Opinión Nacional

Dos misas y dos mensajes

Mientras en todos los países los gobernantes asistieron a las misas convocadas por la Iglesia en ocasión de la muerte de su Santidad Juan Pablo II, Cuba incluida, en Venezuela no ocurrió así. Las misas de fieles y Jerarquía Católica que tuvieron lugar en la Iglesia Chiquinquirá y posteriormente otra en Don Bosco, los representantes del Régimen estuvieron ausentes mientras el pueblo de todas las clases sociales por igual tuvieron una presencia masiva y muy sentida. Impresionante!.

Vale la pena por eso señalar el fuerte contraste de los mensajes emitidos por los fieles, de una parte, y el Gobierno, de otra, para profundizar en la naturaleza real de este Régimen.

En la misa de la Iglesia la figura central fue siempre el Papa en tanto en la misa celebrada en la Catedral se colocó una foto gigante del Papa con el Revocado. Propaganda.

En las misas convocadas por Iglesia y fieles sin distinción ninguna de color político, la asistencia fue “masiva”. La que convocó el Régimen resultó ser una misa escuálida por sectaria promovida con un objetivo politiquero sin tomar en cuenta que la inmensa de los venezolanos son católicos. Esto explica la poca asistencia.

En una misa el Papa unió de corazón a todas las religiones por igual y por eso todos sus representantes estuvieron presentes en el Vaticano. En Venezuela no se aprovechó esta oportunidad para practicar la unidad nacional sino para reiterar la división entre ciudadanos que somos todos hermanos y católicos en la fé. EL Papa del amor y de la unidad quedó negado con los hechos por el oficialismo.

En las misas convocadas por la Iglesia el Papa y el pueblo fueron los únicos protagonistas y por eso las Iglesias le abrieron sus puertas a todos por igual y los fieles las llenaron hasta que estuvieron repletas. En la misa oficialista solo los nuevos ricos del oficialismo y esa gente que integra “la seguridad” fueron admitidos del templo. El pueblo creyente se quedó fuera, por desprecio o por miedo.

En la misa de la Iglesia se respiró paz y amor. Ambos hicieron sentirse seguros y tranquilos por igual a fieles y pastores. En la otra misa quienes son hijos del odio social y de la guerra asimétrica sintieron miedo y por eso la discriminación excluyente del pueblo y el despliegue de tanta seguridad.

En la misa de la Iglesia el calor humano y el dolor sincero por la muerte del Papa era como una “vaguada” espiritual emocionante que provocó lagrimas muy sentidas en muchos fieles. En la otra se sintió la frialdad propia de un acto calculadamente diplomático (para quedar bien) y político para no aparecer distanciado de un pueblo que es mayoritariamente católico.

El Régimen perdió en verdad una oportunidad única para practicar el amor y asfixiar el odio; para unir a todos los venezolanos y dejar a un lado la confrontación infecunda; para regresar el país a la paz y la concordia y superar de una vez, la guerra que destruye.

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