Opinión Nacional

El miedo a la derrota

Altos personeros del régimen, incluyendo al propio Hugo Chávez, empiezan a dar muestras de temor. La derrota es siempre mala consejera. Lo que acaba de ocurrir con las medidas de ahorro de electricidad es un ejemplo trágico del deterioro del gobierno: nada funciona. Lo más grave es el incremento de la corrupción. La quiebra de los bancos es sólo una pequeña muestra del deterioro moral existente. Es verdad, que este escándalo fue enfrentado con habilidad e inteligencia por el oficialismo, pero de todas formas la opinión pública quedó convencida de que fueron integrantes de la camarilla presidencial los responsables de las irregularidades ocurridas. También hay que agregar el mal funcionamientos de las misiones. Para colmo, la crisis económica y social es una realidad. Una caída de la economía cercana al 4 %, con una inflación del 35 %, no es el mejor ambiente para ganar unas elecciones parlamentarias.

La mejor demostración de esta gran verdad es el artículo que escribió Heinz Dieterich, uno de los filósofos de la Revolución. Lo tituló “Ya comienza a cundir la desesperanza”. Allí, sorprendentemente dijo que: “no dan pie con bola para solucionar el caos que comienza a generarse, intencionalmente desde afuera y desde adentro: la seguridad, la corrupción, la crisis económica… La principal responsabilidad de la situación radica en el sistema de conducción del proceso y en la Nueva Clase Política (NCP). El primero es dirigido por el Presidente y el segundo proporciona los sujetos que conducen la política, La responsabilidad, por lo tanto, es doble: radica en el conductor del sistema y en los sectores dominantes de la NCP. Estos se han subordinado totalmente a los designios del líder, movidos por sus intereses personales de poder y descuidando su responsabilidad histórica de ser garante de los intereses de la causa y de las mayorías”

Este artículo tiene mucha tela que cortar, pero mi objetivo es comentar las recientes declaraciones de Hugo Chávez con relación a la Fuerza Armada. En la tradicional salutación navideña, atemorizado como está, tuvo el tupé de decir: si esta oposición apátrida gana las elecciones parlamentarias, el destino de las Fuerzas Armadas estaría comprometido. No uso comillas, porque no tengo por escrito el texto exacto de su intervención, pero, más o menos, ese fue el sentido de sus palabras. Absolutamente falso. El triunfo en las elecciones parlamentarias de la oposición sería, en lugar de un riesgo, una garantía de seguridad y estabilidad para la organización militar. Se podría modificar algunos aspectos de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas a objeto de fortalecer su apoliticismo y profesionalismo. La verdad, la única verdad, es que el régimen chavista ha comprometido los valores fundamentales de la Institución Armada, poniendo en riesgo su destino.

En muchos artículos, dirigidos a mis compañeros de armas, he sostenido que las Fuerzas Armadas en un régimen pluralista, como el establecido en la constitución de 1999, deben ser apolíticas y profesionales. No pueden estar al servicio de un partido ni de una ideología, ya que al hacerlo se compromete el natural equilibrio que requiere el juego político entre partidos que compiten democráticamente. Sin lugar a dudas, en la Asamblea Nacional la oposición rechazaría la equivocada tesis de vincular a la Fuerza Armada con el Partidos Único Socialista de Venezuela (PUSV) a través de ese absurdo que son las milicias bolivarianas. Al recuperar el profesionalismo y el apoliticismo se fortalecería la meritocracia y la Institución Armada lograría, de nuevo, el respeto del todo el pueblo venezolano.

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