Opinión Nacional

Interpretando a Chávez

Si el capitalismo puede sintetizarse en los tres rasgos globales que lo
caracterizan, como son: (i) relaciones de producción basadas en el mercado,
producto de la confrontación de los intereses específicos de las clases que
lo generan, (ii) sistema político establecido para mantener las relaciones
de dominio de las clases que dominan el mercado, las cuales se expresan en
una forma de gobierno conservadora, reformista y cupular, y (iii) la
cultura, como consecuencia del mercado y la manutención estructural, es la
vía para perpetuar el flujo racional del mercado activando los mecanismos
más sutiles y talentosos de alienación al colectivo; si estos son los rasgos
generales que definen al capitalismo, por oposición podemos también
sintetizar, en tres rasgos fundamentales, los signos que identifican al
socialismo.

En primer lugar, (i) el modo de producción se basa en el Bien Común del
colectivo nacional, y no en el mercado cuyo fin ulterior y razón de ser es
la maximización del beneficio; (ii) el modelo político es la democracia
directa (sinónimo de protagónica, participativa, auténtica, solidaria), cuya
racionalidad es la transferencia de la toma de decisiones a la comunidad
organizada sin intermediación de ningún ente complementario; y, (iii) como
consecuencia de las dos características anteriores, surge el sistema
cultural sustentado en la emancipación del pueblo, a fin de alcanzar los más
elevados niveles de libertad, autonomía, independencia y autosuficiencia.

Si le hacemos seguimiento a las ideas que promulga el Presidente y si nos
adentramos en su intención filosófica de crear no solo una nueva tesis
política como es la del SSXXI, sino que además escrutemos su motivación
innata de inventar categorías que signen la historia con modos frescos y no
marchitos para interpretar el mundo y vivir la vida, me atrevo a delinear
algunas ideas que motiven y generen reflexiones y estudios de los seres de
buena voluntad para alcanzar definiciones apropiadas en la coyuntura actual.

Esto me lleva a buscarle sustento a la diferencia expresada arriba en lo que
respecta a los modos de producción, dadas las condiciones económicas,
políticas y culturales muy particulares de la realidad venezolana con
respecto al concierto de naciones. Considero entonces que la producción
socialista basada en el Bien Común demanda a su vez desarrollar tres líneas
maestras: (i) determinar las necesidades reales del colectivo nacional a fin
de redireccionar la producción. Esto se concreta al eliminar los productos
inventados por el mercado y se neutralicen los efectos alienantes de la
creación de necesidades ficticias que obligan a la sociedad a consumir de
manera compulsiva, inducida y etérea;
(ii) reemplazar la categoría beneficio por la nueva condición de la
producción socialista como lo sería la de remuneración compensable. Lo
explico así, el beneficio es una de las leyes del mercado capitalista que
justifica su verdadera racionalidad. Su fin es maximizarlo hasta el
infinito, destruyendo a quienes traten de compartir espacios afines. En
contraposición y atendiendo la etapa de arranque del socialismo, la
remuneración compensable sería entendida como la retribución por los
servicios prestados o productos elaborados, correspondiente al estipendio
que resulta de la suma de los costos y la gratificación no especulativa ni
usurera (contrario a la acumulación sin límites del capital) para satisfacer
esfuerzos (energía y talento) y expectativas de objetivos individuales o
grupales justos y razonables. La gratificación se fracciona en dos partes
porcentuales. Una, la mayor, va al individuo o grupo correspondiente a sus
esfuerzos (energía física, espiritual y necesidades biológicas propias de la
condición humana) y la otra, menor, a la comunidad o entidad a la cual
pertenece y que le ha facilitado incorporase al circuito productivo. Creo
que en las profundidades del estudio del capital cuyo máximo exponente es
Carlos Marx podemos encontrar elementos suficientes que al relacionarlos con
la realidad concreta del siglo XXI, se invente la fórmula para teorizar,
verificar y materializar esta categoría.

Finalmente, la tercera línea maestra es la nueva forma de la distribución
del producto que se haría con base en la creación de las redes alternativas
socialistas. Como sabemos la distribución en el mercado capitalista se
organiza en componentes unitarios, individuos o asociaciones, cuya parcela
de acción constituye en sí una propiedad y en consecuencia permite la
discrecionalidad de su juicio para determinar los precios. El beneficio es
prácticamente una decisión individual basada en la dimensión de su ambición.

Esto, por supuesto, que genera una espiral ascendente y constante en la
medida que el producto pasa de parcela en parcela. Al llegar al comprador su
precio se ha multiplicado tantas veces como parcelas beneficiadas existan.

En contraposición, el mercado socialista debe estimular las redes
alternativas de manera que el producto llegue lo más directamente posible al
genuino comprador. De allí la necesidad de entender que el socialismo es un
sistema de fundamentación humanista y no pragmático materialista como el
capitalismo y, por lo tanto, prevalece el Bien Común que es la solidaridad,
confraternidad y amor hacia el prójimo. Esto es parte de la investigación
que hago actualmente para contribuir con la construcción del SSXXI.

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