Opinión Nacional

La última de algunos médicos

Hoy me aparto otra vez del tema sobre el cual habitualmente escribo, la economía, para tocar nuevamente otro que traté hace algo más de un año en un artículo en el que me quejaba de las interminables esperas con que algunos médicos y odontólogos torturan a sus pobres pacientes. Me voy a referir a una nueva variante de este tipo de escarnios, de cuyo uso me enteré hace poco.

Antes que nada debo hacer tres aclaraciones:

1) Como hay gente que tiene como hobby hablar mal de los médicos, cosa que no comparto en absoluto, declaro públicamente que más bien no solamente los respeto profundamente, sino que además los admiro, pues aparte de la abnegación que hay que tener para dedicarse a esa noble y sacrificada profesión, su trabajo requiere de tal nivel de constante concentración que debe resultar agotador y desgastante en extremo.

2) Cuando me quejo como lo hice en el mencionado artículo, y lo voy a hacer ahora, no me estoy refiriendo a los médicos, sino a fulano, mengano y perencejo, que incurren en las prácticas que mencioné y la que mencionaré ahora, y que igual me quejaría de cualquier persona que haga lo mismo, tenga la profesión que tenga. Lo que pasa es que, por ejemplo, en el caso que trataré hoy, yo no he visto esa práctica hasta ahora sino en médicos, pero igual sería censurable si ocurriera con profesionales de otra índole cualquiera.

3) Estoy plenamente consciente de que el que va a una consulta médica tiene forzosamente que estar preparado para esperar cierto tiempo, pues nadie puede pretender que si le dan una cita a x hora, y llega puntualmente, el médico lo esté esperando con la puerta abierta para verlo. No tengo ningún inconveniente en esperar una o dos horas, e incluso algo más, pero que no me pongan a esperar cinco horas porque sencillamente exploto.

La torturita de este tipo que hoy me ocupa, que según me informan ya están aplicando unos cuantos, es la siguiente:

Supongamos que el Dr. Lalo tiene consulta a partir de las 2 pm, y trabaja hasta las 9. Al terminar la jornada de trabajo, él o su secre dejan pegado en la puerta del consultorio un papel con digamos 14 espacios (el número de pacientes que ve por día) numerados del 1 al 14, en el que hay que anotarse durante la mañana siguiente, para que Lalo los vea en la tarde a partir de las 2, en el orden en que se anoten, de manera que uno puede más o menos calcular a qué hora lo atenderán, y programarse para llegar, pongamos por caso, una hora antes. De esta forma la espera se reduce enormemente respecto a la generada por el execrable sistema de «a partir de x hora, por orden de llegada». Muy bien.

Pero si bien es brillante la idea de que los pacientes sepan en qué posición de la cola para ser atendidos están, no tiene nada de brillante el que los hagan ir dos veces el mismo día al consultorio, porque lo que se economizan en la espera que tienen que hacer durante la tarde antes de que los pasen, se lo gastan con creces en el viaje adicional que se tienen que pegar en la mañana para anotarse. Total, que se les estropea a los pacientes el día completo.

Señores que utilizan este sistema: ¿Es extremadamente difícil hacer lo mismo de establecer un orden de atención para los pacientes, a fin de que la espera sea razonable y no eterna, sin necesidad de que éstos tengan que ir al consultorio en la mañana para anotarse? ¿Ustedes no saben que hace más de un siglo inventaron un aparato llamado teléfono, mediante el cual su secretaria puede elaborar la misma lista ordenada de pacientes para el día mediante simples llamadas, sin que éstos tengan que calarse 3 o 5 horas de tráfico, calenteras, etc., sólo para anotarse en un papel? La idea de usar el teléfono es tan absolutamente elemental, que pareciera que los que usan este sistema simplemente no soportan la idea de que sus pacientes no se tengan que jorobar en algo la existencia para tener el privilegio de asistir a sus consultas. Es como si dijeran: «en algo hay que fregarlos, no pueden irse lisos».

Amigos que atienden público en forma secuencial con citas como las de los médicos: por favor respeten el tiempo de la gente, pues para ellos es valioso, y recuerden que también son seres humanos de carne y hueso. Esperar excesivamente, sobre todo sin necesidad, es oprobioso y humillante; a ustedes no les gustaría que los obligaran a ello; entonces no se lo hagan a los demás.

 

 

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