se rompe así mismo con la retórica del gobierno que insiste en que existe una oposición pueblo-sociedad civil.

Repito: la oposición partidista y la sociedad civil deben estar más juntos que nunca. No una esperando que la otra le haga su trabajo.

Juntos, para seguir la presión nacional e internacional contra el “apartheid” de candidatos opositores implementado por el contralor neo-nazi;

Juntos, para insistir en que el proyecto Castro-chavista no está acabado, sino “en reacomodo táctico”, deseando que pase el chaparrón que comenzara con las famosas computadoras de alias Reyes, para luego volver por sus fueros;

Juntos, para acceder a nuevos espacios de denuncia y de diálogo con el pueblo que se abstuvo en masa en las elecciones de diciembre pasado, o que todavía cree en las bondades del gobierno;

Juntos, para lograr una victoria amplia en las elecciones de gobernadores y alcaldes, y entonces, a partir de allí, mostrar una plataforma opositora contundentemente re-legitimada ante los venezolanos y ante el mundo. Seguidamente, desde los ya conocidos escenarios de las regiones, a darle un parao a la reforma educativa comunista, a los ataques a la propiedad privada, a los intentos de unidimensionar la rica pluralidad criolla;

Juntos, en fin, en perfecta actitud democrática, para convencer y vencer, y no como Chávez, buscando imponer.

Por ello, en estos momentos de selección candidatural, hay que estar alertas y evitar la tentación de caer de nuevo en los brazos de la antipolítica.

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