Opinión Nacional

El gran linchador

Cuando ese colono de Virginia, nada menos que Juez de Paz, llamado Charles Lynch impuso en el siglo 18 la justicia expedita que para siempre llevaría su nombre, tenía en mente un objetivo grandioso: Expulsar a los enemigos de la libertad americana. Gracias a lo que el derecho consuetudinario propio de la tradición anglosajona llamaría Ley de Lynch, los blancos sureños podían, sin fórmula de juicio, liquidar todos a una a aquellos negros que fuesen acusados de robo o violación. Lynch debió haber sido un hombre muy apegado a las enseñanzas bíblicas ya que copió casi al pie de la letra, cambiándole solo el colorcito de la piel, la costumbre de lapidar a los acusados de ciertos delitos graves, práctica ésta en la que se daba a los testigos del hecho delictuoso el privilegio de lanzar las primeras piedras contra la humanidad del condenado. La evolución del mundo occidental hacia nuevas formas de justicia proscribió primero la lapidación y más tarde a su heredera directa, el linchamiento. Lo que no ha podido proscribir es ese sentimiento de venganza individual y colectiva que conduce a personas aparentemente piadosas, rectas, respetuosas de la vida humana y defensoras de la ley y de la justicia, a celebrar muy en el fondo de su ser, las reapariciones esporádicas y por supuesto ilegales de esas prácticas. Examinémonos sinceramente sin decírselo a nadie, introduzcamos nuestra mirada en las partes más recónditas de nuestro yo interior y nos sorprenderemos a nosotros mismos con una sonrisita de complacencia cada vez que la prensa informa del linchamiento de algún azote de barrio. A falta de una justicia verdadera que sea no solo imparcial sino eficiente y rigurosa, los venezolanos vamos aceptando como un mal- ¿ o será bien?- necesario el linchamiento. Nos parece la forma más efectiva de acabar con delincuentes irrecuperables, que por lo que vemos son casi todos. En las últimas semanas los partes policiales han dado cuenta de decenas de delincuentes reales o supuestos abatidos por comisiones policiales con la explicación sucinta de que atacaron a sus perseguidores y no hemos visto hasta ahora ninguna protesta, ni siquiera una ligera duda formulada por algunas de las organizaciones o individualidades defensoras a ultranza de los derechos humanos. Pareciera que el tema, cuando se trata de delincuentes comunes, se ha vuelto algo impopular.

Traslademos esa actitud colectiva al terreno político y veremos como el linchamiento se ha convertido en práctica diaria no solo impune sino además recibida con beneplácito por la mayoría de la población. Ha sido quizá el aspecto más exitoso del gobierno de Chávez y de su proyecto tanto así que podríamos calificar al Presidente como el Gran Linchador en Jefe sin temor a estar incurriendo en ningún exabrupto. Para asumir ese papel con tanto éxito, el Presidente ha contado con un elemento indispensable: La sed de venganza contra los beneficiarios del viejo sistema político- institucional que compite en dimensiones con el hambre de comida. No ha sido Chávez quien desacreditó a la estructura institucional del país, fueron muchos años de errores y abusos y también de un nunca abandonado propósito de extremistas, tanto de derecha como de izquierda, de liquidar el orden existente para crear uno a su medida. A Chávez le ha correspondido lanzar las piedras. El primero en recibirlas fue el Congreso electo en noviembre del 98 y posesionado el 23 de enero del 99. Piedras y piedras y ninguna voz que se dejara oír para defenderlo. Por el contrario, su directiva y la mayoría de sus integrantes allanaron el camino para la lapidación. Les tocó el turno a los Partidos AD y COPEI, no solo receptores de anatemas de todo calibre sino además privados del soporte presupuestario que por mandato constitucional recibían del Estado. Nada podía ser mejor que verlos morder el polvo y casi desvanecerse. Siguieron en orden de aparición la Corte, toda la administración de Justicia y el CNE ¡ Qué maravilla! Por fin salíamos de tantos corruptos o indeseables. A las Organizaciones de la llamada Sociedad Civil no les tocaba todavía pero se pusieron a hacer declaraciones imprudentes y se les adelantó la condena. Ya recibieron su tomate. Ahora le corresponde perecer en manos de la turbamulta a la CTV y ¿quién, salvo sus directivos, va a salir a defenderla si por años hemos oído que ese organismo ha servido solo para el enriquecimiento ilícito de sus jerarcas?. Que pongan sus barbas en remojo Fedecámaras, la Federación Médica, las Asociaciones de Colegios Privados y, en general toda institución de derecho privado, léase bien, PRIVADO, que no se apure en declararse bolivariana y plegarse a los designios del Gran Linchador.

La euforia colectiva ante estos linchamientos practicados desde el gobierno en forma magistralmente calculada, impide que hasta personas que se suelen considerar pensantes miren un poco más allá de sus narices. Felices están porque Chávez acabó con los Congresos de la Cuarta República donde había parlamentarios desconocidos e ineptos, cogollos, fracciones que obedecían ciegamente a sus jefes políticos, mayorías partidistas que aplicaban la aplanadora para impedir la expresión de las minorías, etc, etc. Pues bien, ahora tenemos Asamblea Nacional igual o peor, solo que en vez de ser dirigida desde las cúpulas de los Partidos recibe órdenes del Gobierno. Los viejos Partidos están casi en estado terminal, que bueno porque ahora hay uno solo al servicio del Gran Linchador. A la Corte, ahora Tribunal Supremo, ya no la nombran en conciliábulos Gonzalo Barrios y Caldera ni las “Tribus” partidistas, ahora lo nombra Miquilena en consulta con Chávez. Igual al Contralor y a los demás organismos del Poder Moral. Los Tribunales que antes se repartían entre tribus y bufetes, ahora responden a un Cacique Máximo: Manuel Quijada, por supuesto en consulta con el Gran Jefe Indio de Miraflores. ¿ Sociedad Civil y ONGs? Pa`su casa que vienen arrollando las ONGs bolivarianas. ¿ Confederación de Trabajadores de Venezuela? Referéndum con ella, así todos los que no son trabajadores pueden decidir sobre el bolivariano destino de quienes si lo son y avalar la creación de una que sea solo del MVR. Los buhoneros podrían votar para elegir otra Fedecámaras que sea bolivariana. Los ingenieros votarían en alguno que tenga que ver con la dirección gremial de los médicos, éstos con la de los economistas y éstos a su vez con la de los ingenieros. ¿ Podría imaginar alguien ni en sueños un grado mayor de participación democrática? Si las asociaciones de colegios privados tanto religiosos como laicos siguen protestando contra el Proyecto Educativo (Marxista-Fascista) Nacional les puede caer referéndum en él que votarían hasta los delincuentes presos en El Dorado. Un mundo bolivariano, uniformado y firme ante el dueño del país después de linchadas todas las instituciones públicas y privadas que la democracia permitió crear. Y todo porque nos encanta un linchamiento, cuando sabemos de alguno nos sentimos felices porque creemos que con el delincuente muerto se acaba la delincuencia, que muerto el perro se acabó la rabia. Reducimos las Instituciones a individuos y nos fascina que éstas paguen con la muerte, las culpas de sus dirigentes. Así hemos terminado, a punta de odios refrendarios, transformando nosotros mismos a Chávez en un déspota absoluto, eso sí, constitucional.

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