Opinión Nacional

Los cambios a la reforma

Trayendo a la memoria acontecimientos del pasado reciente, cosa que perdemos con relativa facilidad, recordamos como cuando Hugo Chávez presentó a la Asamblea su proyecto de reforma constitucional, exigió con ese estilo propio de quien ordena a sus empleados, “que no fueran a cambiar ni una coma”, haciendo perder el sentido de la discusión de un texto de importancia crucial para el futuro de nuestra República, ratificando de este modo que el parlamento venezolano es un poder sin autonomía y haciendo de la discusión un procedimiento inútil, que no pasa de ser unos discursos en los que imperan las alabanzas al comandante y que solo justifican lo que ya esta escrito, sin posibilidad de modificación alguna.

Sin embargo, en el devenir de los acontecimientos, vienen ocurriendo situaciones no esperadas cuando se habla ante el poder legislativo, como quien manda en un cuartel. Es así como hubo que dar marcha atrás en el imperioso deseo de liquidar a la Guardia Nacional, que como algunos señalan, parece haberse convertido en una amenaza sobre la cual los controles de mando no funcionan, cuando la realidad impone otras acciones.

El otro retiro táctico y seguramente temporal es incluir en esa mal llamada reforma el reconocimiento de los atributos del derecho de propiedad, eliminados de manera intencional en la propuesta presidencial. Con ello se pretende hacer creer que ya tenemos constitucionalmente garantizada la posibilidad de usar, disfrutar (obtener de ella sus frutos) y de disponer de nuestra propiedad, cuando la realidad nos ha demostrado en los hechos que esta garantía depende de las circunstancias y de la voluntad de quienes ostentan el poder. Es de hacer notar que al momento de escribir estas notas, el comandante no ha dicho todavía la última palabra sobre este asunto, con lo cual no debe resultarnos extraño que la asamblea tenga que regresarse en su decisión.

Lo cierto del caso es que estos cambios en nada modifican la intención de imponer a los venezolanos un único pensamiento, una única forma de vida, una economía única y una uniformidad que poco se parece a lo que debe ser una democracia plural, alternativa, libertaria y participativa, donde todos quepamos independientemente de cómo pensemos, y cual sea la doctrina que profesamos. Aunque alguna coma ya haya sido modificada, el socialismo ha sido decretado como única forma de vida para el pueblo y quien piense distinto no tendrá cabida en este país, ni en lo político, ni en lo económico ni en lo social o cultural. En nuestras manos está el impedir que esta tragedia de vuelva realidad.

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