Opinión Nacional

Camarilla burocrática

El gobierno ilegítimo de Maduro no resuelve su crisis de salud. El tumor se hincha desde las oscuras intrigas de los altos mandos en lo castrense y en el interior de la máquina electoral corrupta del PSUV que se los viene comiendo vivos. Se saben incapaces de administrar el caos político, social, militar y económico que les dejó de legado su «gigante». Al estar atrapados en el pueril fanatismo de sus recetas y sus dogmas y en el autoengaño instrumentado como consolación de su fracaso, se refugian cobardemente en explicar que el 14 de abril y el abrumador caudal de sufragios por Capriles, fueron un simple descalabro circunstancial atribuyéndolo a errores surgidos de la estrategia electoral que pusieron en marcha equivocadamente o que tiene que ver con que se confiaron en el triunfalismo.

Todas estas justificaciones califican en el típico marco de la forma en que se masturban los ebrios. El plan chavista nació como un proyecto degenerado. La descomposición que hoy vive no podrá ser detenida ni por ello tampoco restaurada.

Se basó en un hiperliderazgo envuelto en una demagogia carismática con hábiles destrezas para el engaño, en la alta factura petrolera que redistribuyó para comprar filiaciones y ganar elecciones. De herencia Chávez arruinó el país, destruyó sus instituciones, regaló la nación a Cuba y para vengarse, nos dejó su pandilla de alcapones y malandros que medraron a su alrededor bajo sus auspicios y que hoy viven sus últimos 15 minutos de fama.

¿Cuándo saldremos de ellos? Es aventurado dar término al trecho final que le queda a la camarilla burocrática que saquea a Venezuela.

La duración de su salida depende de ellos, pero también y en mucho, de la paciencia y sensatez con la que la Alternativa Democrática se sepa mover en este trance. En lo económico el diálogo con el empresariado no va a resolver 14 años de devastación que le han causado un daño estructural al aparato productivo nacional

En lo político, los mismos que le levantan bustos al asesino Marulanda, chillan y amenazan al gobierno de Santos; ni encarcelando opositores ni chantajeando o acusando a Colombia por recibir a Capriles, evitarán su inexorable desplome. Es relevante que Henrique para la mayoría de los colombianos posee una imagen favorable convirtiéndolo en el político latinoamericano más popular. Con 54% de simpatías, el próximo presidente goza de gran aceptación, según la Gran Encuesta Colombia Opina de RCN Radio, RCN TV, la FM y Semana.

El estudio reveló que Capriles está por encima del fallecido Hugo Chávez, el ecuatoriano Rafael Correa, de Nicolás Maduro y el propio mandatario colombiano Juan Manuel Santos. No sería extraño que el gobierno de Maduro amenace con bombardear con la chatarra rusa a los colombianos por complotados traidores si no cambian de opinión.

Lo que no podemos dejar de hacer es votar. Mantener la tarjeta única en las Municipales, que fue clave en la migración chavista de votos el 14-A. Mas allá de la estructura ventajista y corrupta del CNE, es en ese ring donde se ha logrado acorralarlos, evidenciando sus bajezas, sus temores, su cualidad de enchufados indignos. Abandonar el terreno electoral, sería otorgarles un segundo aire.

Como algo nuevo los exchavistas se unirán ahora a la defensa del voto democrático. No dejemos de fustigarlos con nuestra participación, eso los aterra, ya estamos cerca, no es hora para claudicaciones.

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