Opinión Nacional

Franklin y Orlando, Hugo y Fidel.

Pensando en el parecido de las barbaries cometidas por los gobiernos venezolano y cubano, a propósito del caso de Orlando Zapata Tamayo (que en paz descanse), y la lucha por un derecho (el de propiedad) de Franklin Brito; se puede reflexionar sobre varios puntos que dejan ver el porqué de tal similitud. Cualquier parecido no es casualidad, simplemente es el ser de los regímenes autocráticos y dictatoriales.

Zapata Tamayo inició su huelga de hambre por la liberación de los presos políticos (poco más de 200) del régimen castrista. Por eso fue llevado a prisión por tres años, a los que le sumaron más y más por «desórdenes en establecimientos penitenciarios» (constantes clamores por los derechos humanos), hasta acumular una pena de 36 años de cárcel. Pero sobre todo, se le sentenció la muerte.

Su historia en prisión no fue diferente a la de cualquier preso en la isla, constantemente maltratado, golpeado, torturado. En total fueron 86 días en huelga y toda una vida en contra de Castro. Desde los años 70 ningún opositor a Fidel había muerto de esa manera, la cuestión se le fue de las manos y está causándole fuertes “dolores de cabeza”.

Por su parte, Franklin Brito comenzó su huelga de hambre (con la boca cosida) y se amputó el dedo meñique izquierdo, en protesta por la expropiación de su fundo por parte del Instituto Nacional de Tierras. A los cinco meses le puso fin a su sacrificio tras recibir las cartas agrarias que le devolverían su propiedad, pero la positiva respuesta terminó siendo un engaño. Franklin retomó la huelga, esta vez con 45 kilos menos, pérdida de sensibilidad en sus miembros inferiores, entre otros daños.

El 13/12/09 fue llevado (en contra de su voluntad) al Hospital Militar para «resguardar su integridad física». Desde entonces su esposa está en huelga de hambre, a la cual una de sus hijas también piensa unirse, porque Brito permanece «retenido» (secuestrado) en dicho centro médico. Se le ha suministrado alimento bajo el efecto de sedantes, fue forzosamente trasladado a la unidad Psiquiátrica en donde no lo recibieron y terminó en cuidados intensivos. Acaba de retomar otra vez su huelga, decidido a resistirse a cualquier medida que pretenda detenerlo.

Ambos casos evidencian no sólo hasta donde es capaz de llegar una persona por defender sus derechos, sino también de lo que un régimen autocrático es capaz de hacer (pisotear hasta el final los derechos humanos), y de los actos que puede impulsar a otros a cometer. Orlando y Franklin han tenido que llegar al extremo de atentar contra sí mismos para reclamar lo que deberían tener sin problema alguno, libertad y derecho de propiedad, entre otros por el simple hecho de ser humanos.

También hay parecido en el modo de proceder de los gobiernos en cuestión al enfrentar a aquellos ciudadanos que se revelan -con justa razón-, ante los abusos cometidos en su contra. Las historias expuestas demuestran que tanto Chávez como Fidel, recorren orgullosa y desvergonzadamente el camino de la injusticia, por el cual se mantienen hasta las últimas consecuencias. De sus sometidos son capaces de abusar cada día más y vejarlos cada vez con mayor fuerza, pero no de tratarlos con dignidad ni de actuar con rectitud.

Además, los dos regímenes tratan de manipular la verdad pretendiendo justificar lo injustificable, e intentan desprestigiar a las víctimas para deslegitimar su protesta. Desde el gobierno bolivariano quieren diagnosticarle locura al venezolano, pero sus facultades mentales son plenas; mientras que la dictadura militar de Castro se esfuerza por convertir a Zapata en un delincuente y “preso común”, con montajes propagandísticos pagados con parte del presupuesto de la Seguridad del Estado.

Lo anterior también revela que Chávez y Castro abusan del poder y de que en sus manos, cualquier cosa resulta peligrosa, especialmente las herramientas de comunicación e información con las que causan daños inconmensurables a la humanidad. Un ejemplo de esto lo constituyen las estrategias mencionadas anteriormente. Asimismo, el hecho premeditado y descarado (con el cual pretenden ser víctimas cuando son victimarios), de que ambos gobiernos “alertan” a sus ciudadanos sobre “la manipulación mediática”, de la que ellos mismos son productores en serie y líderes indiscutibles.

Igualmente, queda claro que para estos mandatarios “el fin justifica los medios”, un fin que en principio no es sino el cumplimiento de su voluntad (caprichos) sí o sí, y que por tanto, responde a intereses netamente individuales (pese a que dicen corresponder a la “voluntad popular»); y unos medios signados por la ilegalidad, la violencia y en fin: la inhumanidad de sus actos.

Consideraciones extra

Entre otras realidades, todo este asunto lleva a creer que: en una sociedad gobernada por dictadores, quienes luchan hasta dejar su propia vida por sus derechos, no sólo lo hacen por ellos sino también –en cierta forma- por sus iguales: personas y ciudadanos. Los derechos que reclaman y le son negados, son los mismos que un día a cualquier otro, a la merced de sus opresores, le pueden negar.

Por otra parte, es preciso destacar que Zapata y Brito no son casos aislados en cuanto a la cantidad de personas de las que se abusa en los regímenes de Castro y Chávez, pero sí pueden considerarse peculiares por el modo en que las víctimas decidieron actuar frente a la violación de sus derechos. Ciertamente, ante tal situación cada quien responde como quiere o mejor le parece, unos se revelan y otros se cohíben de hacerlo sobre todo por temor.

No obstante, ellos mismos podrían considerarse «aislados» al no encontrar respuestas similares a las suyas por parte de otros ciudadanos, no sólo como muestra de solidaridad y en defensa de los primeros afectados, sino también para salvaguardar derechos que son de todos. En este sentido, es lamentable y vergonzoso cómo las sociedades pueden llegar a no valorar lo suficiente, el esfuerzo heroico de quienes luchando en principio por sí mismos, alzan la voz por cada uno de los miembros.

Pensemos que al no solidarizarnos de algún modo u otro (más con obras que con palabras) con personas como Franklin y Orlando, estamos -implícitamente- rindiéndonos en una batalla que se libra contra todos. Además, el asunto de cuán solos hemos dejado a estos hombres en su lucha, también se cuestiona desde la apatía de los líderes del mundo frente a sus tragedias.

En particular sobre Zapata, la escritora Zoé Valdés ha preguntado: «¿Han oído alguna palabra de algún presidente de la Unión Europea, o del propio presidente norteamericano, o incluso de Nelson Mandela, o de alguna otra personalidad internacional de alto tango, fuera del contexto cubano, reclamar la libertad de este hombre…? Yo no…». Pues la misma esperanza podríamos tener los venezolanos, si el gobierno chavista se radicaliza completamente al extremo cubano. De hecho, tan triste actitud ya la hemos palpado y de no oponernos (¡ahora!) reciamente nosotros mismos, a los abusos que siguen cometiéndose, poco a poco iremos cayendo en el olvido.

Hoy les tocó a ellos y mañana podemos ser cualquiera de nosotros. La pregunta es: ¿seremos capaces de sacrificarnos (por nosotros mismos, por los demás, por todos)? o ¿cederemos nuestros derechos por temor, una angustia que de todas maneras no cesaría de no arriesgarlo todo? Además, ¿esperaremos a que nos toque o deberíamos cuestionarnos no en futuro sino en presente? ¿Somos capaces o no? Deberíamos comenzar a multiplicar seriamente el esfuerzo de estas personas.

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