Opinión Nacional

Hora de Cambiar: Política y Antipolítica

Ya, antes del arribo de Chávez al poder, los partidos políticos nacionales, venían atravesando una larga crisis estructural, que los apartó de la cotidianidad de los problemas del país, de la sociedad y de la militancia. Encerrados en la casas nacionales y en las parcelas de poder que les dió la descentralización- gobernaciones , alcaldías, senadurías, diputaciones y concejalías-, no percibieron la crisis política, que no solo afectaba la nación, sino a toda latinoamérica.

En los últimos 20 años que precedieron al chavismo, los partidos dejaron de ser los intermediarios necesarios, puente, entre la sociedad y el estado, se deslavaron de pueblo, no entendieron el mensaje de la abstención, los intentos de golpes de estado y la ausencia de juventud, se olvidaron de la formación de cuadros y dirigentes medios y de relevo. La dirigencia desmejoró ostensiblemente en calidad, se tornó gris, se sucedieron abandonos, exclusiones y expulsiones de las personalidades de las disididencias internas y al final la corrupción administrativa, terminó de llevarse el poco aire que respiraban. Chávez, sin piedad alguna, desde temprano se dedicó, con todas las armas del poder, a terminar de demolerlos en una campaña antipolítica de objetivos precisos, que tiene continuidad, en estos 12 años.

Al tiempo que lo anterior sucedía en los partidos, individualidades y grupos de opinión, think tank y algunos medios, se dedicaron con entusiasmo y tesón, a censurar acremente a los partidos y a los políticos, no a criticar con el objeto de mejorarlos y llamarles la atención sobre la reincidencia en la comisión de errores – cual ha debido de ser su conducta- que debían ser corregidos, alertar la necesidad de un necesario aggiornamiento y de una modernización que los devolviera al contacto directo con militantes y electores, sino por el contrario, a su destrucción como gestores democráticos de la opinión pública y de la participación en la construcción y control de las políticas de estado. Se dejó en la burocracia orgánica el manejo de la administración, al tiempo que se creaba un vacío direccional, en camino hacia ninguna parte. La antipolítica fue vicaria de estos lodos militareros.

Luis Vilcatona Salas ha señalado acertadamente que; “La política como actividad social orientada a la disputa por el acceso y control del poder, en términos generales, conjuga en sí misma dos dimensiones sustanciales de la vida humana: la dimensión ideal de las ideas, principios y utopías, que le da sentido y proyección a los actos de los individuos y colectivos sociales; y la dimensión, más prosaica, de los intereses particulares, las pasiones y las ambiciones de quienes intervienen en ella”. No es realismo mágico, sino el contexto de un quehacer de 24 horas al día, que exige entrega y dedicación. Es así que en el fondo de esa participación, subyace la ideología como motor inspirador de la aportación, en su dimensión de compromiso de vida. Lo otro es la parte humana del hombre, inherente a su personalidad, formación y entorno, la aspiración de la política debe estar enfatizada en la ambición de servir, dentro de en un marco ético auto-regulador, que evite los extravíos del fin idealista, es decir enfatizar la sublimación de lo personal, o al menos a su control, en aras del interés colectivo.

Vilcatona Salas concluye, enramando lo que debe ser el compromiso del político, con objetividad meridiana, afirma: “de manera tal que la forma como se conjugan y entretejen ambas dimensiones en la vida práctica de los sujetos sociales depende de muchos factores como los siguientes: la constitución de una “intelectualidad orgánica” que promueva el “buen sentido” en la conducta integral de aquellos; la traducción de este “buen sentido” en las políticas, directivas y conducción concreta de las instituciones, desde los niveles superiores hasta los inferiores; y la constitución de una reserva moral importante que haga de la política un bien necesario para el bienestar de las personas y no de su utilización”. De suyo este es el deber ser, lo que en los últimos 20 años de la democracia republicana se abandonó, y fue aprovechado por la antipolítica y el anti partidismo, como justificación para las aventuras que tuvieron sus inicios con los Notables, pasaron por los golpes el 4F y 27N y su medianía en los 12 años de chavismo, estrictamente fundados en el manejo de las emociones, las mentiras y el engaño a un pueblo de desesperanzados. Solo la reserva moral del espíritu democrático acendrado en las mayorías nacionales ha impedido la total cubanización del país.

La antipolítica no fue, ni es un fenómeno nacional, siempre ha estado latente en las sociedades americanas, los hombres providenciales y el militarismo han coexistido en algunos sectores populares desengañados de la política. En ese caldo de cultivo se trató de entronizar, con la ayuda del marketing un nue¬vo pa¬ra¬dig¬ma,: “la an¬ti¬po¬lí¬ti¬ca”, conceptualizada como el re¬cha¬zo del país nacional, a la vida, participación y militancia política, muchas veces a través de la descalificación. En todo ello se omitió el significado que la fal¬ta de in¬vo¬lu¬cra¬mien¬to y la pérdida de in¬te¬rés en la política, tienen para los países, por cuanto solamente mediante su ejercicio, se construyen proyectos de país y se acciona la ca¬pa¬ci¬dad mo¬di¬fi¬ca¬do¬ra de la realidad.

Al hilo de lo anterior, y no como rescate de una actividad que admiro, leyendo a Roberto Martínez, me atrajo el análisis que hacía refiriéndose a la significación que le otorgaba Trostky a la noción del hacer político racional entendido como el procesamiento de las contradicciones sociales y hace énfasis en la diferenciación, calificándola, cuando alcanza excelencia como un arte de expresión compromisoria: “Es valiosa por la recuperación que hace de dos rasgos del carácter racional de la actividad política fundamentales de ese quehacer que llevado a la excelencia se convierte en arte: el carácter racional de la actividad política y la naturaleza conflictiva de la vida social. Por esto, la degeneración banal de la política que han consumado sus profesionales, devenido hoy en antipolítica. En actividad mercadológica carente de ideas”.

Al final es bueno resaltar, que Romano Guarnini recogió en una síntesis hermosa, el significado de la política como expresión del compromiso vital, mas allá de todo egoísmo tremendista, personalismos de vedette, o voluntarismos franquiciarios: “no pensar la vida en función de la política, sino pensar la política en la forma misma de la vida”. Buena cita para la reflexión en esta hora de crisis patria.

Hoy y ahora, cuando nos disponemos a participar en las elecciones del 26 S, es saludable hacer énfasis en la necesidad de la unidad perfecta, sin rendijas para el divisionismo, que requiere sumar inteligentemente a toda la disidencia que late descontenta en el chavismo, de convencer a esa especie rara que se cobija en el niniismo, a los voceros del derrotismo, a la oposición es necesario llenarla de pueblo, para ello hay que trabajar duro y convencer de un mañana con futuro y sin miedos, por ello permítaseme esta larga cita de Proudhon, dirigida al estomago, corazón e hígado de la gente: “El pueblo, por su misma inferioridad y su constante estado de apuro, formará siempre el ejército de la libertad y del progreso: el trabajo es por naturaleza republicano; lo contrario implicaría contradicciones. Pero a causa de su ignorancia, del carácter primitivo de sus instintos, de la violencia de sus necesidades, de la impaciencia de sus deseos, el pueblo se inclina a las formas sumarias de la autoridad. No busca garantías legales -no tiene idea de ellas y no concibe el poder que tienen; tampoco una combinación de mecanismos ni un equilibrio de fuerzas-, para sí mismo no las necesita; busca un jefe cuya palabra le inspire confianza, cuyas intenciones le sean conocidas, cuyas fuerzas todas se consagren a sus intereses. Da a este jefe una autoridad sin límites, un poder irresistible. El pueblo mira como justo lo que cree ser útil, se burla de las formalidades; no hace caso alguno de las condiciones impuestas a los depositarios del Poder público. Predispuesto a la sospecha y a la calumnia, pero incapaz de toda discusión metódica, no cree en definitiva sino en la voluntad humana, no espera sino del hombre, no tiene confianza sino en sus criaturas, in principibus, in filiis hominum. No espera nada de los principios, únicos que pueden salvarle; no tiene la religión de las ideas.”

Llego la hora de cambiar, como aconseja el siempre vigente Pompeyo Marquez, mas allá de lo electoral y de la propuesta legislativa, llegó la hora del frente nacional para preparar la transición, alejada de dogmatismos como toda pluralidad, inclusiva para el reencuentro, con justicia y sin venganza. Es el momento de la política grande. Los agoreros y los rebullones, se quedaron con los espantos de sus palabras, la Mesa de la Unidad, tejió con éxito trama y urdimbre, mientras los nuevos notables rescatan de los 80tas sus cañonazos contra la partidocracia, hoy con juguetes bélicos comprados a precios de remate, antes que los decomise el Indepabis.

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