Opinión Nacional

La reeleción perpetua y los argumentos de Cilia Flores

La Ciudadana Presidenta de la Asamblea Nacional, Diputada Cilia Flores, recibió el encargo del comandante supremo de la revolución de presentar al país la nueva forma de justificar su deseo de perpetuarse en el poder. Ahora le llamarán “reelección continua” o “sucesiva”, en vez de reelección infinita o indefinida como solemos llamarla quienes creemos en la alternabilidad democrática y en el equilibrio de poderes.

De por sí la señora Presidenta de la Asamblea no se ha caracterizado por ser una buena comunicadora, pero los conceptos emitidos para tratar de justificar la reelección indefinida del Teniente Coronel son dignos de ser resaltados, no solo por su poca calidad política, sino por su carente sentido de base jurídica, si se le estudia a la luz de los principios cardinales sentados tanto en el preámbulo, como el texto de la novísima constitución, que ya se quiere remendar.

La participación de la Presidencia de la Asamblea como cooperante en el deseo reeleccioncita del jefe del estado, es una demostración de cuan sometidos a los dictámenes del comandante están los demás poderes públicos, quienes ya no guardan ni siquiera las más elementales formas del principio de separación de poderes, sino que operan como agentes políticos del centro del poder.

Escuchar a la Señora Flores balbucear unos argumentos tan pobres para explicarnos porque solo el Comandante debe ser reelegido “sucesivamente” y “continuamente” nos apenas como venezolanos educados en los principios del estado de derecho democrático, y muestra en toda su dimensión el verdadero objetivo de la reforma constitucional.

Permitir que el militar Presidente se perpetúe en el poder es el único objetivo de la pretendida reforma constitucional. Para ello, la Presidenta de la Asamblea no haya que decir, a los fines de que los venezolanos lleguemos a la conclusión de que solo él, solo el Teniente Coronel, es el venezolano en condiciones de dirigir los destinos de la República. Gobernar la nación es una tarea tan compleja que solo el Teniente Coronel de Sabaneta recibió el don divino de gobernar, mientras Dios le permita estar entre nosotros, seres que deberíamos dar gracias a Dios por habernos enviado a este personaje dotado de ese don único para conducir los asuntos internacionales, las fuerzas armadas, administrar las finanzas públicas, y promover “el amor” entre todos los compatriotas. Más nadie puede recibir ese reconocimiento. Ni los gobernadores, ni los alcaldes, ni los parlamentarios. Para todos ellos debe preservarse las limitaciones actuales en cuanto a la posibilidad de reelegirse. Solo él, el ungido, debe recibir el parabién de modificar la norma constitucional, para que pueda Venezuela salvarse, gracias a presencia en la conducción del estado.

Esa es la esencia de la declaración que en nombre de un Poder del estado ha emitido nada más, ni nada menos que su Presidenta.

La verdad es que produce pesar, observar a estos personajes del chavo comunismo no percatarse por un momento de las magistraturas que ejercen, y desciendan a tal nivel de sometimiento y adulación, que terminen de destruir instituciones que deberíamos tener para el mejor desarrollo de nuestra patria.

Los venezolanos, sin distingos, debemos asumir a plenitud el desafío que tenemos planteado. No es otro que detener el avance de la dictadura, la cual se busca disfrazar con un manto de constitucionalidad, permitiéndole al Teniente Coronel reelegirse tantas veces como él lo desee y como su vida se lo permita. Es decir él quiere ser el clon del dictador cubano.

Todos sabemos que en Venezuela el Presidente de la República no es un jefe de gobierno cualquiera. Es un verdadero súper poder, sobretodo, luego de la aprobación de la vigente Constitución que destruyó la fuerza institucional del Poder Legislativo, y elevó como nunca las atribuciones constitucionales del Presidente.

Pretender comparar la reelección indefinida del Jefe del Estado y Jefe del Gobierno con las reelecciones de los jefes del gobierno en los sistemas parlamentarios europeos constituye un acto de piratería intelectual, pues no existe parangón alguno entre ambos modelos de conducción del estado y del gobierno.

Recorramos nuestros pueblos, nuestras comunidades para desenmascarar al aspirante a Presidente Vitalicio. Movilicemos el país para derrotar esta pretensión. Hoy, como no lo habíamos apreciado en los últimos tres años, este tema tiene claramente el rechazo de nuestro pueblo, y sobre ese rechazo debemos ir los demócratas para convertir dicha postura en una militancia de las grandes mayorías nacionales a favor de la democracia verdadera, vale decir a favor de las libertades, de la alternancia en el poder, de la vigencia de los derechos humanos, de la separación y equilibrio de los poderes.

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