Opinión Nacional

¡Qué viva el odio y el fanatismo!

Este ex-país vive uno de los momentos más críticos de su historia. Parodiando al Chino Valera Mora, podemos decir que ahora amanecemos de balas y odios. Y no sabemos qué es peor. Las heridas por arma de fuego pueden ser tratadas y sanar. Las sociales, emocionales o espirituales son mucho más profundas y difíciles de superar.

Y esto es mucho más grave cuando todo responde a una planificación de siembra de diferencias, enfrentamientos y resquemores. Para lograr este objetivo se hace un abierto uso de todo lo que sea fanatismo. Se aspira acabar con la capacidad de discernimiento de la gente para que responda y actúe a partir de la petición o la orden que emana de un superior o autoridad.

En este sentido, la gente captada por ‘el proceso’ debe responder a los lineamientos que con su sabiduría habitual le expone el jefe único, cuya tarea principal consiste en lograr reacciones emocionales inmediatas en las cuales se establezcan compromisos inamovibles.

Entrar a formar parte de la organización significa entonces asumir la defensa de la ‘causa revolucionaria’ en todas sus manifestaciones y ejecutorias. Y en todo esto lo político y lo ideológico se convierten en una especie de sustrato que el jefe utiliza a su entera conveniencia.

Por ello, de movimiento basado en las ‘raíces’ de Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora y Simón Bolívar, pasó a ser marxista-leninista enfilado hacia la implantación del socialismo del siglo XXI que nadie define pero que, al parecer, es marxismo-leninismo con bolivarianismo, con ingredientes de inspiración en el ‘comunismo de la Biblia’ y en la propia obra de los socialistas y camaradas Jesucristo y Bolívar. Es evidente que este menjurje no puede estar destinado a la formación política e ideológica de nadie.

Un objetivo por demás que no aplica en los regímenes totalitarios. Por encima de cualquier debate doctrinario está la necesidad de acogerse a la disposición-decisión, al propio dogma de un movimiento que encarna la figura carismática, salvador y jefe único llamado a guiar los destinos de la patria mientras lo requieran las circunstancias históricas y lo apruebe el ‘soberano’.

Y para cumplir con este cometido se requiere mantener en pie el instrumento del odio, que sirve de base y fundamento para establecer las diferencias que alimenten las más férreas confrontaciones y polarizaciones.

Inevitable dividir la población en dos bloques que permitan garantizar el triunfo del ‘proyecto revolucionario’ que viene a reivindicar a los pobres y a arrancarle los privilegios a los ricos, dueños de los medios de producción y altos defensores y lacayos del ‘imperio’. Una captación que se produce como consecuencia de los conocidos procedimientos del reparto del botín de guerra.

Lo único que interesa es hacerle saber y sentir a ese colectivo que esto que estamos viviendo es una guerra y que, en consecuencia, hay que tomar posiciones inamovibles en defensa de los “intereses del pueblo”. Y el primer ingrediente para mantener esta conducta es el odio al poderoso.

Y el procedimiento para organizar el contingente de la guerra cuenta con la riqueza de la renta petrolera. Esto permite invertir en la compra-venta de conciencias para formar un poderoso ejército de fanáticos defensores del ‘proceso’.

Con un agravante: a lo interno cada quien acepta que debe defender la parte que le ha sido asignada, aunque sabe que la ‘revolución’ le sirve en primer lugar a los boliburguerianos o hummer-revolucionarios, que en medio de la guerra ya disfrutan de los ‘haberes militares’. El robo-corrupción sigue siendo dueño de todos los espacios.

¿Y qué fuerzas se levantan hoy para enfrentar este proyecto de falsificación? Lo hemos dicho muchas veces: aquí no hay quien sustituya al régimen. Los monstruos se confunden y hermanan en el objetivo de mantener ‘el proceso’. La legitimación otorgada el 03/12/06 es la mejor demostración.

De allí que cunda la desilusión y la desesperación entre quienes, sin compromiso alguno con golpismos o imperios, se niegan a cuadrar con la revolución del fanatismo y la compra de conciencias. Un contingente que crece y que está obligado a trascender las negociantes y tramposas ‘oposiciones’ y hacer organización aparte.

Sólo y de esta manera se podrá impedir que el fanatismo siga avanzando ‘a paso de vencedores’ y hundiendo cada vez más a este ex-país y su gente.

En fecha reciente una lectora nos envía un correo que da una idea muy clara de la tragedia que estamos viviendo: “El pasado viernes en horas de la tarde, fui con mis hijos a la iglesia […]. Luego de la misa el sacerdote dijo estas palabras: nos hace falta un nuevo Pinochet para liberar a Venezuela del comunismo. Yo callé. Pero mis hijos y otras personas profirieron maldiciones.

Y en ese momento me hice una pregunta: ¿Es ese el futuro que ansía un sector de los venezolanos? Me da tristeza que hayamos llegado a este punto, al amor por un dictador sanguinario para salir de este autócrata pendenciero.

Y le digo con dolor, prefiero este autócrata antes que un dictador tipo Pinochet, asesino, malvado y diabólico. Esa es mi verdad. Pero mis queridos hijos me acusan de chavista.

Les he dado muchas pruebas de que no apoyo a este mal gobierno, pero no me creen. Y hoy me siento abrumada por el rechazo de quienes engendré en mi vientre. Un abrazo profesor.”

Este testimonio da cuenta de la dimensión del drama-tragedia que vivimos. La polarización impuesta ha llevado a muchos a creer que la salida está en elegir entre dos males. Y peor aún a romper la propia relación entre madres e hijos. Esos son los efectos, por demás buscados y planificados, del miedo-temor que se siembra para garantizar la existencia indefinida de un hombre sobre una sociedad destrozada.

Ahora hay la Venezuela de los patriotas (militantes y sus familiares) y la otra, la contrarrevolucionaria, que, irremisiblemente será aplastada y vencida con toda la fuerza del odio y el fanatismo.

Cuatro estudiantes de la USB hermanos de apellido Mejías fueron detenidos en el estadio Olímpico por repartir volantes con esta leyenda: “Queremos juego limpio para Venezuela”. Al día siguiente la jueza 4° de Control Nailuz Sánchez, acoge la imputación propuesta por los fiscales Felipe Quijada y Nicolás Guédez y decide someter los jóvenes al régimen de presentación por el delito de instigación al odio, delito previsto en el artículo 285 del Código Penal (EU, 16/07/07, p.1-2).

La protesta está penalizada. La instigación al odio la define, utiliza, ejerce y fomenta el único autorizado: el GP y su maquinaria de destrucción y perversión.

¿Y qué estamos haciendo hoy aquí para enfrentar esta avalancha destructora? ¿Seguiremos esperando que nos convoque un nuevo jefe único o asumimos nuestra responsabilidad en términos de liderazgo horizontal para la lucha contra el odio dondequiera que esté?

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