Opinión Nacional

Frente al espejo

Chávez avanza en el aislamiento de Venezuela. No es una estrategia equivocada ni el producto de la casualidad. Ello se corresponde con la propia naturaleza de su proyecto totalitario. En teoría, un comportamiento semejante sería suicida. Pero en la relación multipolar de estos tiempos, las naciones que se colocan al margen de las obligaciones internacionales tienen garantizado un espacio de maniobra, a pesar de ser rechazadas por la comunidad mundial.

Durante la Guerra Fría, los “malos de la película” contaban con el paraguas de la Unión Soviética. Fidel Castro advirtió a tiempo que una larga sobrevivencia de su revolución pasaba por entregarse en los brazos de la URSS. No fue solamente una reacción ante la aprensión de Estados Unidos. Ya en 1954, su cuñado Rafael Díaz-Balart se opuso a la amnistía que favorecía a Castro con el argumento de que, desaparecido el nazismo y el fascismo, la vocación tiránica de éste encontraría en el Kremlin generoso cobijo.

Chávez confesó en Moscú: “añoro la Unión Soviética”. ¿No es una apelación nostálgica a una correlación política que le hubiera permitido cristalizar sus ambiciones sin mayores riesgos? Irán, Bielorrusia, Zimbabue, Corea del Norte, Siria, Cuba y en tránsito Venezuela, están en la mira de la opinión internacional y son mal vistos por las mayorías en sus países, pero operan como una amenaza para las grandes naciones protegiendo el terrorismo en sus diversas formas y manifestaciones. El bloque soviético imponía el equilibrio con la posibilidad de la confrontación nuclear. Hoy, estos pequeños países desatan el miedo, no por la fortaleza de sus ejércitos, sino por las operaciones que desarrollan los grupos terroristas.

En contrapartida, el aislamiento externo implica la asfixia en el plano doméstico. El caso de Zimbabue, por ejemplo, es cada vez más patético. Zoa Alameda, en un reportaje en el diario El País de Madrid, da cuenta de la espantosa situación de un país que llegó a ser “el granero de África”: el desempleo es del 80%; es masiva la infección de sida; la diáspora es brutal; la tasa de inflación alcanzará este año 4.279%. Sin embargo, el déspota Mugabe recuerda su pasado revolucionario y culpa de los males de la nación al colonialismo inglés. Por esa vía confían los mandatarios del aislamiento perpetuarse en el poder. Un espejo para los venezolanos.

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