Opinión Nacional

La llegada del procónsul

Según la definición del diccionario, procónsul es el nombre que se les atribuía a los cónsules al ser designados por el poder imperial para ejercer el gobierno de una provincia sobre la que asumían  el poder militar, civil y jurídico. En términos más contemporáneos, es el personaje que ejerce en una provincia o una colonia, un poder absoluto y sin control.  A todas luces, estas son las atribuciones que Fidel Castro le ha confiado a Ramiro Valdés. La versión oficial de que ha venido a dirigir una comisión técnica para enfrentar la crisis eléctrica que sufre el país, no se sostiene, pues cabría preguntarse por qué no ha resuelto la penuria de la electricidad en Cuba en donde alcanza visos dramáticos. Pretender que un personaje de la jerarquía del comandante Ramiro Valdés se instale en Venezuela a la cabeza de una delegación para resolver problemas de ingeniería eléctrica, sobre todo, proviniendo de un país en donde la penuria de energía eléctrica es cotidiana, mueve a risa.

 Ramiro Valdés es  actualmente ministro de Informática y de Comunicaciones, – un espacio vital  para cualquier régimen totalitario-, también vice-presidente del Consejo de Estado, vice-presidente del consejo de Ministros, miembro del Buró Político del Partido comunista, además, de ostentar el título que confiere la pertenencia a la cúspide de la pirámide de la oligarquía castrista;  comandante de la Revolución y Héroe de la República,.

Para que Fidel Castro, quien lleva directa y personalmente el manejo y la asesoría del gobierno de Hugo Chávez, decidiera enviar a Venezuela un procónsul de ese nivel, significa que consideró necesario una presencia de alta jerarquía y competencia, debido a la situación de crisis que enfrenta su pupilo venezolano. La llegada de Ramiro Valdés coincide con el cambio de gabinete, y la puesta en órbita de “verdaderos revolucionarios” para crearle las condiciones al el procónsul contar con gente de “patria o muerte”.

El teniente-coronel ha logrado defenderse y capear temporales delicados, gracias a la comunicación permanente con Fidel Castro y con los asesores cubanos que controlan gran parte de la administración, del gobierno y de las Fuerzas Armadas.  En La Habana, en donde tienen muy bien estudiada la psicología del venezolano, se sabe que con un manifestante asesinado desde una moto por un desconocido, se puede paralizar un movimiento de protestas. Pero resulta que en las últimas semanas, se ha demostrado que, en particular los estudiantes, se está pasando a una nueva fase de lucha; se ha logrado mantener un discurso más coherente, y, pese al acoso a los alcaldes y gobernadores de oposición, la existencia de esos espacios ha generado un sentimiento de seguridad que antes no existía en el seno de la oposición. Se está aprendiendo a hacer política, al mismo tiempo que el descontento, y la situación económica, la degradación de la vida, la inseguridad creciente, está llevando a un situación con visos insurreccionales.

No ser equiparado con las dictaduras latinoamericanas, siempre ha sido una de las mayores preocupaciones de Fidel Castro, porque haría derrumbar el mito de la Revolución. Ha reprimido más que cualquier régimen dictatorial del continente, ha establecido una dictadura vitalicia, la más cruel de la historia de esa parte del mundo, que tiene record mundial de longevidad, y que convertida en una monarquía de hecho, pues impuso una línea de sucesión según ese mismo modelo. Longevidad que se explica por la calidad del control y de la represión que ha impuesto el castrismo a la sociedad cubana. Sin temor a equivocarnos, la represión en Cuba es el mayor logro de la Revolución; es una materia en la que el castrismo ha logrado un grado indiscutible de excelencia y ello se le debe en gran medida a las dotes de represor del comandante Ramiro Valdés que aplicó, desde el comienzo del régimen una represión sutil, discreta, silenciosa, poco visible, dotada de métodos modernos.

Ramiro Valdés, ha participado en todos los episodios emblemáticos de la Revolución: participó en el asalto al cuartel Moncada, fue expedicionario del Granma, veterano de la Sierra Maestra, en donde se ganó el grado de comandante, desde la toma del poder ocupó cargos de responsabilidad militar, relacionados con la represión. Como Ministro del Interior, de 1961 a 1969, liquidó físicamente la primera oposición que surgió en la isla contra el castrismo, que fue bastante numerosa, convirtiéndose para los cubanos en el símbolo del terror. Se ensañó particularmente contra la juventud; los jóvenes eran apresados por llevar pelo largo, pantalón con pata de elefante o minifalda o escuchar a los Beatles. Bajo su inspiración, se crearon las Unidades Móviles de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajo donde eran concentrados: jóvenes rebeldes, homosexuales, lesbianas, testigos de Jehová, o quienes ostentaran “debilidades ideológicas”.

En aquella época Cuba era frecuentada por la intelectualidad del mundo entero, pero nadie se enteró de la represión que azotaba a los cubanos, pues era invisible, sin embargo era masiva. Fue el período en que hubo hasta 70.000 presos políticos en la isla. Ramiro Valdés fue segundo jefe, el jefe era Ernesto Guevara, de la temible Cabaña, en donde se practicaban los fusilamientos.

Una vez liquidada la oposición, Ramiro Valdés continuó ocupando cargos de alto nivel en la jerarquía del régimen. De 1969 a 1972, fue vice-ministro de las FAR. De 1979 a 1985, volvió a ejercer el cargo de Ministro del Interior, en un período que, precisamente, coincidió con una atmósfera de malestar y  de protesta en la populación. Luego convertido en militar–empresario, pues las Fuerzas Armadas, bajo la instigación de Fidel Castro, se convirtieron en el poder económico de la Isla: encargado del grupo empresarial Copextel, importador de material de informática, se convirtió en un potentado próspero. Convertido en un poderoso hombre de negocios, se le supone dueño de empresas internacionales, inmobiliarias y turísiticas.. También ha ejercido el papel de intermediario personal de Fidel Castro ante el gobierno chino.

Hoy como Ministro de Informática y de comunicación, detenta un poder estratégico de primer orden, encargado de las restricciones que el régimen ha impuesto al uso de Internet, la elaboración de fichas de identidad, de establecer fichas de control de todos los cubanos: disidentes o no.

En tanto que vicepresidente del Consejo de Ministros y Vice-presidente del Consejo de Estado, es el tercer hombre en la jerarquía del régimen, y en la línea de sucesión, pudiendo suceder a Raúl Castro, como es sabido de salud frágil debido a su alcoholismo notorio. Austero, perfil bajo, bien conservado, designado como procónsul encargado de la buena marcha de la “revolución bolivariana”, presidió la delegación cubana que asistió a la retoma de poder de Evo Morales el 21 de enero. Fue también Ramiro Valdés quien representó al gobierno cubano en el homenaje que le rindió Hugo Chávez a la Revolución cubana por su cincuenta aniversario, en el Panteón Nacional.  Es evidente que Fidel Castro le está otorgando una visibilidad y un poder de representación que nunca tuvo, pues Ramiro Valdés siempre ha actuado a la sombra.

La presencia oficial de un procónsul cubano de ese perfil en Venezuela, le hará la tarea más ardua a los demócratas venezolanos. A partir de ahora Venezuela será sometida a un régimen de control y de represión sofisticado, difícil de imaginar y de discernir. ¿Logrará doblegar el carácter levantisco de los venezolanos como lo logró en Cuba?.

Subsiste la esperanza de que en América Latina los castristas, pese a las tragedias que han suscitado, siempre han terminado fallando.

Si Hugo Chávez no fuera tan ingenuo en materia castrista, no debería sentirse muy seguro en la cercanía de semejante máquina de poder, porque es evidente que no da la talla.

 

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