Opinión Nacional

Requisitos para reducir la pobreza

Un reciente informe del Banco Mundial muestra que el crecimiento económico es un requisito necesario pero no suficiente para combatir la pobreza.

El trabajo de la entidad financiera internacional da cuenta de una realidad alarmante. Mientras la riqueza mundial, los contactos internacionales y la capacidad tecnológica son ahora mayores que nunca, la distribución de esas mejoras ha sido extraordinariamente desigual. El ingreso promedio en los 20 países más ricos es 37 veces mayor que el de los 20 más pobres. De un total de 6.000 millones de habitantes, 2.800 millones viven con menos de 2 dólares diarios, de los cuales 1.200 millones lo hacen con menos de 1.

En los últimos 40 años, la brecha que separa a pobres y ricos se duplicó. En América latina, Asia meridional y en Africa al sur del Sahara los pobres no han dejado de aumentar. Y en los países de Europa y Asia central que están en transición hacia economías de mercado, el número de los que viven con menos de 1 dólar diario se ha multiplicado por más de 20.

El informe reconoce el crecimiento considerable de la pobreza en América latina en los últimos 15 años, demostrando que las reformas económicas puestas en práctica resultaron insuficientes para crear condiciones que permitan a los más humildes mejorar su nivel de vida. Aunque en la región el porcentaje de pobres se mantiene en alrededor del 15,6% de la población, el número absoluto de indigentes aumentó de 63,7 millones de personas en 1987 a 78,2 millones en 1998. En el índice de pobreza relativa, que toma en cuenta la brecha entre ricos y pobres, América latina está incluso peor que Africa: en 1998 un 51,4% de la población vivía con menos de la tercera parte del consumo nacional promedio en 1993, comparado con 50,5% en Africa y 32,1% el promedio mundial.

Frente a esta sombría realidad, la conclusión del Banco Mundial es que es posible reducir sustancialmente la pobreza en el mundo, pero el logro de esa meta exige un enfoque más integral que aborde directamente las necesidades de los pobres en tres áreas: ampliación de oportunidades de empleo, crédito y acceso a mercados, potenciamiento (ayudarlos a adquirir más poder político), y seguridad (reducir su vulnerabilidad a las enfermedades, crisis económicas, desastres naturales y violencia).

En ello, los estados deben asumir un papel importante y aprovechar la experiencia de los noventa en muchos países, donde la retirada estatal de actividades básicas no fue sustituida por ninguna red de contención para los más débiles.

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