Opinión Nacional

¡Pobre Venezuela!

Defecan sobre la Carta Magna y hasta hacen alarde de ello. Como si su impunidad fuera a durar hasta el fin de los tiempos y el régimen fuese a mantenerse por toda la eternidad. Valientes miembros de este así llamado tribunal supremo. ¿Supremo de qué? Será de servilismo, de obsecuencia, de envilecimiento. Reafirman el crimen del que deberán dar cuenta ante los hombres y la historia cuando se les acabe la impunidad y cese este abuso de lesa justicia: haber prohijado la hora más menguada y amarga de nuestra triste y desalmada república llamada Venezuela. Una vez más triunfa – con sus respaldos espurios – el mal sobre el bien, la injusticia sobre la justicia, la corrupción de los canallas sobre la probidad de los virtuosos. Doscientos años de una historia de estupros y crímenes que se repiten cíclicamente en un cuento de nunca acabar. ¡Pobre Venezuela, qué bajo has vuelto a caer!

Son tan desalmados, cobardes e hipócritas, que puestos por el déspota ante la suprema prueba de fidelidad, imposibilitados de ocultarse en el anonimato, asienten solícitos frente a la menor señal de obediencia. Luisa Estela Morales, como es público, comunicacional y notorio – hay una foto que lo demuestra -, se opuso el 2 de diciembre a la aprobación del golpe de estado referendario. Hoy, obligada a dar la cara con el mismo fin, aprueba a voz en cuello lo que entonces rechazara amparado en el anonimato. ¿Cómo reaccionar ante una prueba tan concluyente de cobardía ante el despotismo y la tiranía que hoy sufrimos? El 2 de diciembre el pueblo soberano decidió. Hoy, el teniente coronel viola esa decisión y usurpa la soberanía, en un clásico gesto de despotismo fascista. ¿Qué diría Bolívar, en cuyo nombre se cometen hoy los peores crímenes? “Nadie sino la mayoría es soberana. Es un tirano el que se pone en el lugar del pueblo, y su potestad, usurpación”. Vox Bolivari, vox Dei.

Ni se imaginan estos lacayos judiciales, propios de la llamada justicia del horror que imperaba en tiempos de Adolfo Hitler, que muchísimo más temprano que tarde tendrán que rendir cuentas de sus actos. Que los jueces que hoy prevarican y sirven de cómplices a la violación de los derechos humanos de todos los venezolanos un día no muy lejano serán juzgados. Pues la libertad y la justicia siempre terminan por imponerse.

En Alemania vistieron de toga y birrete al sargento que dominó al mundo. En Venezuela barnizan de legalidad al teniente coronel que viola la constitución. Aquel creyó que su régimen duraría mil años. A los trece yacía hecho cenizas sobre el bunker berlinés en que pasara sus últimos meses. Éste quisiera imponer su reelección indefinida. Deberá postularse desde una cárcel de máxima seguridad. Magistrados y militares olvidan una vieja ley que dice que el crimen no paga. Les saldrá caro.

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