Opinión Nacional

La legitimidad

La Wikipedia, ese diccionario extraordinario del internet que se crea con las contribuciones de voluntarios y usuarios, describe a la legitimidad, en términos políticos, como “la capacidad que permite ejercer el poder
(%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Poder»,»Poder»)%), sin necesidad de recurrir a la violencia (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Violencia»,»Violencia»)%) .”

El nuestro es aun un gobierno legítimo, pero en su soberbia y dogmatismo lamentablemente creyó necesario hacerse acompañar de la violencia, no solo en el discurso, desde el momento mismo de jurar la Presidencia sobre una “constitución moribunda” , sino también en la proyección de fuerza y en la discriminación de los que lo adversan, socavando así su legitimidad de origen con un ejercicio autoritario del poder, y ahora con una propuesta de “reforma” constitucional que le cambiaría la vida a todos y cada uno de los venezolanos. Casi vez más usa la mentira y el miedo para mantenerse en el poder y copar espacios que aun no controla, y ha olvidado por completo su primera plataforma electoral de erradicar la pobreza y combatir la corrupción. A pesar de ello la minoría que no comparte el ideario político del Presidente había continuado reconociendo la legitimidad del gobierno porque, mal que bien la no reelección permitía abrigar la esperanza de que la acumulación de errores del gobierno – que han sido graves y muchos – muy bien podía llevar a que esa minoría se volviese mayoría, asegurando un relevo democrático y pacífico en el poder. A pesar también de los discursos incendiarios del Presidente (“Esta es una revolución armada, y vino para quedarse”) y del sistemático socavamiento de las instituciones democráticas.

La presentación de la propuesta de reforma constitucional ha acabado con esa esperanza y constituye el acto de violencia más ultrajante de todos. Tanto así que los promotores del proceso bolivariano que piensan con cabeza propia la han denunciado de la manera más categórica y han llamado a votar NO. Cuando el General Baduel denuncia un golpe de estado a la Constitución vigente y la posible confiscación del poder constituyente del pueblo por el Ejecutivo y el Legislativo, pone el dedo en la llaga y se erige en defensor de la capacidad del estado y del gobierno de ejercer el poder sin recurrir a la violencia. En verdad le hace así un favor al Presidente, quien seguirá siendo Presidente de la Republica Bolivariana hasta el 2012, aun si su propuesta es derrotada. Presidente legítimo, además.

Hay ciertas cosas, sin embargo, que la simple presentación de la propuesta habrá cambiado para siempre. El deslinde entre los que estaban con el proceso de cambio bolivariano (pero no socialista) por convicción, y los que oportunistamente son solamente incondicionales del líder máximo ya ha transformado la naturaleza del proceso que se pretende impulsar, así como la del mismo gobierno. Si algo le quedaba a este gobierno de proyecto de nación, de idealismo, ahora lo ha perdido. Estamos ahora en presencia de un proyecto de poder puro y duro, cementado en la complicidad y en el sometimiento incondicional, y que pretende eternizarse imponiendo un sistema totalitario y necesariamente represivo.

El gobierno, muy conciente de que el carácter radical de su proyecto político ineluctablemente generara cada vez mas oposición, parece pensar que su legitimidad se mantendría incólume si una nueva Constitución autorizara al estado a recurrir a la violencia para ejercer y mantenerse en el poder por siempre mediante la confiscación del poder constituyente del pueblo, como bien dijo Baduel. ¿A quién cree que engaña, aparte de a sí mismo? Además, las disposiciones restrictivas de los derechos individuales afectarían a todos los venezolanos, incluyendo naturalmente a los hoy chavistas, y cabe pensar que probablemente no continuarían siéndolo por mucho tiempo más. La “reforma” constitucional pretende someter a ciudadanos libres a los dogmas de un estado totalitario y de un partido único, y al arbitrio de un gobernante absolutista que no le rinde cuentas a nadie. Para siempre. Nadie en sus cabales puede estar a favor de eso, y quien se informe y lo comprenda inevitablemente votará en contra.

De la manera en que surja una nueva mayoría a favor del cumplimiento de la Constitución de 1999, sin modificaciones, y cuya conformación ha recibido un impulso extraordinario por el llamado del General Baduel a votar NO, dependerá si el nacimiento de una nueva etapa política signada por la democracia será pacífico o violento. Si cuaja antes del 2 de Diciembre su existencia será inocultable, y no habrá maniobra que pueda escamotear una victoria del NO. El Presidente concluirá entonces el mandato para el cual fue electo, pero limitado en el ejercicio del poder por una nueva y verdadera vigencia de la constitución actual, muy probablemente apuntalada en el restablecimiento del equilibrio de poderes. Un buen escenario para todos, me atrevería a decir que también para el Presidente, quien tendría una excelente oportunidad de rescatar sus credenciales democráticas.

El llamado de Baduel ha abierto para Venezuela una posibilidad real de reconciliación entre los venezolanos, y de reiniciar en democracia y en paz la construcción de una sociedad solidaria que erradique la pobreza. Así retomaríamos también el camino hacia una nueva legitimidad democrática. El deslinde dentro del chavismo no ha concluido, y falta ver si de aquí al 2 de Diciembre queda como un simple riachuelo o se vuelve una avalancha, que probablemente solo se revele el día del voto. Sin embargo, la velocidad que ha adquirido es grande, y quienes saltan la talanquera hacia el NO, actividad por lo demás muy honorable en los días que corren, se encuentran en una piscina cada vez mas llena. Cuatro semanas es mucho tiempo en política.

Hoy están dadas las condiciones para una confluencia de los moderados de ambos lados que logre conformar un bloque del NO mayoritario, y resolver así pacíficamente la grave crisis de gobernabilidad que amenaza con despedazarnos como nación. Hay razones para nuevamente tener esperanza.

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