Opinión Nacional

La cortina mediática

La verdad es cruel, pero puede ser amada, y hace libres a aquellos que la han amado.
George Santayana, Little Essays (1920)

En octubre de 2003, Bangkok fue la sede de una reunión de delegados de APEC (Asia Pacific Economic Cooperation). Como parte de los preparativos, el gobernador Samak Sundaravej mandó poner una pancarta de 360m de largo y 10m de alto con la frase «Una Calurosa Bienvenida a Tailandia a Todos Los Delegados de Apec» junto a la imagen del impresionante conjunto arquitectónico del Templo del Buda Esmeralda y el Gran Palacio. La función de la enorme pancarta, más que saludar a los invitados, era tapar un barrio pobre que crece como mala hierba a la orilla de un río. Para complementar el acondicionamiento urbano, los mendigos, indigentes y perros callejeros fueron echados de la ciudad y a los empleados del gobierno se les ordenó quedarse en sus casas para aliviar el pesado tráfico.

Cuando los gobiernos no son capaces de cambiar la realidad tratan de taparla o disfrazarla, con la esperanza de que sea suficiente. Mantener esa ilusión requiere de la colaboración de los ciudadanos quienes, como en el teatro o el cine, tienen que dejarse llevar y aportar lo que se llama “suspensión de la incredulidad”. Pero si hay alguien que llama la atención sobre los defectos de la escenografía, sobre los diálogos ridículos o sobre las incongruencias de la historia, es difícil crear la ilusión que se busca, por mejor disposición que tengan los asistentes al espectáculo.

Muy lejos de la argumentación legal que se ha montado a posteriori sobre la decisión de no renovar la concesión a RCTV, significativamente anunciada en medio de una pataleta presidencial, la verdadera razón de fondo para sacarla del aire es que la estación de Bárcenas cumplía con el fastidioso papel de hacer ver los obvios defectos de la epopeya chavista. Tan caprichosa fue la medida que después han llovido justificaciones adicionales para tratar de hacerla lucir seria y razonable. Empezando por un golpismo que el gobierno jamás ha intentado probar hasta llegar a un llamado al magnicidio voceado hace poco por el Vicepresidente. De ser ciertas sus acusaciones, la falta de acción de los funcionarios responsables (porque competentes no hay por ninguna parte) debería convertirlos en cómplices o encubridores de esos supuestos delitos.

Sin embargo, existen suficientes pruebas de que los representantes del oficialismo no consideran necesario que sus argumentos sean sólidos ni sustentables. El estilo Chávez de ejercer el poder, con prepotencia y llamando a aplastar a quienes se opongan, los ha llevado a este punto donde, en lugar de argumentar, simplemente “argumienten”.

Quienes respaldan el caprichoso abuso presidencial consideran que las normas son para regular el comportamiento de los demás. Sus justificaciones ad hoc lo dejan bien claro: hay que cerrar RCTV porque se metió con el Presidente (pero el Presidente, que cuenta con una ley para encarcelar a quien lo haga sentirse insultado, ofende a quien quiere, en cadena nacional y sin consecuencias); porque pasó “pornografía” (pero el lenguaje oficial asume la escatología cuando mejor le provoca y sin consecuencias); porque la programación es mala (mientras la pésima programación de sus canales no le molesta a casi nadie sólo porque casi nadie los ve); porque ya tienen suficiente tiempo y deben darle oportunidad a otros (pero ellos promueven la reelección indefinida); porque han despedido a gente injustificadamente y no les han pagado lo que les correspondía (pero no protestan por los 18500 despedidos de PDVSA sin prestaciones ni caja de ahorros; ni por los 3000 que saldrían de RCTV); y cosas por el estilo.

El pronunciamiento de Rhona Ottolina (“porque botaron a mi papá”) ayuda a explicar la cortedad de sus logros como dirigente política. La Sra. Ottolina se deja llevar por sus resentimientos y no consigue ver que la distancia entre un empresario despidiendo a un empleado, por más injusta que sea la situación, y un gobierno que cierra una emisora es la misma que hay entre un delito común y una violación de los Derechos Humanos. La molestia por el delito no justifica celebrar la violación.

El cierre de Radio Caracas Televisión permite que caiga sobre el país una cortina electromagnética que no sólo tapa lo que por conveniencia el gobierno no quiere cambiar sino que sirve para proyectar las imágenes falsas de lo que su incompetencia no le permite lograr: disminución en las cifras de homicidios, pobreza y desempleo; abastecimiento, atención hospitalaria adecuada. La programación de loss medios será un gran “infommercial” del chavismo. Nos volvemos un país espejismo. Un país en el cual para no tener un pelo de tonto basta afeitarse al rape.

Cuando el Espejo Mágico le dijo que Blancanieves era la más bonita la Reina la mandó a matar. Si le hubiera dicho que había 300 mujeres más bonitas que ella probablemente hubiera optado por romper el espejo. Algo así fue lo que decidió hacer el presidente Chávez.

No hay peor ciego que el que no quiere oír.

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