Opinión Nacional

¿Estrategias?

La lucha trascendental que nos ocupa actualmente nos debería situar a todos en un único plano: es decir toda la mayoría opositora, con una sola voz, contra el gobierno totalitario de Hugo Rafael Chávez Frías. Cosa que a su vez presenta (hasta estos momentos) dos posibles alternativas: el 350 (desobediencia civil de toda la mayoría opositora) o la cristalización de un “contundente rechazo por via electoral” que ponga de manifiesto la realidad del amplio cuestionamiento político que une al país.

Ambas estrategias son plausibles a mí entender (aunque todo depende de las reglas de juego que permitan su implementación y la fuerza que podamos imponer para defender los resultados).

El asunto estriba en concordar estrategias que nos permitan confirmar un bien certificado “porcentaje de rechazo” que pueda ser inmediatamente utilizado para forzar una solución democrática (y ya para ese entonces por cualquier via).

Por lo tanto el problema que nos aqueja no es cuál estrategia es más honorable para revocar una realidad que de hecho está “tácitamente revocada”, sino la posibilidad de que la que escojamos se asiente sobre posibilidades verdaderas que nos puedan ofrecer, categóricamente, la conversión de lo “tácitamente revocado” en una muestra de lo “realmente revocado”.

Aplicar con éxito el 350 (desobediencia civil, abstención, etc.), en el mejor de los casos, debería llevarnos a un segundo momento que no es otro que una confrontación con un poder ya ilegitimado (y tomar lo que nos pertenece democráticamente).

De la misma manera, la via electoral con un candidato único es una alternativa que, también en el mejor de los casos, debería generar un inevitable momento de confrontación que permita recuperar el orden democrático. ¿Abriríamos las cajas?

Con toda seguridad lo más importante para el gobierno actual es evitar que cualquiera de esas dos posibilidades logre cristalizar como estrategia única; sino más bien que ambas, vayan de la mano lacerándose mutuamente, debilitándose en el camino, suicidándose al final.

Tanto los que proponen una salida electoral como los que proponen la abstención (350), deben de entender que sólo hay cabida para lo uno o lo otro; ya que lo uno paralelamente a lo otro es obviamente debilitante y sólo le allana el terreno al autócrata.

Si yo fuera candidato de corta mayoría, no vacilaría en derogar mis votos a aquel que más chance tuviera, siempre y cuando acordara contractualmente (para salvaguardar los deseos políticos de mis seguidores), que el candidato ganador ha de formar un gobierno de transición. Lo mismo aplicaría en caso de ser abstencionista (siempre y cuando existiera un candidato único de la oposición).

Nuestra indiscutible necesidad de un frente monolítico de oposición es una verdad contundente que debería de estar constantemente activa en la mente de todos los que por cualquier causa se oponen a este gobierno. Aun más, cada político, cada lider, cada comunicador social, tiene la obligación o la responsabilidad de discernir públicamente sobre esta situación (y manifestar al menos que estan conscientes de las circunstancias).

¿Será que a última hora podremos cambiar velas y liberar las fuerzas encontradas encaminándolas hacia una sola meta?

Esta debe de ser una exigencia que “el soberano” debe demandar a los que pretendan guiarnos en los escasos meses de “libertad” que aparentemente aun nos quedan por disfrutar; si es que no logramos desterrar a este gobierno.

Lo que pueda pasar luego, es harina de otro costal.

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