Opinión Nacional

Azotando a la cultura popular

“Es ridículamente egocéntrico llamar arte a cualquier cosa que disfrutemos, como si no pudiéramos divertirnos con ella si no lo fuera; es igual de ridículo dejar que publicidad prestigiosa y cara nos convenza de que estamos recibiendo arte por nuestro dinero cuando ni siquiera hemos pasado un buen rato.”
Pauline Kael, “Trash, Art and The Movies”.

En muchas zonas de Caracas pueden verse puestos de buhoneros y locales donde se venden copias piratas en DVDs y VCDs de los más recientes estrenos mundiales. Gran cantidad de esas películas ni siquiera han sido anunciadas por los distribuidores locales. Aunque la actividad, en teoría, es ilegal no se hace ningún intento por ocultarla de las autoridades. Esa situación contrasta con la actitud de clandestinidad y cautela que encontraron unos amigos míos cuando trataron de comprar “Azotes de Barrio en Petare”, una película hecha por habitantes de los barrios petareños. Justamente la reacción que uno esperaría en el caso de los productos que se reproducen y venden ilegalmente. Según comentó uno de los vendedores, la PTJ (el nuevo nombre científico y revolucionario de la policía lo usan sólo los funcionarios y los reporteros en funciones) anda persiguiendo la venta del producto local y tienen que cuidarse. Después de varios intentos fallidos la compra se concretó; eso sí, con la carátula volteada para que nadie pudiera ver de qué se trataba.

La historia central de “Azotes” trata de un muchacho que se ve obligado a salir de su casa ante una situación familiar problemática (extrema pobreza, padre alcohólico, violencia doméstica). No tiene ninguna preparación para ganarse el sustento y es rechazado por todos a quienes les pide trabajo o ayuda. Pronto se ve involucrado con un jefe de pandilla que lo pone a hacer entregas de droga y le da una “bicha” (no precisamente una Constitución) para que se “rebusque” asaltando y le dé parte de las ganancias. Así, de entrada, suena como una versión remozada y reubicada de “Oliver Twist”, pero me parece más probable que sea una coincidencia entre la realidad que Jackson Gutiérrez, el director, guionista y actor de “Azotes” encuentra en la zona donde vive y la que vio Charles Dickens en el Londres de 1838.

El grupo que se reunió para contar la historia dice haberlo hecho con la intención de alertar sobre la delincuencia e inseguridad que enfrenta constantemente la gente que habita en las áreas marginales. Paradójicamente, aunque se publicita como partidario de la cultura popular y del protagonismo de la gente común, el gobierno no respondió ofreciéndoles ayuda para difundir su obra o becas para cursos de dirección, guión, cámara, etc. El Fiscal General anunció que cuatro fiscales investigarían posibles delitos implícitos en la grabación: actuación irregular de menores, uso de sustancias prohibidas, posesión de armas y, quizás, apología del delito.

En lugar de ser encargados de encausar a los delincuentes que inspiraron “Azotes” los fiscales son comisionados para investigar a quienes los representan ante la cámara. Asombroso pero no contradictorio con la línea de acción de un gobierno que en todo sigue la vía del menor esfuerzo: si no hay terrenos de la Nación preparados para la agricultura se les arrebatan a los propietarios que los tengan acondicionados; si su incompetencia le ha impedido hacer las viviendas que se necesitan se las quitan a quienes las construyeron o las compraron con su dinero; si no sabe dónde buscar (o no quiere encontrar) a los verdaderos delincuentes persigue a los actores que los interpretaron.

Debe chocarle que una producción indiscutiblemente popular represente un ambiente más violento y sin escape que una obra cinematográfica formal como “Secuestro Express”, acusada de manipuladora y falseadora de la realidad. Seguramente si hubieran hecho, por ejemplo, una historia de círculos bolivarianos enfrentados a la violencia fascista de la oposición Gutiérrez y su equipo serían tema de esos mensajes gratuitos que la Ley Mordaza obliga a pasar y estarían a punto de irse a la Escuela de Cine en Los Baños, Cuba.

Como película en si misma, “Azotes de Barrio en Petare” no es ni de muy lejos una obra de arte. Está hecha con la uñas y se nota. Son tantas sus múltiples fallas y debilidades que sería un ejercicio tonto y pretencioso enumerarlas. A pesar de eso, creo que es interesante y, sin duda, me alegro de haberla visto.

Para el “gobierno de los pobres” tiene que ser un alivio saber que “Azotes” no va a ser la niña mimada en festivales internacionales ni objeto de reconocimientos prestigiosos. Aunque siempre queda la posibilidad de un premio Glauber Rocha como el que le dieron a “El Caracazo”, la cual sí hace apología del delito pero, habiendo costado 2.365.000.000 de bolívares gubernamentales, no encuentra un fiscal que la persiga.

Las cosas no han cambiado tanto ¿verdad?

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