Opinión Nacional

Leal o incondicional

En las relaciones humanas se presentan situaciones que deben ser analizadas de manera que se reconozca cuando estas se fundan en principios sólidos o cuando están viciadas y son inconvenientes.

Nos parece conveniente repasar que sucede en este tipo de relaciones cuando ellas se inscriben dentro del marco de dependencia o cuando esto se sucede dentro del ámbito de la amistad.

Es frecuente que encontremos fricciones entre dirigentes y dirigidos. Entre gerentes y sus empleados. Entre gobernantes y gobernados y muy especialmente entre estos y sus colaboradores inmediatos. Estas suceden, por falta de lealtad.

Se dice que una persona es leal cuando satisface los dictados de las leyes, de la fidelidad, del honor y del bien.

La lealtad es un atributo que no es fácil de encontrar. La lealtad exige reciprocidad. Si no se cumple esta última condición estamos ante una relación poco deseable.

Se entiende que una persona es incondicional cuando respalda o apoya las actividades o los dictados de otra o las prescripciones de una idea, sin limitación alguna.

Personas incondicionales no son las que quisiéramos tener a nuestro derredor. Preferimos a las personas leales.

La dependencia incondicional es generalmente dañina pues como su nombre lo indica, no tiene límites. Además, no es bilateral o transitiva. Generalmente el incondicional es el dirigido, el empleado, el colaborador. Pero el jefe no cumple con esa condición.

Una relación se enmarca dentro del ámbito de la lealtad cuando cada una de las partes de la relación puede y toma la posición de hacer ver a la contraparte tanto sus bondades como sus errores. Tanto sus buenas acciones como aquellas que merecen su atención.

Todos estos enunciados adquieren mayor importancia cuando se habla del campo de la amistad.

En las relaciones de amistad se hace imprescindible la presencia de la lealtad. No puede existir amistad sin la presencia de la lealtad. De lo contrario estamos ante una amistad débil.

Cuando en la relación entre dos sujetos está presente la situación de un incondicional, este, está sometido al capricho de su contraparte. Es una relación de poco valor.

Cuando nos referimos a gerentes, a dirigentes o a jefes en general pensamos que esta condición de lealtad es muy difícil de lograr. La gran mayoría de los dirigentes reclama incondicionales y recela de las expresiones de lealtad que se enmarcan dentro del ámbito de la crítica.

Entendemos que estas relaciones de dirigente-dirigido, de jefe-subalterno, de gerente-empleado son provechosas cuando son capaces de resolver, de la mejor manera posible, los problemas que se les presentan.

Para ello se hace necesario que se tenga la disposición de querer resolver el problema y además, la capacidad de entender y analizar los distintos enfoques que pueden tener los variados jugadores que intervienen en el planteamiento.

Estamos viviendo tiempos cuando la lealtad es un valor no solo escaso sino en la mayoría de los casos inconveniente. Especialmente desde el punto de vista del superior. Y muchas veces, en relaciones de amistad que no merecen este calificativo.

Todas estas reflexiones se enmarcan con toda propiedad dentro del dictado que expresó en su momento Benito Juárez en México: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Entendámoslo así, de manera que tengamos relaciones fructíferas y valiosas.

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