Opinión Nacional

El triste papel de Insulza

Realmente, José Miguel Insulza, el Panzer chileno, tiene mala suerte. Hace tiempo que debería haber asumido una actitud firme contra la actitud antidemocrática y autoritaria del presidente de Venezuela, que se desvió del camino de la legitimidad prácticamente desde el mismo día en que asumió su cargo. No lo hizo y se ganó la justa antipatía de los demócratas venezolanos. Ahora, demasiado tarde, reacciona ante la clara demostración de la condición antidemocrática de Chávez, y se gana la antipatía de los fascistas y stalinistas, es decir, los enemigos de la democracia, sin que eso signifique que deje de ser rechazado por los partidarios de la democracia. Es lamentable, pero estuvo equivocado desde el principio y ahora es tarde para rectificar. Dejó correr demasiada agua sucia y se contaminó. El gobierno antidemocrático de Venezuela, sin agradecerle todo lo que toleró hasta ahora, emitió un comunicado en el que “condena de la manera más enérgica, las bochornosas declaraciones de José Miguel Insulza sobre asuntos de política interna venezolana, en lo que constituye un nuevo, abusivo y oportunista acto de injerencia que desprestigia aún más al Secretario General de la OEA.“ Como si no fuera una de las misiones más importantes de la OEA proteger la democracia en esta parte del mundo. Sin agradecerle en lo más mínimo que se haya hecho el ciego y el sordo hasta ahora, lo califican de “correa de transmisión de la política de intervención y dominación estadounidense sobre el continente.“ Así paga el diablo. Y no conforme el gobierno fascista stalinista con barrer el suelo con él, llama a su oficina “capitanía general del Departamento de Estado para imponer una agenda de agresión contra las instituciones y la democracia venezolanas, que ya tiene innegables precedentes en la historia reciente”, para rematar con que “Las banderas políticas que hoy enarbolan al unísono Insulza y Valenzuela, son las de quienes atentaron contra la democracia venezolana en el período 2002-2003 en complicidad con la OEA y el gobierno de los Estados Unidos.” Planteamiento absurdo: en ese período de agitación, mientras el pueblo venezolano luchaba a brazo partido por defender la democracia venezolana, la OEA y la casi totalidad de los países del hemisferio miraba hacia otro lado, para no perder los negocios que Chávez les ofrecía. En definitiva, y siendo lo más benévolos que se pueda ser, los venezolanos vemos al pobre Insulza como una versión contemporánea de aquel pobre personaje inglés que creyó que se podía negociar con Hitler y lo dejó actuar hasta que el mundo cayó en el horrible agujero de la II Guerra Mundial, el entonces primer ministro de la Gran Bretaña Neville Chamberlain (1869-1940), el que agitó el papelito después de haberse dejado engañar como un niño tonto por Hitler y Mussolini. En papel que pueda agitar el pobre Insulza es otro, pero su papel en todo esto es parecido.

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