Opinión Nacional

Chávez y los militares

(AIPE)- En Venezuela se está registrando un fenómeno raro en América Latina: la sociedad civil sale en defensa de los militares.

No se concibe una revolución con libertad de expresión, ejército profesional institucionalista ni respeto a la propiedad privada. Bien lo dijo Chou En-Lai: “Los votos no hacen la revolución, sino las botas con las balas”. Allende fue el gran ejemplo y Chávez la ratificación de ese ejemplo. Pero Chávez llegó a donde no dejaron llegar a Allende.

Los militares ambiciosos y mal aconsejados a menudo han asaltado el poder en América Latina con el objetivo de salir de la esfera humilde de donde vienen para hacerse ricos en el gobierno e integrarse a una privilegiada clase social. Ninguno de los dictadores de América Latina volvió a la choza. Un buen ejemplo lo tenemos en Rafael Leonidas Trujillo, quien le cambió el nombre a Santo Domingo por Ciudad Trujillo, proclamó a su mujer “la dama de las Américas”, sé autodesignó candidato al premio Nobel de la Paz y nombró embajador al aventurero Porfirio Rubirosa. Tiburcio Carías, Jorge Ubico, Anastasio Somoza, Gustavo Rojas Pinilla, Manuel Odría y toda esa fauna uniformada y con medallas en el pecho se transformó en la más grande amenaza latinoamericana. Germán Arciniegas los bautizó como “la internacional del sable” y la socialdemocracia con su llamada Legión del Caribe, compuesta por Juan José Arévalo, Rómulo Betancourt, Juan Bosch, Pepe Figueres y otras figuras, salió a darle la batalla.

La Legión del Caribe no pudo con “la internacional del sable”, pero otros factores interamericanos acabaron con ellos. La caída de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, de Fulgencio Batista en Cuba, de Rojas Pinilla en Colombia y de Odría en Perú marcó una nueva era.

El golpismo militar cambió. Ya no se daba un golpe sólo para hacerse rico y retirarse a gozar de la vida en Estados Unidos, Suiza, España o Francia, sino que el golpista uniformado se arropaba con una ideología izquierdista y condenaba como fascistas a sus antiguos jefes. Nacieron entonces “los comandantes populares”. Mandaba el pueblo en uniforme, pero en el fondo seguía siendo la clásica dictadura.

Los militares venezolanos se han dado cuenta de la situación y Chávez ha fracasado en su intento de convertir a las fuerzas armadas en el partido de la revolución. Entonces, Chávez ha tomado el único camino que le queda: utilizar la crisis militar reciente para iniciar la gran purga de la alta oficialidad. Pero la sociedad civil venezolana se ha alzado en defensa de la meritocracia en las fuerzas armadas. Para Chávez es fundamental tanto el petróleo como los militares. No pudo acabar con la meritocracia en el mundo petrolero. La destitución de la directiva de la empresa petrolera del estado, con lo que se pretendía reemplazar a los gerentes técnicos por empíricos afectos al gobierno, encendió la chispa del gran incendio que Chávez no puede sofocar. La sociedad civil y los militares han coincidido en que no aceptan convertirse en la plataforma política del chavismo. Generales y altos oficiales interpelados por la Asamblea Nacional han dicho claramente que no quieren ser comunistas. Por primera vez la oficialidad activa, uniformada, ha usado la prensa, la radio y televisión para abrirle los ojos a la nación, dejando claro que el problema militar en Venezuela es ideológico.

Se quiere reemplazar el espíritu institucionalista y profesional de las fuerzas armadas por cuerpos al servicio del terrorismo internacional de Fidel Castro. Entonces, la sociedad venezolana reaccionó y se lanzó a la calle a respaldar a sus militares.

El golpe militar denunciado recientemente por el chavismo no fue un golpe en el auténtico sentido del vocablo, fue la desobediencia militar ante las órdenes políticas que causaron una masacre ordenada por el propio gobierno, en su afán de usar al ejército como instrumento político. Aunque la opinión internacional está confundida, el golpe lo dio el mismo gobierno. Los próximos acontecimientos en Venezuela le abrirán los ojos a quienes defienden en Estados Unidos, América Latina y Europa a esa falsa constitucionalidad pregonada por Chávez.

Esta versión chavista de la purga de generales no incluye fusilamientos, pero aparta a los profesionales de las armas, dejándolos en la calle, sin ninguna indemnización, para que se mueran de hambre.

Los comunistas insisten que cuando un dictador arenga al pueblo vistiendo un uniforme militar está libre de todo pecado. Pero los “comandantes populares” son tan funestos como Trujillo y aquellos que buscaron “un tercer camino” como Juan Domingo Perón.©

* Analista político venezolano.

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