Opinión Nacional

La unidad como sometimiento

Se ha hecho un lugar común afirmar que si los distintos sectores de oposición tuviésemos un candidato único, el triunfo estaría garantizado. No es una campaña nueva. Ya se decía lo mismo cuando las elecciones para gobernadores y alcaldes. En el caso de la Alcaldía Metropolitana los promotores de esta tesis respaldaban a Alfredo Peña y cuando ese candidato se retiró para nunca más volver, promovieron la abstención como solución, dándole la victoria a Juan Barreto. Predicaron lo mismo en las elecciones parlamentarias, presionando y convenciendo a muchos buenos aspirantes para que apoyaran a los de “la unidad” y después el cogollo que los mandonea retiró a “sus” candidatos y le dejaron los 167 escaños de la Asamblea Nacional al chavismo.

Esa élite que controla a algunos núcleos de la oposición, en especial a los mejor relacionados con los medios, ha conseguido en la consigna de la unidad una panacea. Así han mediatizado a los partidos, han inhibido a los dirigentes gremiales y sindicales. Les han castrado toda iniciativa. Si alguien formula algún planteamiento, lo acusan de “jugar adelantado”, significando con ello que nadie puede abrir la boca ni dar un paso hasta que los jefes no lo aprueben. Y es curioso porque gustan de publicitarse como los defensores de la libertad de expresión. Al parecer, es así, siempre y cuando se piense como ellos. De lo contrario, usted engrosa la lista de traidores, vendidos al gobierno, arrastrados a Chávez, personalistas y vanidosos de la política, individualistas a quienes para nada interesa la suerte del país, etc, etc, y todos los insultos de los que son capaces. Si usted pasa por el aro estrecho de los criterios y antojos de esos cuatro gatos con real y con poder, hasta puede ser considerado candidato único para cualquier cosa.

Andan buscando frenéticamente ese candidato único que haga lo que a ellos les guste, que no mire sino para el lado que ellos indiquen y que, en fin de cuentas, le rinda cuenta a ellos. Al parecer no es tarea fácil, aunque unos cuantos están en subasta, capaces de decir amén a cualquier cosa, con tal de ser candidatos “únicos”.

Buena parte de la oposición se encuentra distraída, más que eso, paralizada, con el cuento del candidato único. No hacen trabajo en las bases. No estudian ni discuten soluciones que sirvan de propuestas alternativas a los programas que el gobierno actualmente desarrolla. No forman dirigentes. No promueven alianzas entre ellos. No tienen vínculo alguno con alcaldes, gobernadores o ministros, a fin de hacerles propuestas y plantear correctivos. Les aterra ser acusados de amigos o conocidos de algún chavista. Prefieren no hacer ninguna diligencia ante los organismos del Estado. ¿Cómo tramitan entonces los intereses de sus representados? Se limitan a las denuncias contra el gobierno para promoverse un poco. Cada día hacen menos política, pero jalan más ante quienes deciden la candidatura única.

La aproximación entre factores de oposición es necesaria. Acordar acciones comunes, orientadas por la aprobación de un programa mínimo que exprese una clara reconducción del país, es esperada por muchos. Y si al final coincidiesen en un candidato, sería positivo, pero es lo menos importante. Lo relevante es que el país los vea actuar, conozca de sus ofertas, los oiga y los toque. La “economía del voto” resolverá el problema del candidato a apoyar y no cinco iluminados, como hasta ahora lo han pretendido quienes han conducido a la oposición de fracaso en fracaso.

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