Opinión Nacional

NO al proyecto de reforma totalitaria-militarista

Existe una celeridad por parte del gobierno y de la Asamblea Nacional para aprobar a troche y mocha la ampliada reforma de la Constitución Nacional (no 33 sino 58 Artículos). La urgencia es tal, que los genuflexos de la Asamblea Nacional atropellan normas electorales y parlamentarias a fin de cumplir la orden del Yo el Supremo. Pero ¿Por qué tanta prisa?. Muy simple, mientras más se conoce que el proyecto de reforma esta orientado a lograr una sumisión absoluta de los venezolanos al poder jerárquico del Tte. Coronel, mayor es el rechazo, y de allí la urgencia de estos amanuenses por aprobarla a como de lugar y llevarla a referéndum en el menor tiempo posible.

Pero esa mayoría que la rechaza no se circunscribe exclusivamente a los sectores identificados con la disidencia política. Es una mayoría plural, que toca a sectores del chavismo quienes sin renunciar a su identidad con el “proceso”, se oponen a la reelección presidencial indefinida, al aumento del periodo presidencial, a la confiscación del poder popular, a la militarización del país y la instauración de un capitalismo de Estado. El momento táctico permite romper con la perversa polarización maniquea a que nos ha llevado el tte. Coronel dividiéndonos en chavistas o antichavistas.

Lamentablemente la disidencia política luce incapaz de capitalizar estos enormes rechazos a la reforma. Luce entrampada por el daño que ha causado la falsa premisa del robo del voto o conocer la identidad del mismo, lo cual ha despertado un gran sentimiento abstencionista y una fatídica convicción de derrota, es decir que nada se puede hacer y que solo queda la resignación ante la voluntad del caudillo de Miraflores. Con ese pesimismo fatalista hemos hecho inviable nuestro ejercicio democrático, única arma disponible frente a los desafueros del autócrata. Luce igualmente enredada al enfrascarse a discutir sobre el procedimiento, si la materia es de reforma o de Asamblea Constituyente, que si votamos en bloque o por artículo, que si la pregunta debe ser de una forma o de otra, que debemos solicitar la suspensión del referéndum, que debemos realizar consultas para explorar la posición mayoritaria, etc. Opciones que se tornan estériles e inviables, primeramente por el servilismo del TSJ y del CNE, y segundo por el poco tiempo que se dispone para decidir que hacer. Hay que insistir que cualquier dispersión de fuerzas en función de alternativas no viables esta condenada al fracaso y a facilitar la aprobación de este proyecto neofascista.

Ante esta oportunidad histórica de constituir un gran frente que traspase las fronteras tradicionales de la disidencia política, hay sectores oposicionistas que han propuesto la abstención y la resistencia ciudadana (protesta de calle) como opciones frente a la reforma. La excusa para llamar a la abstención: el asalto del Tte. Coronel y sus acólitos a las instituciones del Estado. Es muy cierto que el CNE no opera como un poder independiente, que su sistema de automatización no es confiable y que la ONIDEX ha construido un REP no creíble. No se trata de reivindicar la imparcialidad del CNE, de obviar los potenciales problemas técnicos ligados a la automatización del voto y muchos menos proclamar confiabilidad de la ONIDEX. Sin embargo, el fraude electoral no esta en ninguno de los factores anteriormente señalados, sino en el manejo ventajista de los recursos del Estado, en el terror y el chantaje político por parte del régimen.

No obstante, todos estos factores adversos son derrotables en la medida en que logra ganar a las grandes mayorías como lo han demostrado las experiencias históricas del cono Sur y de la Europa Oriental. Además, equivocadamente se pretende contraponer «las acciones de protesta de calle» “al de la participación electoral”, como si ambas actividades fueran antagónicas, cuando en realidad son complementarias. La abstención hay que verla como una postura coyuntural y no como un dogma, cuya vigencia táctica esta sujeta a las condiciones objetivas y subjetivas predominantes para el momento (grado de conciencia, flujo o reflujo de masas, nivel organizacional, etc.). Una abstención (presidenciales 12/1963; referéndum 12/1999; parlamentarias 12/2002, etc.) en ausencia de estas condiciones desmoviliza a las masas, no tienen el mismo impacto, ni las ganancias políticas, que cuando la misma se da al calor de un significativo auge de masas, con una adecuada conciencia política y respaldada por un satisfactorio nivel organizativo (plebiscito reelección de Pérez Jiménez 12/1957). No se participa electoralmente cuando se tienen planes alternativos viables (no fantasiosos) de cómo enfrentar y derrotar al régimen, de lo contrario se pierden espacios como sucedió en la elección de los miembros de la Asamblea Nacional. Asumir la abstención como una postura de principios, o de ética política es una táctica sin salida, suicida y sin opción de triunfo que paradójicamente podría beneficiar mucho más al Tte. Coronel que a los mismos proponentes de la misma.

Esta bazofia de reforma esta condenada al fracaso pues la misma no ha nacido del fervor del debate popular sino concebido desde los conciliábulos y cogollos del poder. Hay que promover la unidad del pueblo democrático a fin de detener este proyecto dictatorial-totalitario que pretende con la bota militar copar todos los espacios sociales. Hay que recuperar a las mayorías, y los espacios cedidos por los errores del pasado. Hay que votar NO a la reforma.

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