Opinión Nacional

Los independientes

Nos lo dicen los números históricos. Una importante porción de la oposición es de una ideología distinta a las conocidas hasta hoy en la política venezolana. De ahí que sean ni-nis, porque no están ni con el gobierno ni con los actuales líderes de la oposición, que son todos, sin excepción, de izquierda (Adecos, copeyanos, masistas) y algunos, además, representantes de un pasado enteramente desacreditado. Este liderazgo presiente que esa porción abstencionista va a superar en mucho el voto opositor.

Por lo tanto, quieren aparentar liderarlo. No son de ninguna manera sus líderes natos, porque los ni-ni han venido demostrando a través de los años proceder de dos ideologías diferentes que se aproximan. Unos son dictatorialistas de derecha; admiradores de un Augusto Pinochet; otros, los más, son neoliberales salvajes. Se aproximan, porque el dictador, al igual que lo hiciera Francisco Franco en los sesenta del siglo pasado, también escogió el camino del liberalismo económico para dar sentido imperecedero a su obra de gobierno.

Los números

En las elecciones para presidente de la República de 1998, los abstencionistas sumaron 3.971.239 votos, esto es, 36,24 por ciento del total de votantes. Esto quiere decir que el número de abstencionistas fue mayor que el obtenido por el candidato triunfador, Hugo Chávez, que consiguió 3.673.685 y muy superior a lo sacado por Enrique Salas que fueron 2.613.161 votos. El país, pues, para ese entonces, se hallaba dividido en tres toletes bien diferenciados.

¿Qué ha ocurrido desde entonces? Que los crasos errores del liderazgo opositor, especialmente el apoyo al golpe de Estado de Pedro el Breve, así como el paro petrolero, distanció al liderazgo de una importante porción de la masa opositora de entonces, que vio en ellos a aliados de sus enemigos naturales, los neoliberales salvajes. Esos mismos errores permitieron que esa porción emigrara con armas y bagaje, hacia el campo chavista. De ahí que, hoy día, el chavismo debe ser mayor al 32,2 por ciento obtenido en las elecciones de 1998 y muy bien puede llegar al 50 por ciento.

¿Por qué lo digo? Porque en alguna parte debe encontrarse la masa de votantes que antes sufragaba en favor de Acción Democrática y de COPEI, porque hoy día el total de votantes por dichas organizaciones no supera el número de los militantes más activos, esto es, lo que antes se denominaba la maquinaria, digamos unas dos cientas mil personas. Sin embargo, en sus mejores horas, en 1988, por ejemplo, AD contaba con casi 4 millones de votantes y COPEI con casi 3 millones. Ahora, esa militancia se encuentra unida detrás de Hugo Chávez Frías y, con el correr de los años, ha aumentado vegetativamente.

¿Recuerdan a Orlando Urdaneta?

Hace muchos meses, escuché de labios de este actor devenido en periodista de televisión, un símil que me pareció excelente. En Venezuela, decía, había dos caimaneras (Ustedes saben, esos equipos improvisados de béisbol que aparecen en los barrios). Como es natural, no tenían uniformes, no había estadio, jugaban con lo que podían; algunos tenían guantes, otros atrapaban la pelota a mano limpia; había uno o dos bates. Lo más improvisado, sin embargo, era el umpire. Este tenía una ligera idea del juego y de sus reglas, pero no era ducho. Además, tenía sus simpatías y, como es natural, favorecía a sus amigos al cantar los strikes y las bolas, además de que en cualquier situación dudosa siempre salían victoriosos sus amigotes. Ocurrió, sin embargo, que un día el umpire amaneció al revés. Sus antiguos amigos hablaban de algún favor, de un pase de factura o, lo que es más probable, de un intercambio de dinero. Lo cierto es que desde ese día, el otro equipo ganó todos los encuentros.

Pues bien, Urdaneta decía que ese no era el ideal que deseaban muchos observadores de los encuentros. Estos querían transformar las caimaneras en verdaderos equipos de béisbol, con uniformes bonitos, guantes para todos los jugadores, un estadio apropiado, bates y pelotas suficientes, pero, ante todo, querían un umpire que hiciera su papel adecuadamente, que fuera imparcial.

Eso mismo es lo que ese enorme porcentaje de ninís quiere de la política. Que se juegue decentemente, sin trampas, sin corrupción, administrando justicia sin tener en cuenta la parcialidad política del querellante y el acusado y los dineros públicos eficientemente. Desgraciadamente, son todavía minoría en este país en que el lema dominante sigue siendo “bochinche, bochinche, nada más que bochinche” que en 1812 patentó Francisco de Miranda. Nada de deberes, poco trabajo y mucho ñemeo.

Diciembre, siempre diciembre

¿Qué va ocurrir en las elecciones presidenciales de diciembre? Pues claramente que Hugo Chávez será reelecto. ¿Por qué? Pues, por una razón bien sencilla, porque sus partidarios son actualmente y lo serán en diciembre, la mayor minoría, ya que los ninís no votarán por ninguno de los candidatos de la oposición que actualmente se vislumbran como posibles.

¿No recuerdan ustedes cómo era la situación durante el puntofijismo? Del lado del “establishment”, esto es, entre adecos y copeyanos se colocaban 7 millones de votantes en una población total de 11 millones. Hoy, como les digo, la gran mayoría de esa gente está unida detrás de Hugo Chávez. Serán no menos de 9 millones de votantes. 5 millones de abstendrán. El resto quedará para la Oposición de ahora, 2,5 millones a lo sumo.

Por eso es que los cascarones vacíos de los partidos del antiguo status andan promocionando la abstención. Falta saber, empero, si Hugo Chávez no guarda un as bajo la manga.

¿Cuál podría ser ese as? Juguemos con la imaginación. Aún si se juntaran oposición e independientes, cosa que no ocurrirá en su totalidad, Chávez obtendría la mayoría. De eso, a mi no me cabe duda. Hubiera ocurrido en 1811. Bolívar y los mantuanos no eran mayoría. Los canarios, sí. Ocurrió en 1946, cuando el voto se hizo universal, directo y secreto. Los adecos se hicieron mayoría. Pero el mayor deleite de Hugo Chávez sería probarle a los cascarones vacíos que lo son. Por lo tanto, yo supongo que desea que compitan. Un candidato que anime a una porción considerable de los ninis a participar en la política, sería ideal. Manuel Rosales es ese candidato. Tiene las fortalezas requeridas para que detrás de él se vayan también los que apoyan a los cascarones. Pero la abstención de un considerable número de los dictatorialistas y los neoliberales dividirá a la oposición y decidirá la contienda. Así como en el Gobierno la izquierda se da la mano con la extrema derecha iraní, también ocurre en la oposición. Amanecerá y veremos. Después vendrá el lloriqueo, al igual que después del Referendo.

(*) Es diplomático de carrera, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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