Opinión Nacional

El temor a la verdad

Impedir la transmisión de las palabras de nuestro Cardenal en el Capitolio en vivo y en directo expresa un profundo temor. El temor a la verdad. El temor a la palabra de la Iglesia. El temor a la reacción de sus fieles. El temor al coraje y la grandeza de un hombre que representa a millones y millones de fieles. En Venezuela y el mundo.

Frente a él, la cobardía. Se desmorona el muro de la mentira.

Cada día se hace más evidente y palpable que la revolución bolivariana se desmorona. El poder de movilización de que hiciera gala durante buena parte de este proceso, apalancado desde las vísperas del Referéndum Revocatorio con una gigantesca movilización de recursos y la puesta en práctica de las misiones – por cierto: expediente inventado por la ingeniera de control social y político del G-2 -, ha llegado a su fin. La revolución bolivariana no cuenta más que con la voluntad desaforada del presidente de la república y la camarilla gobernante. Dejó de contar con el proyecto mismo – el nebuloso socialismo del siglo XXI – para mostrarse en su única verdad: legitimar y mantener una dictadura de un caudillo militar que busca entronizarse en el Poder para disponer de los recursos del estado y enriquecerse hasta agotar nuestras reservas. Y punto.

El informe que nos transmiten los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática a lo largo y ancho del país, confirmado por nuestra propia observación del desarrollo de nuestras movilizaciones electorales en los distintos circuitos de Caracas, demuestran un hecho asombroso: el chavismo no está realizando actividad electoral alguna. Sus candidatos brillan por su ausencia. El resultado es demoledor para sus expectativas: los candidatos de la oposición penetran hasta en los sectores más aguerridos del chavismo, donde hasta las elecciones de alcaldes y gobernadores nuestros candidatos eran recibidos a tiros, encontrando la aceptación agradecida de los atemorizados pobladores y la absoluta apatía del malandraje que constituía la punta de lanza del chavismo.

¿Significa esto que el chavismo dispone de un plan B y que en lugar de elecciones se prepara para formas superiores y extremas de la imposición política, como una guerra interior o un golpe de estado? A juzgar por las informaciones que trascienden desde el mundo militar, ese tampoco es el caso. En los cuarteles se respira la más absoluta quietud y ni siquiera un eventual conflicto con Colombia provoca el menor desasosiego. El tema, muy por el contrario, motiva risas y sarcasmos.

Si esto es así, si esta calma chicha que se vive por los predios del régimen exterioriza la pérdida de control interior, de voluntad de combate y de mística revolucionaria, se hace explicable el discurso del 24 de julio y las ensoñaciones hacia el martirologio del presidente de la república. Cuestión que se ve confirmada por los extraños cálculos expresados por el Señor Presidente en su último programa dominical, cuando por primera vez en su vida llegó a asomar el temor a que la oposición “se acerque al 50% de la asamblea” e incluso supere esa cota, alzándose con la mayoría.

Nunca antes, ni siquiera con ocasión de la comparecencia de militares y civiles responsables de los sucesos del 11 de abril, la asamblea había decidido tratar un tema de tanta significación nacional y de tanto interés para la opinión pública en el absoluto secreto. Todo Venezuela está pendiente de ver y oír a su Cardenal frente a quienes, desde el seno de la asamblea, han pretendido ofenderlo, injuriarlo, humillarlo. Su gesto de virilidad y coraje, de hidalguía y responsabilidad política pretende ser acallado levantando un muro de silencio. Ni siquiera los medios oficiales, entre ellos, el canal propio de que dispone la asamblea, han sido autorizados a dar testimonio público de esta comparecencia.

Impedir la transmisión de las palabras de nuestro Cardenal, en vivo y en directo, expresa un profundo temor. Es el temor a la verdad. El temor a la palabra de la Iglesia. El temor a la reacción de sus fieles. El temor al coraje y la grandeza de un hombre que representa a millones y millones de fieles. En Venezuela y el mundo. Frente a él, la cobardía. Se desmorona el muro de la mentira.

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