Opinión Nacional

La agonía de la Revolución

Aunque el nombramiento de Diosdado Cabello como Presidente de la Asamblea  para el período 2012 ha dado lugar a varias lecturas y por lo tanto a diversos comentarios, lo que parece indiscutible es que la ¨revolución¨  socialista en dirección a la Cuba de los hermanos Castro, puede experimentar un duro golpe o por lo menos un frenazo, si el ascenso del más alto representante de la ¨derecha endógena¨  es producto de una imposición militar y no una decisión soberana del Comandante Presidente, quien hasta estos momentos no consultaba sus resoluciones y menos aceptaba imposiciones.

            De ser cierto que Diosdado Cabello representa un poder militar que le da apoyo al Presidente de la República y que le ha sido incondicional hasta que apareció el fantasma de la sucesión, por los conocidos motivos de salud del Comandante en Jefe, podemos estar frente a la agonía de la llamada revolución socialista del siglo XXI, a pesar del nombramiento del General Henry Rangel Silva como Ministro de la Defensa, porque este alto cargo ha perdido parte de sus antiguas y constitucionales funciones, cuyo poder  depende más del prestigio de quien lo ejerce y de su influencia en toda la institución armada. Y ese no parece ser el caso de Rangel Silva, no sólo por los cuestionamientos que le han hecho sectores democráticos nacionales e internacionales  por su supuesta vinculación con las FARC y como consecuencia de ello al terrorismo y al narcotráfico, sino también  por sus manifestaciones antidemocráticas al afirmar que la Fuerza Armada no reconocerá la victoria de la oposición, porque tanto él como la Institución Armada están casados con el proyecto personalista y fidelista de Hugo Chávez.

         Diosdado Cabello ha tenido una conducta política de total incondicionalismo con Hugo Chávez, pero siempre se le ha señalado, más que como socialista, de haber acumulado  un gran poder económico mediante el tráfico de influencias,  y vinculado con un grupo militar formado en lo fundamental por miembros de su promoción, que ostentan mando de tropas, y quienes serían los que lo impusieran como Presidente de la Asamblea y un cercano sucesor de Chávez, aunque sin despejar todavía quien será el próximo Vicepresidente. Este último puede ser chavista y fidelista, pero si no tiene apoyo militar lo pueden poner de lado a la hora de una posible crisis política.

         El poder militar pone en agonía a la ¨revolución¨ cívico-militar chavista. Los estalinistas que se apoyaron en Fidel Castro y en una fraseología dogmática que le sonaba a revolución a los oídos del Comandante Presidente, fueron enviadas a varios Estados como candidatos a gobernadores, y aunque allí podrían jugar un importante papel como jefes de campaña de Hugo Chávez y seguir disfrutando de los beneficios que les ha otorgado el máximo jefe, están muy lejos de una posible sucesión presidencial en caso de que el cáncer le impida a Chávez continuar al frente de la Jefatura del Estado.

         Cualesquiera sean las causas que llevaron a Hugo Chávez a encumbrar  nuevamente a Diosdado Cabello, los ganadores en lo interno del PSUV y del propio gobierno son los llamados boliburgueses, nuevos ricos  o  consumistas que ya pasaron de las urbanizaciones de clase media baja hacia las del este de la gran Caracas, y hoy controlan gran parte del mundo financiero nacional.

         Y cualquiera sea la política que trate de implementar Diosdado Cabello, la Alternativa Democrática consolida su vigencia, porque su norte sigue siendo la unidad y reconciliación de los venezolanos en un régimen de libertades públicas; la sustitución de un gobierno personalista, militarista, a sabiendas de que hay militares civilistas y civiles militaristas, estos últimos no sólo inclinados a la represión contra la oposición, sino también al culto a la personalidad; la Alternativa Democrática se enrumba hacia un gobierno de amplitud, respetuoso de los Derechos Humanos, de la independencia de los Poderes Públicos y de la participación de todos los sectores democráticos, incluyendo a chavistas no responsables de delitos de lesa humanidad. De allí que el instrumento para alcanzar estos objetivos sigue siendo la Unidad más allá de los partidos políticos, para escoger un candidato en las elecciones primarias del 12 de febrero, que reciba el respaldo de todos los que creemos que lo fundamental es alcanzar un régimen democrático, cualquiera sea el ganador en febrero, para enfrentar y derrotar a Hugo Chávez o su relevo escogido a dedo por él mismo, el 7 de octubre del presente año.

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