Opinión Nacional

El 3-D: Amanecerá y veremos

Luego de mi último artículo, el que sirvió de base para una discusión entre amigos, uno de éstos me escribe y me dice: “En la reunión de la semana pasada, después que otro amigo común nos recordó la travesura de una encuestadora al preguntar a los entrevistados – y obtener opiniones – sobre una misión del gobierno que no existía, me quedé pensando cuan poco confiables son los resultados de las encuestas que realizan las distintas empresas “especializadas”.

“Por eso luego me pareció interesante poner el tema de las firmas recogidas para la convocatoria del Revocatorio del 2005, cuya lectura sí pareciera ofrecer una referencia objetiva, independiente de la opinión de cada quien.

“El hecho real de toda evidencia es que para ese propósito, para el Revocatorio, se recogieron en la ocasión 4.500.000 firmas (luego reducidas a 2.800.000 por obra de la alquimia de Jorge Rodríguez) de un universo de 10.000.000 de electores que había para la fecha. Recuérdese que de esa manera fueron eliminadas arbitrariamente 1.700.000 firmas.”

Sin embargo, este amigo me explica también que “La comparación entre el SI y el No resultante del conteo final, aún sin tomar en cuenta la existencia de una probable trampa “electrónica”, parece sugerir que las cosas fueron más o menos así. Las cifras oficiales, publicadas en la página web del CNE muestran que la diferencia entre el SI y el NO fue de más o menos 1.800.000 votos a favor del NO (3.989.008 contra 5.800.629).” Luego, digo yo, para el Referendo Revocatorio Presidencial, el número total de opositores al régimen sumó 4 millones (31 por ciento) y el de sus simpatizantes 6 millones (46 por ciento), de un universo total de votantes de 13 millones. Por lo tanto, los abstencionistas de oficio, los ni-nis de que hablaba la semana pasada sumaron, más que menos, un 23 por ciento del electorado.

Este amigo me dice además: “Pero partiendo de los 4.500.000 de firmas originales certificadas por Súmate y si fuera cierto que en los grupos A, B y C de la clasificación por ingresos (clase media y más arriba) se encuentra el 20% de esos electores, tendríamos un exceso de 25% que no nos queda más camino que ubicar en los grupos D y E.” Sin embargo, pienso yo, como lo cierto son los números de la votación del Referendo, en que la Oposición obtuvo 31 por ciento, podríamos hablar de un 11 por ciento de electores de las clases D y E que eran contrarios al poseso para ese momento. Esto querría decirnos que de la clase media baja (Estrato D+) un porcentaje importante estaba en la Oposición para ese entonces. Si consideramos que la Administración Pública suma en su conjunto alrededor de 1,6 millones de personas con sueldos muy bajos, podemos concluir que es de ese sector de donde se nutre el sector D de oposición.

En la Cámara de los Comunes

Lo que resulta verdaderamente preocupante para el gobierno es el número de abstenciones ocurrido en las elecciones parlamentarias de diciembre. Durante un interesantísimo debate en torno a Venezuela en la Cámara británica de los Comunes el pasado 8 de los corrientes, el parlamentario laborista David Taylor comentó, equivocadamente según mi opinión, que «Los Estados Unidos de América a menudo arguyen que el Gobierno venezolano es ilegítimo y que ha socavado a la democracia en Venezuela. Basan sus argumentos en la supuesta alta tasa de abstención en cada una de las elecciones y del referendo, lo cual coloca al presidente como el representante solamente de una minoría de la sociedad venezolana y hace ilegítima a la revolución bolivariana. Sin embargo, el problema es que la abstención ha sido tradicionalmente alta en Venezuela, aunque ha declinado algo durante el Gobierno de Chávez, pero es todavía muy alta para un gobierno comprometido con crear un modelo de democracia protagónica y participativa. Esta alta tasa de abstención se ha vinculado a la fatiga del electorado en un ciclo constante de elecciones o al llamado síndrome de votos perdidos, etc“.

Sin embargo, hasta las elecciones de 1988 que ganara de forma aplastante Carlos Andrés Pérez, el abstencionismo fue de sólo 18 por ciento. Empero, diez años más tarde, esto es, en las elecciones que el CNE de entonces dijo había ganado Rafael Caldera apoyado por el chiripero, la corriente abstencionista se ubicó en algo más de 36 por ciento. Curiosamente, en el Revocatorio presidencial, el abstencionismo disminuyó, como vimos arriba, y sumó 23 por ciento. Claro está que para los opositores, ninguna de las cifras del Revocatorio son confiables.

Esto nos lleva a las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre, en que, según las cifras preliminares del Consejo Nacional Electoral (Y digo preliminares, porque nunca, que yo sepa, el CNE ha entregado las definitivas) se abstuvo un total de 75 por ciento de electores y que, de acuerdo a cifras de la Oposición, el porcentaje llegó realmente al 87 por ciento.

La Oposición

Dicen las encuestadoras más serias que los estratos A, B y C de la población venezolana suman en su conjunto un 20 por ciento. ¿Cuántos de ese porcentaje serán de Oposición? Digamos que la mitad, porque la otra es casi seguro ni-ni. Esto querría decir que del 31 por ciento que obtuvo la oposición en el Referendo, no menos de 21 por ciento corresponde a sectores D y E. Como estos sectores suman 80 por ciento de la población, podemos deducir que 59 por ciento son ni-nis también o están a favor del poseso. Si los abstencionistas que yo llamo de oficio, son en realidad 23 por ciento como arguye Jorge Rodríguez en sus resultados del Referendo, entonces 13 por ciento son de los sectores D y E. Si esta cantidad la restamos del 59 por ciento queda 46 por ciento que, sin lugar a dudas, está a favor del presidente Hugo Chávez. Cifra ésta igual a la que aparece como votando a favor del NO en el referendo presidencial.

Si al porcentaje de abstenciones de las elecciones parlamentarias (Digamos 80 por ciento, promedio entre CND y oposición) se le resta la abstención de 23 por ciento del Referendo y se le quita lo obtenido por la Oposición (31 por ciento) nos queda un universo de 26 por ciento de electores que, no obstante haber votado a favor del presidente en el Referendo, se abstuvo en las elecciones parlamentarias.

Ahora bien, hoy día, con un electorado que suma más de 16 millones de electores, ese 26 por ciento lo constituyen 4,25 millones de votantes.

No cabe, pues, ninguna duda: Los posibles electores ideológicamente a favor del proceso revolucionario son un 20 por ciento del electorado a lo sumo. El otro 26 por ciento que votó a favor del No en el Referendo presidencial guarda simpatías por Hugo Chávez. Se trata de seguidores personales no identificados con la ideología por él sustentada. Están con él mientras les convenga y entre tanto los convenza con las dádivas. ¿Durará esto hasta el 3 de diciembre? Es difícil saberlo. Sin embargo, algo queda claro: Chávez creó una ilusión entre muchos venezolanos. Esa ilusión fue haciéndose cada vez más real, al paso de las misiones. Sin embargo, el dinero, al parecer, no alcanza para todos. Es similar a la lotería: Algunos; no todos, reciben premios. Y los seres humanos no viven sólo de ilusiones. En algún momento se convencen de que el mago es sólo eso. ¿Habrá llegado ese momento?

Derrotar a Hugo Chávez depende fundamentalmente en la oferta de la oposición. Ninguno de los candidatos hasta ahora tiene la credibilidad suficiente. A unos se los sindica de estar asociados al puntofijismo decadente. Otros llevan a cuestas decisiones impopulares como la Ley de Seguridad Social. Otros no conseguirán el apoyo de los neoliberales que es la mayoría de los ni-nis y así es imposible obtener una victoria.

(*):Es diplomático de carrera, politólogo, periodista y miembro de Debate Ciudadano. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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