Opinión Nacional

Mi papá tiene un Dios aparte

En Sudáfrica, grabando un documental para un canal de TV, Dalma, la
primogénita de Diego Armando Maradona, reflexiona acerca de cómo fue crecer
con el apellido más famoso del mundo

En algún instante, en medio de los excesos, el acoso, la fama, las peleas, el
divorcio, Diego Armando Maradona pensó que el mejor regalo para su hija de
doce años era un auto del año.

‐Pero papá, no puedo manejar, no tengo licencia.

‐No importa, que lo manejen tus amigos.

‐Pero papá, ellos también tienen doce años.

Dalma Maradona, bautizada así en honor a su abuela, ya entonces sabía que algo
no calzaba en esa escena, que un deportivo quizás no era la mejor forma de
demostrarle afecto a una niña.

El tiempo le fue enseñando que su familia no era como cualquiera otra. Que su
papá no tenía un trabajo de nueve a cinco.

Se acuerda que con apenas tres años, se peleaba desde el balcón de su casa con
los fanáticos del Nápoles, que iban sagradamente a peregrinar y darle las gracias
a su ídolo.

¿Cómo te diste cuenta de lo famoso que era tu papá?

‐No tuve que darme cuenta de nada, porque siempre fue así, desde que tengo
conciencia. Al principio me enojaba mucho que todos quisieran estar con él, veía
que me robaban su tiempo. Gente que no lo conocía, se creía con derecho para
estar con él.

¿Odiaste el fútbol por eso, porque te robaba a tu papá?

‐No, nunca. Me daba cuenta de que era el fútbol el que nos daba ese nivel de vida,
todas esas comodidades. Decir que nunca me faltó algo, es poco. Pero aprendí a
manejar el acoso con el tiempo, porque, la verdad es que nunca paró, ni cuando
dejó de jugar. Siempre la misma locura. Ni cuando estuvo internado nos dieron
un segundo: yo salía del hospital y millones de personas no entendían por qué no
quería dar una nota en esas circunstancias. Y nunca va a parar. Es algo increíble.

Incluso cuando voy ahora a Italia, todas las personas que se enteran de quién soy
me toman la mano y se arrodillan.

Con 23 años, Dalma habla como alguien que está por sobre los traumas. Y se
podría acoger a varios: abandono paterno, drogas en la familia, padres separados
y ser hija de…

‐No soy la Paris Hilton argentina. Ni cerca. El negocio de gente como ella es vivir
por su apellido y a mí lo que me interesa es mi trabajo ‐dice.

Con 23 años, cursa el último año de actuación, pero ya apareció en televisión,
teatro y hasta cine: hizo de una prostituta drogadicta en «La mosca en la ceniza»,
celebrada película de Gabriela David, estrenada el año pasado.

Ahora, en vez de ir invitada por su papá al mundial, está en Sudáfrica, pero
trabajando: grabando un documental sobre el país, más allá del campeonato,
para Fox Sports. Su hermana Giannina (21), en cambio, también aterrizó en
África, pero para desempeñar otro papel: de mamá. La hija menor es la pareja de
Sergio Agüero, seleccionado argentino, que le dio a su técnico el primer nieto.

‐Nunca me casaría con un futbolista. Definitivamente no. ¿Seguir a una persona
por todo el mundo y dejar tus cosas de lado? Me parece que no lo haría. Una
pierde todo lo que pueda hacer de su vida. Ya lo vi con mi mamá: conoció a los 19
años a mi papá. Terminó el colegio y cuando iba a empezar la universidad se tuvo
que ir a Europa.

El matrimonio duró nueve años.

Antes de embarcarse a Sudáfrica, Dalma pensó en el día del padre. Ese día le
pedirá que use traje y no buzo para los partidos y le entregará el regalo que le
compró. Dos más bien: un par de relojes.

‐Siempre ocupa dos. Uno con la hora de Argentina y otro con la de España. Por el
tema de su nieto.

Tu infancia coincidió con el peor momento personal de tu padre. ¿Nunca le
guardaste rencor o sentiste el abandono?

‐Puede ser que haya sentido abandono por el fútbol, pero nunca le voy a
reprochar nada a mi papá. Siempre que de verdad lo necesité, él estuvo. Y cuando
no podía, estuvo mi mamá. Ella es la verdadera genia, la más genia que existe en
el mundo. Nunca me voy a cansar de decirlo. Tuvo una paciencia bárbara, como
mamá y como esposa. Ella fue la gran responsable de que mi papá venciera a la
droga, porque nosotras de chicas no nos dábamos mucha cuenta de nada.

¿Nunca te tocó verlo drogado? ¿No sospechabas el problema que tenía?

‐Mi madre fue clave en eso. Nunca quedé expuesta a nada así, nunca me tocó una
situación fea en ese sentido. Y cuando el asunto reventó, pudimos hablarlo entre
todos, para poder ayudarlo.

¿Has consumido drogas?

‐Es muy gracioso: todo el mundo asume que sí, por el entorno, pero la verdad es
que jamás. Nunca me interesó.

¿Te traumatizó la experiencia de tu papá?

‐No, no estoy traumada. Me pareció muy valiente cómo mi papá enfrentó el tema,
muy de frente, lo admiro por eso. Para nosotros la prioridad fue siempre
ayudarlo, nunca me importaron las cosas que decía el resto, los rumores. Desde
chica tuve que lidiar con eso y darme cuenta que lo que de verdad importaba era
que él estuviera mejor.

¿Temiste que muriera?

‐No es que haya temido, estuvo a punto de morir. Yo estuve dentro del hospital,
viviendo ahí una semana con mi hermana y mi mamá. No hay ninguna
exageración. Pero mi papá tiene un Dios aparte y ya ves cómo está ahora.

Dijo recientemente que hace seis años que no se droga. ¢ØCrees que est.

totalmente recuperado de su adicción?

‐Él sabe que uno no se puede descuidar, que tiene que estar siempre atento, pero
lo veo totalmente recuperado. No hay mucho más que decir sobre eso.

‐Cuando le preguntan esas cosas él siempre jura por «Dalma y Giannina». La frase
se hizo conocida mundialmente después de su doping en Estados Unidos 1994.

¿No te pone incómoda que jure en tu nombre?

‐Siento una responsabilidad grande y es raro, porque no tiene mucho que ver
conmigo. Pero creo que somos las personas que más quiere y si jura algo por
nosotras, es porque es verdad.

Si quiere leer la entrevista completa haga
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