Opinión Nacional

El experimento bolivariano

Probablemente muy lento, lo cierto es que aceptamos el necesario (re) aprendizaje: los cientistas políticos o social  suelen aportar más en nuestra aproximación a la ficción y realidad que vivimos, frente a los intérpretes ocasionales, sabihondos y desbrujuladores que surfean las circunstancias teniéndonos por forzada tripulación. Y es que la academia ha contribuido a un debate de profundidad que necesita traspasar las fronteras, tomar el lenguaje de la cotidianidad opositora para darle un poco más de trascendencia a sus iniciativas, planteamientos y tareas, tupidas de polvillo mediático, efímero y contagioso.

A principios de 2009, Alfredo Ramos Jiménez compiló sus trabajos, unos ya conocidos y otros inéditos, bajo un título revelador: “El experimento bolivariano. Liderazgo, partidos y elecciones” (CIPCON/ULA, Mérida), confeccionando un importante y útil itinerario de reflexión que parte de la política venezolana como laboratorio y transita por la antipolítica y el desencanto democrático, el liderazgo político y la calidad democrática, el plebiscitario de Chávez Frías,  la supervivencia gubernamental, la (de) construcción del sistema de partidos, el momento electoral bolivariano, la fallida búsqueda del poder total, hasta arribar e interpelar al socialismo del siglo XXI. Atractivo último capítulo en el que, por cierto, el populismo y el neopopulismo lidian con la antipolítica, la videopolítica y el signo revolucionario.

Llama poderosamente la atención, una distinción de la que nos servimos cuando nos sorprendió el resultado definitivo del consabido referendo revocatorio del mandato presidencial: las elecciones competitivas, semicompetitivas y nada competitivas (192 ss.), trilogía que nos permitió precisar la coyuntura política superando las amarguras, el desconcierto y pesimismo que trepó todos los rincones de la oposición.  Se dirá de una ociosa abstracción, pero es la que puede concretarse en la controversia de las direcciones políticas, partidos y entidades de la sociedad civil, para prever y marcar rumbos más acertados, pues de una correcta apreciación surge la respuesta más adecuada, al igual que la intuición popular – recientemente – ponderó humorísticamente el reciente resultado de la final beisbolística entre Caracas y Magallanes: Chávez Frías llamó al estadio para cambiar el umpire principal por Tibisay Lucena y ésta, dos días después, anunció el triunfo del equipo carabobeño.

Por lo demás, Ramos Jiménez da cuenta del programa necesarísimo de una oposición de la que muchas veces se dice, como lo indicó el mandatario nacional (31/01/10),  que no tiene proyecto a realizar. “Factores imprescindibles” – apunta aquél – lo constituye el partidídismo renovado en condiciones de democratización, el respeto al Estado de Derecho, la convivencia democrático-competitiva incluyente y la previsión del futuro, para “superar a las hoy recurrentes situaciones de desgobierno” (138).

Quedan pendientes otros temas históricos de relevancia política actual, como el del periplo bipartidista necesario de revisar, pues ha servido para la maldición generalizada de la que se vale el régimen, o el curso de las alianzas sociales explícitas y tácitas, ahora en proceso de reacomodo. Una obra indispensable, las direcciones políticas pueden abordar algo más que los titulares de prensa.

 

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