Opinión Nacional

La noche que silenciaron los micrófonos

Chávez ordeno a la tinterilla iletrada que humildemente preside la Fiscalía General, presentar a la Asamblea Nacional para su discusión la Ley Mordaza con el claro propósito de censurar y penalizar los medios de comunicación, para que no difundan el fracaso estruendoso de 10 años de incompetencia, ignorancia, despilfarro y corrupción, que lo erosiona y socava.

Para muestra un botón, no han podido construir en ese lapso las viviendas que edificaba en un año con menos recursos el peor de los gobiernos democráticos. Han volatilizado 800.000.000.000 dólares y la demostración de la inversión es solo constatable en el costoso tren de vida rica exhibido sin pudor por monaguillos y sacristanes de la farsa del socialismo nacional que más es nacional socialismo.

La ignorancia es audaz y más cuando es cobarde, entonces se disfraza con arrestos de valor despótico. Revestida de rojo mercenario, amenaza, hostiga, persigue y castiga la discrepancia obedeciendo a su mandante. Con la Ley Resorte solo lograron acallar a los pusilánimes, miedosos y caguetas. Ante la rebeldía de la disidencia era necesario otro giro de tuerca y el “supremo” ordenó «a ojos bonitos’ y a la «humilde», cerrar emisoras de radio y acabar con los circuitos, después impondrán limitaciones y sanciones a la tv satelital, la prensa escrita, Internet y hasta la radio bemba que funciono también contra la dictadura de Pérez Jiménez y a continuación se arreciara la represión, mas allá de las listas que Chávez ordeno a Tascón, Ramírez, Cabello y Morales.

El cierre de las 34 emisoras es una vil masacre incruenta – no como la de VTV el 4 de febrero – con el objetivo de alcanzar lo que un adulante en ejercicio «delató» como «hegemonía comunicacional», herramienta estratégica para imponer el “Sucialismo del Siglo XXI” y al mismo tiempo evitar con la mordaza, la difusión de sus relaciones con las FARC, los negocios de la mafia en el poder, el trafico de drogas, la inseguridad, el desempleo, la escasez, la especulación y la impunidad.

Chávez ya no puede seguir avasallando al país en democracia, el cuero seco se levanta por todas partes, la Ley de Telecomunicaciones y la Ley Resorte no le bastan, requiere un instrumento penal, carcelero, de censura que sea discrecional, expedito y cuasi formal, que le permita el control, la limitación o supresión de la expresión de ideas y opiniones en los medios de comunicación social que difieren del régimen.

Diez años de reality show son suficientes para el cansancio y el desengaño, en el aire flota marchita una revolución de palabras, de acto cultural, de escenario, de set de filmación. Se ha desgobernado en nombre del pueblo, sin el pueblo. El ambiente se enrarece, se agudizan los conflictos internos y externos, necesitan avanzar y pierden terreno, no pudieron lograr lo que expresó con fortuna Antonio Elorza; «El icono y el grito se impusieron sobre la palabra. De ahí el papel innovador de los totalitarismos en la creación de la imagen política tanto en la vertiente de la eliminación y deformación de un adversario satanizado, como la exaltación del líder carismático», ahora solo les queda la marcha, a paso marcial, hacia la represión militarista monda y lironda.

Cerró Radio Caracas TV, tiene amenazada a Globovisión, cercada la prensa escrita critica, tiene a su disposición un mega latifundio comunicacional propio y otro privado, este subvencionado con pautas gubernamentales y aun así no han podido competir en la pluralidad del mensaje, el régimen le tiene pánico a la disidencia que corre en sus entrañas y trata de evitar la difusión del descontento popular que se multiplica. Teodoro dice que la ley censura es «un toque de zafarrancho de combate».

En diez anos Chávez no ha podido armar un aparato comunicacional regularmente eficiente, no ha dado pie con bola, su sentido de relación ínter personal, descansa en la obediencia ciega y sumisa, sigüi no puede liderar por su propia condición de subalterno, y el supremo sabedor de todas las artes no acepta a su alrededor a profesionales con sentido de su propio respeto y valía. No puede entender el origen de la metástasis que agobia al ayer denominado «proceso», resumida en su dialéctica esencial por Juan Luis Cebrián «Falla la política, la política de comunicación y la comunicación de la política», por cuanto es obvio no existe política.

Chávez tiene sus jardines del recuerdo, un cementerio de medios y jefes de medios gubernamentales; escombros y un montón de bagazos defenestrados o molidos por su propia obsecuencia e incapacidad. Convencido el teniente coronel que tiene perdida la batalla de la credibilidad y obcecado por una ideología de adolescente tardío, humilla públicamente, a la jefes de los demás poderes, ministros, presidentes de empresas del estado, y funcionarios del alto gobierno, para que obedezcan sus caprichos con presteza, frecuentemente en violación a normas del derecho positivo, las cuales generan responsabilidades administrativas, civiles y penales para quien las imparte y quien las cumple.

Ño Pernalete ya no disimula, se le ve el bojote, ni siquiera trata de simular que actúa de acuerdo a la normativa especial que rige la materia. A la machinberra, sin seguir el debido proceso el ayer el asustadizo teniente de abril, hoy envalentonado Mujiquita, se tiró al caldo 34 emisoras de radio y con ellas el sustento de un ingente numero de venezolanos. En nombre de la abstracción: “del pueblo y para el pueblo”, sé cometen delitos contra los derechos humanos, que afortunadamente no prescriben.

El editorial de El País del sábado pasado, diario con netas proximidades al socialismo español, advierte «La deriva autoritaria de Hugo Chávez es alarmante. Si algo deja claro la experiencia venezolana es que celebrar elecciones, y ganarlas, no basta ni mucho menos para garantizar un sistema democrático, sobre todo cuando se carece, como es el caso, de mecanismos compensatorios y las instituciones del Estado están al servicio del poder», el editorialista remata la faena con este mete y saca premonitorio «Chávez está cada vez más cerca de la dictadura».

El miedo, el temor, la angustia, la soledad, las sospechas de traición y deslealtad deben ser las preocupaciones diarias de «Tribilín», aunada al enfermizo sueño de no tener que hacer cadena nacional, por ser dueño exclusivo de todo el espacio radioeléctrico. Las preocupaciones matan y los sueños, sueños son.

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