Opinión Nacional

Creciente preocupación por los ciudadanos

Con especial interés reseño lo que he venido observando en el acontecer nacional a diversos grados y actividades, consistente, para bien de todos, en el renacer de una especial preocupación por el sector privado industrial y empresarial por hacer llegar ciertos beneficios o modos de educación al pueblo en general y sin distingo de clases sociales; esto es, como debe ser.

En países como el nuestro y en aquellos otros de más franco proceder neoliberal, se insta y aplaude calladamente las conductas de las clases productoras y empresariales por incentivar, hacer crecer y potenciar sus negocios y bolsillos, importándoles poco o muy poco a quiénes vayan dirigidas sus estrategias, ni qué efectos pueden provocar, a no ser porque les resulten útiles en tanto les llenan sus bolsillos.

De un tiempo a estos momentos, al menos aquí en nuestro país, el del ilusionismo perpetuo, y la mentira continuada, he venido observando con beneplácito que ciertas campañas de publicidad vienen ahora dirigidas a producir ciertos beneficios directos al público a quienes están destinadas, pero no como simples consumidores, sino como sujetos humanos, susceptibles de carencias y ávidos por soluciones subjetivas.

He visto por ejemplo, con gusto, nuevas campañas de algunas empresas (y perdóneseme que las nomine expresamente) como Johnson & Johnson, conjuntamente con FDC,Vitamins; por enseñar, divulgar y profundizar la conveniencia de la prevención y control de la diabetes, llevando a cabo profusamente operativos para control de glicemia en sitios públicos, como automercados, farmacias, etc. y en las cuales no sólo se diagnostica gratuitamente ese mal a quienes lo padecen, sino que se previene a quienes no lo han adquirido para que corrijan sus hábitos de vida y se acostumbren a los exámenes.

En otras ocasiones, en algunas de las farmacias licenciadas por Farmatodo, he visto llevar adelante campañas para control de la tensión, con idénticas modalidades y propósitos, con uso de modernas técnicas contando para ello con considerable despliegue de personal médico y de enfermeras para la presta atención del público y sin obligación de consumo alguno.

Hago constar que hago uso de nombres de empresas y promotoras, no por hacerles propaganda ni recibir beneficios de dichas empresas y entidades, sino para provocar estímulo en otras del mismo o diferente ramo que podrían seguir los pasos de aquéllas en tan loables y útiles actividades.

No todo puede ser querer vender y hacer más dinero. Realmente todos tenemos obligación de procurar mejoras para los demás seres que nos rodean, fundamental y principalmente debemos ocuparnos de nuestros prójimos, crear conciencia, provocar hábitos de salud, educación, etc.

Ojalá que en este iluso país, donde tanto se cree en María Lionza y espíritus del bien, un día veamos igual acontecer con programas de televisión y radio, y en lugar de las insólitas novelas, grotescos y vulgares programas como el de «La Hojilla» y de los terribles concursos vacíos de todo sentido y de preguntas y respuestas necias, sin contenido educativo o formativo de ninguna especie, podamos disfrutar en cambio de espectáculos formativos, educacionales, que brinden utilidad a la ciudadanía y a nuestro infancia y juventud.

Algún día espero también poder ver a nuestro pueblo exigiendo excelencia e imponiendo a los medios, a las empresas y al sector productivo en general y a las de publicidad, exigiendo calidad de servicios y productos, y que como se dice por allí, «le tiren algo al mingo», en especial que se ocupen de alguna forma de la parte humana y espiritual, que son tanto o más necesarias que las del solo condumio, y llenar las panzas o divertir las mentes, no por vía de la tan cacareada e inútil «contraloría social», sino como hábito de consumidores conscientes de sus derechos.

Es necesario que nos convenzamos de que tales actitudes y programas no sólo deben ser objeto de propaganda para justificar los gastos en «misiones» y propagandas de los politicastros, ni de los cuestionables planes «Barrio Adentro».

Es menester entender también que no todos los males ni errores en el trato ciudadano serán solucionados por la célebre «Ley de Contenidos», buena para todo, menos para lo que debe serlo.

Todos tenemos obligaciones sociales y haciendo cada uno lo propio, bien hecho, en la medida que corresponda, podemos convivir, cuando menos, con esas fatuedades políticas anodinas, que sólo engañan a Juan Pueblo, por desdicha de él, pero que se resaltan en su mediocridad frente al sector privado, al no poder competir con las que él cumple en buena forma ni lograr óptimos resultados.

El Gobierno es el primero que debe aprender a comprender que cada quien tiene su rol en la sociedad, que no todo puede querer hacerlo él, aun cuando con ello de alguna manera disimularía sus carencias e incompetencias. Es necesario que los particulares (de la oposición o no, o como mejor se lo juzga ahora, dentro o fuera de la lista de Tascón) ejecuten también sus obligaciones, y se les respeten linderos y campos de actividad; sólo así se procurará dar mejor cobertura a la siempre sin número cantidad de necesidades de nuestro pueblo.

Sinceramente confieso que me encantaría poder felicitar a cada momento al gobierno por sus buenas ejecutorias y no criticar permanentemente sus indiscutibles fracasos, así como también contar con un sector privado digno de aplaudirse por el buen cumplimiento de sus roles y en las actividades que les competen y por sus compromisos cumplidos con el pueblo.

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