Opinión Nacional

En esta esquina

La cercanía del referéndum revocatorio calienta nuevamente la polarización que hemos vivido en el país, de forma más intensa en los últimos dos años. Las opciones en juego, en una consulta de esta naturaleza, en la que sólo se puede votar por el sí o por el no, alinean posiciones de lado y lado, exacerban ánimos y de nuevo cierta dosis de irracionalidad afecta el escenario político. La política en un marco de polarización tiene menos de estrategia y más de vísceras, al menos para los militantes de a pie.

Para quienes apoyan al presidente Chávez, resulta inaceptable un triunfo opositor, con el argumento de que sería una vuelta al pasado, tal como si en el pasado hubiésemos vivido en un estado de total ignominia. Para los seguidores de la oposición, es inaceptable que el jefe de Estado se mantenga en el poder, porque eso representa un peligro totalitario, tal como si en los últimos cinco años hubiésemos vivido los venezolanos en una feroz dictadura. Para unos y otros es válido el dicho popular: Ni tan calvo ni con dos pelucas.

Pero así funciona esta dinámica polarizada y polarizante. En algunos casos, quienes leen estos artículos creen que el marcar distancia de estos dos bandos, de sus expresiones más radicalizadas, puede entenderse como una apatía. Nada más lejos de la realidad. Justamente en un contexto como el que estamos viviendo en Venezuela hemos reivindicando que la sociedad no está dividida sólo en dos lados, y que las voces diferentes, aquellas disonantes en el concierto de la polarización, deben tener cabida para expresar puntos de vista que pongan una sana distancia de visiones muy cerradas.

En lo personal, y en recorridos por distintos puntos del país me encuentro personas con las que compartimos esa visión, podríamos decir que estamos inscritos en una esquina democrática. Desde que comenzó a agudizarse la crisis, hemos venido levantando sostenidamente la bandera del diálogo y la negociación para encontrar salidas no sólo electorales y constitucionales, sino esencialmente democráticas. No se trata de que hagamos una consulta, como el venidero referéndum, sencillamente para ajustar o cambiar las matemáticas electorales, y que después tanto gobierno como oposición sigan desconociéndose mutuamente, como lo que son a fin de cuentas: fuerzas políticas significativas del país, pero no absolutamente hegemónicas.

Seguramente en las próximas semanas abundarán las propagandas electorales para ganarse a los que no están alineados políticamente. También con toda seguridad a la hora de votar cada quien se expresara, especialmente por lo cerrado de la consulta. Pero todo eso de ninguna manera deberá entenderse ni como el fin de la crisis, ni como el punto final para la desquiciada polarización que nos ha acompañado en los últimos tiempos. Esta esquina democrática, desde la cual me ubico junto a miles de venezolanos, me parece que seguirá siendo necesaria, indispensable. Más allá de cómo se manifieste el voto popular, el reto para Venezuela sigue siendo como consolidar un proyecto de país que tenga como norte el combate a la pobreza, la defensa de los derechos humanos y la participación ciudadana, en sus formas más plurales posibles.

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