Opinión Nacional

Leonardo

En Venezuela el camino de la democracia siempre fue tortuoso. El primer obstáculo ha sido el autoritarismo, muchas veces vestido de verde oliva. Las dictaduras militares representaron, hasta hace muy poco, para nuestro país como para el resto de América Latina y buena parte de Europa, la barrera más formidable con la que han contado los enemigos de la democracia para mantener en el atraso y la miseria a los pueblos.

Cuando quien gobierna sólo posee el argumento de la fuerza debe hacer callar a la disidencia para lograr su objetivo. Cuando la ignorancia se enseñorea, tiene que buscar la incomunicación de los ciudadanos. La primera medida que toma un dictador es la restricción de la libertad de prensa. Después sigue la negación de las otras libertades políticas, imprescindibles para el desarrollo pacífico y sustentable de una sociedad moderna, y culmina con el asesinato puro y simple.

Así ocurrió – la última vez, por ahora – en nuestra querida Venezuela durante la década que va de noviembre de 1948 a enero de 1958. En ese entonces, cualquier militar creía que por el sólo hecho de serlo estaba más capacitado para ejecer cualquier cargo público y se sentia con derecho a vejar a sus compatriotas civiles.

La dictadura de Perez Jiménez fue tan cruel como la de Juan Vicente Gómez. Quizás más cruel, porque ya nuestro país había estado en la búsqueda de la democracia con el Gral. López Contreras, la ampljtud del Gral. Isaías Medina Angarita y la eclosión popular de Acción Democrática en el trienio 1945 – 1948.

En los años del terror que presidió Marcos Evangelista Pérez Jiménez, la Seguridad Nacional – policia política de la época – se ensañó, fundamentalmente, con los hombres de Acción Democrática, partido que a los días de ejecutarse la militarada fue prohibido por decreto.

La victima más conspicua del tirano fue Leonardo Ruiz Pineda. Politico verdaderamente superdotado: conductor de masas, intelectual de alto vuelo, amigo entrañable de sus compañeros. Nacido en Rubio en 1916, destacó como líder desde su paso por el Liceo Simon Bólivar de San Cristóbal donde fundara la revista “Juventud”. Luego obtuvo en la UCV los títulos de abogado y doctor en Ciencias Políticas, pero paralelamente siguió ejerciendo su pasión periodística y la militancia política en el PDN. Otra vez en tierra tachirense funda el periódico “Frontera”, de donde toma – como un homenaje a Leonardo y a sus ideas de libertad – este diario su nombre. Participa en la creación de Acción Democrática y ejerce la secretaría de la Junta Revolucionaria de Gobierno en 1945. Luego desempeña la presidencia del Estado Táchira y durante el breve gobierno de Rómulo Gallegos, el Ministerio de Comunicaciones. Al ser derrocado el escritor, es hecho preso durante seis largos meses. Una vez en libertad asume la secretaría general de AD en la clandestinidad hasta que el 21 de octubre de 1952 es asesinado, en una calle del caraqueño San Agustín de Sur, a los 36 años apenas, por la dictadura militar.

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