Opinión Nacional

Soñar no cuesta nada

Debo reconocer, no obstante la prudencia y previsión con la cual habitualmente se adoptan y desenvuelven los cometidos públicos en los Estados Unidos de Norteamérica, que los sucesos provocados por el Huracán del pasado año en lo que fuera la hermosa ciudad de New Orleáns y otros lugares al paso de la huella de tan malhadado fenómeno, que se cometieron fallas y se incurrieron en graves imprevisiones que han costado vidas y dinero a montones. El pueblo americano consciente está dolido y con justicia reclama los desatinos cometidos.

Este año nos correspondió presenciar y soportar por igual los embates de uno de los huracanes de esta temporada, quizá el más fuerte hasta reciente fecha, pero que ni se compara, ni puede reputarse de la índole y magnitud del que azotó a dicha nación en el 2005.

Las cosas este año, a diferencia del anterior, fueron mas inteligentemente conducidas y el gobierno se esmeró realmente, quizá hasta exageradamente, para tomar las medidas anticipadas a fin de evitar todo nuevo daño.

Quiero hacer constar que la desatención del problema el pasado año quizá se debió a excesiva confianza en las predicciones científicas del decurso y operatividad de ese fenómeno natural o en el desenvolvimiento diferente que debió haber tenido el fenómeno natural, que no solo a la imprudencia o impericia humana. Me consta que en la zona de Florida, antes y después del paso del huracán las cosas marcharon, dentro de lo posible, con sobrada prudencia y atención.

Fue impresionante como se destinaron toda clase de recursos de salvamento, mantenimiento de servicios públicos y apoyo a los ciudadanos, tan inmediatamente como se pudo, y todo los esfuerzos que hicieron las autoridades para lograr que la población aceptará conciente y razonablemente las medidas que se adoptaron y las recomendaciones sugeridas.

El resultado era de esperar, si bien se originaron considerables daños económicos, no hubo considerables víctimas humanas, ni los daños estructurales en instalaciones fueron de mayor consideración.

Mas si bien ello ocurrió en Florida, la verdad es que la inclemencia y falta de haber tomado otras medidas, que parecían evidentes en la zona de New Orleáns, fueron terribles para los graves efectos que aun se contemplan en esa zona, y las tan lamentables pérdidas de vidas y daños materiales pasarán a la historia.

Resulta atemorizador observar aún a estas fechas los efectos del huracán, la destrucción de la ciudad, de cientos de viviendas, instalaciones, etc. Los habitantes del lugar deben haber vivido terribles momentos y padecieron terribles, serios e imborrables daños.

No se quien será la autoridad ni el responsable directo, pero de alguna manera las autoridades a mi modo de ver tienen alto grado de responsabilidad por la imprevisión bajo la cual actuaron, y la falta de tomar las adecuadas y tempestivas medidas que a todas luces eran necesarias.

No serán precisamente lo insultos ni las burlas proferidas contra Bush ni su equipo, por muchos de sus detractores, ni ahora los fatuos abucheos de nuestro gobernante los que impedirán de toda forma cualquier reelección posible, ni la pretendida aspiración de los de su tolda política de conseguir éxito electoral. No será tampoco lo de Irak, ni lo de Irán, ni aun lo de las Torres Gemelas, los que hagan que todo ello resulte imposible, sino el horror de lo acaecido en New Orleáns, la imprevisión en lo que podía suceder, y la inadecuada atención que a mi modo de ver se ha prestado a esa dolida y despavorida comunidad.

Casi me atrevo a decir que la misma infamia, aprehensión e injustificable actitud que en nuestro país las autoridades tomaron y han tomado con el Estado Vargas, es la que puede apreciarse ha sido adoptada por el Gobierno y autoridades norteamericanas con los residentes de es zona del este de Norteamérica, con sus barrios, instalaciones, poblaciones vecinas y dolidos habitantes.

A diferencia de Venezuela, donde todo puede pasar, y nadie reclama nada, ni se siente doliente por los desatinos cometidos, el pueblo norteamericano si entiende su derecho a exigir responsabilidades y ejercer su derecho a reclamar a las autoridades y manifestar su rechazo a los lideres de pacotilla, y a quienes no han atendido adecuadamente sus deberes como autoridades electas ni sus obligaciones de gobierno.

Algún día en Venezuela, seguramente tendremos a un pueblo más consciente de sus derechos ciudadanos y más serio para reclamar sindéresis en sus gobernantes. Quiera Dios que esa madurez comience en este próximo diciembre, y que de alguna forma se exija responsabilidad por tanta impunidad, tanto derroche injustificado, tanta irresponsabilidad de nuestros gobernantes, tanta inseguridad y tanto despelote en un gobierno y entre quienes son sus evidentes responsables. Soñar no cuesta nada.

Carp Atalaya/39s300906

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