Opinión Nacional

Liberticidas

Los pilares fundamentales que incentivan una sociedad creciente, tanto en su progreso político como en el de su bienestar social, podrían concretarse en cuatro áreas o campos de desarrollo. A saber, ciencia, tecnología, industria y comercio.

Esta cadena de procesos amerita una ingente cantidad de libertad. No sólo para desarrollar sus especialidades sino para poder ulteriormente coordinarse hacia un resultado eficaz.

Los liberticidas, al igual que los homicidas o los insecticidas, son entes definitivamente dedicados al exterminio de algo que vive su propia vida; al margen de que el objetivo vivo a exterminar sea dañino o beneficioso.

La ciencia y la tecnología, en Venezuela, se desarrollaba desde universidades e instituciones libres de la intervención estatal. Los liberticidas bolivarianos, al apoderarse de PDVSA, no sólo paralizaron el desarrollo tecnológico de la empresa sino también su fuente científica: el INTEVEP. Aún más, la proliferación de “universidades bolivarianas” ha degradado el nivel general de la juventud venezolana.

Si enfocamos nuestra atención hacia el eslabón industrial de la cadena que estamos analizando, nos encontramos con el creciente cierre de pequeñas y medianas industrias que tras el acoso bolchevique de los bolivarianos no sólo se han visto obligadas a cerrar sino que en el mejor de los casos han logrado emigrar.

Y si hablamos de las grandes industrias como SIDOR, PDVSA, las petroleras extranjeras y últimamente las cementeras internacionales, nos encontramos con que las nacionalizaciones, al igual que ha sucedido con la empresa telefónica, los medios de comunicación o el Banco Central de Venezuela, etc., paulatinamente se convierten en elefantes blancos difíciles de manejar.

Y si revisamos el eslabón final de la cadena: la comercialización, veremos con claridad que esta ya no existe y que ha sido sustituida por la simple importación de los insumos que necesita el país.

Para los ilusos que aún pretenden insistir en que la Venezuela de hoy puede recapacitar y rectificar errores tan monumentales como los que estamos analizando, la respuesta es que es imposible sin los incentivos que produce la libertad de acción.

Gracias a los dólares del petróleo, y a la suerte de tener vecinos con amplia capacidad de producción, como lo son Brasil y Colombia, es como podemos seguir mal comiendo a altísimos costos.

Tanto la ciencia, la tecnología, la industria y la comercialización están hoy sometidas a los avatares de un estado contralor rufián que, desprovisto de los conocimientos necesarios para tales actividades, las utiliza simplemente para afianzar el control de una población cada día más contestataria.

Cuba, Corea del Norte y Zimbabue, entre otras naciones retrógradas, son el verdadero futuro de una Venezuela bajo la hegemonía bolivariana.

Y todo esto sucede, a pesar de que orgullosamente sigamos pensando que Venezuela es un país para querer.

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