Opinión Nacional

Contra las cuerdas

“Nos tienen contra las cuerdas”: Esta es la imagen que con más claridad ilustra lo que estamos viviendo a raíz de la victoria del “Si” el 15 de febrero pasado. Insultos a granel, negativas ante sus propias propuestas de diálogo, acusaciones sin base que van y vienen, detenciones y sentencias injustas y no apegadas a derecho, medidas por aquí, reversiones de competencias por allá, y agresión e irrespeto a autoridades legítimamente electas a diestra y siniestra, ocasionan una sensación de desesperanza creciente en buena parte de la población. Obviamente, después del golpe directo a la cara propinado con la enmienda que, por la velocidad con la que comenzó el combate y el cansancio generalizado, nos hizo trastabillar y retroceder esquivando el ataque, el gobierno desde diversos frentes, lanza una combinación rápida de jab’s y ganchos con los que logra acorralarnos contra las cuerdas.

Una vez en las cuerdas, parte de estos golpes se propinan desde la Asamblea Nacional que, en el fragor del combate, descubre cuál es el trabajo que le corresponde hacer y entra en una especie de “sobremarcha” legislativa, para ver si se pone al día con el pocotón de leyes con las que está en mora. Claro, su puesta en escena tampoco se caracteriza precisamente por brindar un gran espectáculo pugilístico. Al contrario, como si se tratara de una pelea en un callejón de mala muerte, lanza golpes burdos y toscos, con los que nos brinda un espectáculo lamentablemente triste, en el que “el debate parlamentario” se restringe a intervenciones tan cargadas de insultos, improperios y pases de factura, como carentes de argumentos. A esto se suma el uso de la denominada por ellos, “economía procesal”, que permite a todos los diputados “ahorrar” el tiempo para debatir y contrastar argumentos punto por punto, y sólo queda la esperanza de algunos, de salvar su voto de forma razonada al final del “debate”.

Un “espectáculo” de este tipo pudimos “disfrutarlo” hoy en la segunda “discusión” de la Ley Especial sobre el Régimen del Distrito Capital, con la que se retrocede en la concepción y manejo de la ciudad de Caracas, se fracciona injustificadamente la Capital del país[1] y se establece, de juris, una nueva interpretación del régimen democrático y participativo, en la que éste se entiende como aquel en el se pueden designar a dedo a las autoridades que naturalmente deberían ser electas, desconociendo la soberanía del pueblo. Este adefesio legislativo plantea la coexistencia de un Jefe de Gobierno con atribuciones de Gobernador de Estado y un Alcalde Metropolitano. Obviamente, las neuronas no les dieron a nuestros legisladores para entender la innecesaria complicación que esto implica y poder hacer una Ley que permita realizar un gobierno verdaderamente coordinado e integral para una ciudad tan compleja como Caracas.

Pero lo sancionado no se restringe a retrocesos injustificados, nuevas concepciones que contradicen el espíritu y la letra constitucional y a las mencionadas complicaciones innecesarias. La nueva Ley incluye un artículo en el que se le asigna a esa jefatura, la misma sede que le corresponde a la Alcaldía Metropolitana de Caracas y lo hace sin resolver qué sucederá con esta instancia, por demás, legal y legítimamente instituida, como si se tratara de un problema que correspondiera a otros resolver. Esta disposición constituye una clara provocación de los legisladores y un irresponsable atropello a una instancia cuya autoridad fue colocada por voluntad popular. Se nota claramente que nuestros diputados no legislan para la totalidad de los venezolanos y que no tienen, o no quieren tener, medida de las consecuencias que tendrá el trabajo que mala y tardíamente realizan.

Acompaña este desatino, la amenaza latente de despojar mediante otra Ley especial, en un plazo no mayor de 30 días como reza en el texto de la recién aprobada Ley, a la Alcaldía Metropolitana de los recursos y bienes que hoy le pertenecen y de cambiar la naturaleza al gobierno metropolitano, con la necesaria reforma de la Ley Especial sobre el Régimen del Distrito Metropolitano que se incluye en las disposiciones transitorias del nuevo instrumento legal. Este será el inicio de lo que nos esperará cuando se discuta y apruebe la Ley de Ordenamiento y Gestión del Territorio, con la que nuestros diputados prometen crear las jefaturas de gobierno regionales, que ya fueron rechazadas el 2 de diciembre de 2007, que también serán designadas a dedo y que tendrán facultades de gestión por encima de los actuales gobernadores.

Los ganchos y jap’s que nos están lanzando, están dirigidos a darnos en el hígado para debilitarnos y no podemos negar que los correspondientes a esta Ley y en especial, a la sentencia a los comisarios y policías metropolitanos, nos llegaron muy, pero muy, cerca. Pero, aunque que nos tengan acorralados en las cuerdas, nuestra única salida no es precisamente darnos por vencidos, dejarnos “nockear” y mucho menos tirar la toalla.

Todavía nos queda mucho de este asalto y una larga pelea. El tiempo de desplazarnos en el cuadrilátero, mientras conocíamos al contrario, ya pasó, ya lo atacamos con estrategias equivocadas y perdimos terreno, también lo bailamos por todo el “ring” y le demostramos que podemos crecer progresivamente en la pelea. De eso se trató el triunfo del 2D y el del 23N –por eso su prisa en llevarnos al 15F. Incluso, de eso se trató parte de lo que sucedió con la enmienda –de hecho numéricamente crecimos, como es posible leerlo en los resultados del 15F- y por eso la prisa en su actual estrategia de ataque.

Es por esta razón, por la que no se puede asumir que, aunque nos tengan acorralados contra las cuerdas y eso sea obviamente signo de una situación desventajosa, estamos perdidos o realmente debilitados. Un boxeador acorralado, también puede usar estratégicamente las cuerdas para protegerse, para cubrir la espalda y esquivar, con rápidos movimientos y cuerdas mediante, algunos de los golpes propinados por el oponente, lanzando, en el momento propicio, unos ganchos que le permitan iniciar su contraataque.

Para muestra un botón: Muhammad Alí utilizó el apoyo en las cuerdas como parte de una magistral estrategia de defensa[2] que le permitía resistir y preparar un rápido y demoledor contraataque. Entre otras peleas, “el más grande de todos los tiempos”, derrotó con esta estrategia a George Foreman en el histórico combate celebrado en Zaire el 30 de octubre de 1974, que es por todos recordado como “el combate del siglo”. En esta pelea, Alí, habiendo pasado la mayor parte del octavo asalto contra las cuerdas, esquivó el último ataque de Foreman, para salir con el contraataque que hizo que su contrincante terminara en la lona.

Aunque parezca duro, es obvio entonces que, en la posición en la que estamos, en lugar de sentirnos derrotados o dejarnos ganar por la desesperanza, tenemos que aprovechar las ventajas de tener la resistencia de las cuerdas a nuestras espaldas, y a nuestro oponente prácticamente encima tratando de propinarnos la mayor cantidad de golpes posibles, para hacer gala de nuestra fortaleza e inteligencia y, al más propio estilo de Alí, defendernos y resistir hasta salir airosos de este combate.

Fundado hace 25 años, Analitica.com es el primer medio digital creado en Venezuela. Tu aporte voluntario es fundamental para que continuemos creciendo e informando. ¡Contamos contigo!
Contribuir

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba