Opinión Nacional

Lo inmoral de la sociedad actual

Una de las cosas más destructivas y dolorosas de este ánimo que hoy vive el mundo, es esta indiferencia, esta aceptación sumisa, pegajosa contra la que sólo nos lamentamos, ante la fractura de los valores y principios que han sido los pilares fundamentales de nuestra seguridad y bienestar. Para ser más directa: es impresionante como obviamos lo moral. Por supuesto que no es una apreciación mía única, sería ridículo. Es una lamentación universal. Uno puede constatarlo a cada momento y ante cualquier provocación. En una de esas estrategias perversas, imperdonables, Chávez comenzó con eso: atentando contra la moral del país, quebraba su voluntad. Convertía lo malo, en bueno, y lo bueno, en malo y trastocaba la conducta y el sentimiento nacional.

La guerrilla no es terrorismo. Es una manera de luchar. Tener dos nacionalidades no es delito. Es integración. Asesinar es, para los revolucionarios, defensa propia. Invadir es “recatar para el pueblo”. Poco a poco se acepta lo inaceptable. Pasa de moda ser decente, ser noble, decir la verdad. Los que todavía creemos y ejercemos los viejos principios fastidiamos. Cuando yo veo a Daniel Ortega, después de pasearme horas y horas por el expediente de su violación a su hijastra durante tantos años, asqueada ante aquellos detalles repugnantes, y lo veo revestido de poder venir a mi país, entrar y salir pidiendo y recibiendo lo que muchos venezolanos jamás recibirán para la salud de sus hijos, para su tranquilidad, me pregunto: ¿cómo podemos nosotros permanecer aceptando eso sin protestar el agravio, la indecencia? Lo que me pasa cada vez que veo a Jesse Chacón que asesinó al vigilante del canal 8 a sangre fría y ha sido Ministro de Justicia de mi país…..¡Justicia! O cuando veo a Adina Bastidas representándonos en un organismo internacional, tras ver su prontuario con foto y todo…..Prontuario!..Podría seguir y seguir con este modelaje obsceno que manosea a Venezuela despiadadamente. Pero lo grave es que esta “revolución” contamina y se extiende. El caso del Presidente paraguayo y ex obispo Fernando Lugo, por ejemplo, protegido por la Constitución de su país que establece que “a Lugo se le tiene que medir por su gestión y por su honestidad” y una cuestión personal no puede ser una causa. Por el momento, van seis hijos concebidos mientras oficiaba como Obispo de la Iglesia a la que solicitó humilde y mansamente permiso para ser candidato a la Presidencia. Lo que significa moralmente haber concebido hasta ahora seis hijos mientras estaba oficiando, no importa, no es falsedad o engaño. Más allá del criterio que uno tenga sobre el celibato, a este hombre se le señala hasta por estupro, o sea, tener relaciones con menores de edad. El poder, que no es la razón ni mucho menos la verdad, hurga, revuelve, estimula, reta al crítico común: la doble vida de Lugo es una travesura, no una morisqueta. Que un obispo engañe a la Iglesia, que contradiga la moral que predica, que engañe al pueblo que lo elija, no tiene castigo en Paraguay. Pero tampoco en la revolución. Como bien dijo un periodista en uno de los tantos informativos internacionales que lo comentaban: “ Los paraguayos llaman a Lugo “el padre de Paraguay”, otros, “el gran papá”….pero parece que el ex obispo prefiere se le llame: “papacito”. Todo se vale! No les extrañe que Fernando Lugo, ex Obispo, sea elegido ¡ el hombre más sexy del mundo!

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