Opinión Nacional

La liberación está en marcha

Finalmente los venezolanos y quienes en el mundo siguen de cerca el proceso que sufren, han tomado conciencia plena de los estragos causados por la arremetida incontenible de la destrucción y el caos del régimen que preside Hugo Chávez. La incertidumbre se despeja. No habrá solución a ninguno de los problemas existentes mientras gobierne. Todo lo contrario. El proceso revolucionario a la cubana llega a un punto de quiebre que lo obliga a profundizar en su empeño tiránico o a retroceder abriendo juego hacia la convivencia y el pluralismo. Ha tomado el primer camino sin percibir que se coloca de espaldas a la inmensa mayoría de un pueblo que rechaza el comunismo, la presidencia vitalicia, el centralismo y, por supuesto, cualquier intento por limitar o eliminar los valores vinculados a la libertad en cualquiera de sus manifestaciones. Una de ellas, fundamental para la existencia de la democracia, es la libertad de expresión. Radio Caracas Televisión, RCTV, está siendo víctima de un crimen que se ejecuta a sangre fría, con premeditación, alevosía, ventaja y una infinita dosis de perversidad. Una verdadera conspiración amparada en el abuso descarado del poder que lleva a los gobernantes a pisotear las leyes y normas establecidas, incluidos letra y espíritu de una Constitución que no sirve para nada. El régimen se burla de todo y de todos sin darse cuenta que la extraordinaria dosis de concentración de poder político y económico, administrado sin controles ni frenos éticos, es la causa mayor de la descomposición acelerada que terminará por liquidarlo más temprano que tarde.

La Venezuela noble y confiada de siempre ha hecho todo lo posible por diferir la confrontación definitiva. Muchos quisieron creer en espejismos con la ilusión de la convivencia o salidas electorales probadamente fracasadas. Ahora todo está claro. Mientras Chávez sea presidente será imposible. No habrá paz, ni progreso, ni seguridad de las personas, ni de los bienes, ni crecimiento económico, ni trabajos estables y bien remunerados, ni libertad económica, ni de expresión, ni relaciones armónicas con la institucionalidad democrática de América y el resto del mundo, ni defensa real de la soberanía, ni de la integridad territorial ante los embates del narcotráfico y la subversión extranjera hoy aliados abiertos y encubiertos del régimen.

Esa Venezuela, fatigada y harta de tanto conflicto, de la siembra de odio y racismo de este tiempo trágico, sale del temor que había tenido a dejar la dulce tibieza de la comodidad. Hoy está dispuesta a asumir los riesgos y peligros de la lucha para cambiar radicalmente las cosas. Chávez pudo ser un apóstol y modelo de entrega y de servicio. Pero, por el contrario, es un paradigma de cobardía, de inconsecuencia, de falta de sinceridad. Un verdadero fraude. No hay principio ético, ni razón moral, ni disposición legal que obligue a aceptar el disimulo, la mentira y la ajuricidad como gobierno. No puede ni debe continuar.

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