Opinión Nacional

El fin del el proyecto chavista

Independientemente de cualquier circunstancia, el panorama posterior a las venideras elecciones de noviembre luce indefeel régimen no se pueden ocultar. La desobediencia mostrada por muchos de sus seguidores refleja, por una parte, el desenlace venenoso de las imposiciones y, por la otra, el jalabolismo de los capitostes del recién creado PSUV, tan alejados del pueblo. Todos padecen, para su desgracia, del síndrome del talante autoritario del comandante de la revolución. Pero, en realidad la consecuencia es una caricatura grotesca, intragable. Los tiempos de cuando el “dedazo” del iluminado de Sabaneta era santa palabra se los llevó el intento fallido de reforma de nuestra Carta Magna.

La corrupción enseñoreada y los desatinos de la gestión de gobierno también causan profunda mella en la mística y en el entusiasmo de las bases chavistas. El comandante “predica pero no practica”… Y los altos jerarcas, con su ostentosa riqueza, ponen en boga aquella vieja, cínica, consigna de “haz lo que yo digo, pero no veas lo que yo hago”. La gente no es pendeja, está despertando del efecto enceguecedor de las interminables promesas del mandamás de Miraflores. Llegó la hora de exigir soluciones a los grandes problemas del país. La ola de estatizaciones de empresas productivas no podrá detener la pérdida sostenida de popularidad del otrora potente portaaviones bolivariano. Por ello, son pocos los dirigentes del vapuleado PSUV que pueden exhibir un liderazgo propio en sus regiones. Aunque parezca una perogrullada, estos no se pueden improvisar y, muchos, crear de la noche a la mañana.

Vistas las cosas así, para los sectores adversos al desbarajuste chavista, se les presenta la oportunidad de oro. La ocasión única de cambiar el mapa político de poder que ha prevalecido en estos últimos años. Pero, eso sí, es indispensable, lograr la tan cacareada unidad (dejando a un lado las rencillas por ambiciones personales o grupales) de todos los factores políticos democráticos. De darse las elecciones de noviembre (más adelante explicaré el por qué de la duda), pase lo que pase, Chávez no logrará tener más gobernaciones y alcaldías de las que domina. Antes por el contrario, su poder indefectiblemente, resultará averiado, en mayor o menor grado, dependiendo, obviamente, de las cifras “definitivas” sumictiblemente sombrío para Chávez. Los signos externos de desgaste dnistradas por el sumiso y, por demás, comprometido Consejo Nacional Electoral. La oposición dejará de ser escuálida.

Entonces, el factor electoral se convierte, para el teniente coronel, en un endemoniado rompecabezas muy difícil de armar. También es menester tomar en cuenta el grave malestar general causado por la escasez de alimentos (paliada transitoriamente, gracias a importaciones masivas. 70% del consumo nacional proviene del exterior) y, la cada vez mayor, vulnerabilidad de la revolución ante la crisis alimentaria mundial. Nadie, en su sano juicio, so pena de padecer de ceguera severa, podrá negar la gestación sostenida de una profunda inestabilidad social (morigerada a realazos) capaz de hechar por tierra las pretensiones totalitarias del aprendiz de brujo. Ante esta delicada situación, nada de raro tendría la intención del Gobierno de posponer las elecciones regionales y locales a como dé lugar. Recordemos el famoso “el 28, el 28, el 28…” y las recientes grotescas y provocadoras declaraciones del ministro de la Defensa. Será que el poder omnimodo está llegando a su fin…

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