Opinión Nacional

Tanto poder, daña

Luís XIV, el más grande y poderoso monarca francés comento a su hijo en una oportunidad:”Cuando se trabaja para el Estado, en el fondo se trabaja para sí mismo”. Sin duda el Rey Sol, como le llamaban sus adulantes, tenia muy claro que en su persona debía resumirse todo el poder y la riqueza del Imperio y este pensamiento se concreta en su más famosa frase:”El Estado soy yo”. Conocedor además de que el pueblo nunca se contentara con los favores recibidos, recurrió a concentrar un poder sin límites que aparejado a la conculcación de los derechos de sus súbditos, eran la mejor y más efectiva garantía para la seguridad del Estado. Sin embargo, todo este poder terrenal no fue suficiente para aplacar el hambre y la opresión de Francia años más tarde con la toma de la Bastilla y la consecuente revolución que finalmente dio al traste con la monarquía y el absolutismo. En América Latina como consecuencia del desgaste de los partidos, la política de la región está tomando un giro hacia la izquierda que en casos puntuales como Cuba y Venezuela es catalogada como carnívora por su radicalismo y carencias, en cambio las de Brasil, Chile o Uruguay son denominadas izquierdas vegetarianas o socialismo Light por su elasticidad, respeto de las reglas democráticas pero sobretodo a la propiedad privada y la libertad de expresión. Nuestro país en este contexto no es el modelo más aventajado de garantía a la libre empresa o a la democracia misma. El gobierno autodenominado bolivariano, es en la práctica lo más distante y alejado del pensamiento político de Simón Bolívar. Mientras Hugo Chávez se afana empeñosamente por imponer a la fuerza un control absoluto de todas las instancias del poder, inspirado por la Constitución cubana de 1976, al mejor estilo del despotismo de Luís XIV del siglo XVI, y que se enmarca en los postulados del socialismo del siglo XXI. Simón Bolívar por el contrario aborreció el autoritarismo absolutista dejando esto muy claro para la historia en la carta de Jamaica en 1815 lo siguiente: Los Estados son por naturaleza esclavos de su Constitución o por el abuso de ellas. Luego un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito”. El Libertador va aún más lejos en este tema, cuando su magistral pieza pronunciada en el Congreso de Angostura en 1819 afirma categóricamente:”La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado por mucho tiempo, los mande perpetuamente”. No estoy convencido para nada del bolivarianismo de Chávez, pues es parecido al jacobinismo del mismísimo Robespierre y como ya hemos podido comprobar solo es una engañosa pose para aprovecharse políticamente de una buena parte de incautos o de incultos según sea el caso. El presidente de esta Republica Bolivariana pretende un solo partido: el partido único, un solo poder; el ejecutivo y una sola voz; la de él, pero pareciera no percatarse de otra sentencia del más grande americano que afirma: “El bien y el mal causan la muerte cuando son súbditos y excesivos”, y a modo de epílogo en este drama que vive el país, ponemos ante ustedes, amigos lectores el mejor antídoto contra el totalitarismo que se pretende imponer, como son los primeros párrafos leídos por Bolívar en el Congreso de Angostura al entregar el poder que le había sido conferido que dice:”Cuando cumplo con este dulce deber me liberto de la inmensa autoridad que me agobiaba, como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas”. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me habría sometido al terrible y peligroso encargo de dictador jefe supremo de la República. ¡Pero ya respiro devolviéndoos ésta autoridad, que con tanto riesgo, dificultad y pena he logrado mantener en medio de las atribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social! Como un adelantado providencial, el Libertador entendió la magnitud del compromiso con su patria y fiel como pocos a su pensamiento se apartó a tiempo de la tentación comprendiendo que el hombre es débil y ¡tanto poder daña!

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