Opinión Nacional

Trenzas sueltas

No ha sido fácil para el teniente coronel mantener dentro de ciertos límites sus desafueros, desmanes y groserías. En especial el no darle definitivamente una patada a la mesa de las normas y convenciones imperantes dentro de un sistema democrático. Él, golpista por vocación, agresivo y violento por naturaleza y procaz hasta la vergüenza ajena en el uso de su muy peculiar lenguaje político – más propio de hampones y criminales que de militares de la república – ha tenido que balancearse durante una década entera entre decir y hacer lo que realmente piensa o esperar por el momento adecuado, ha alcanzado ese punto de no retorno en que los hechos son infinitamente más graves que sus pintorescos dichos. Y en el que más vale soltarse las trenzas.

Tanto se han encogido sus libertades y tan maltratada se halla su popularidad, que ha llegado al punto en que más vale perderlo todo que mantener las formas. Las amenazas del pasado se han transformado en imposiciones “con fuerza de ley”. La vacua y estúpida verborrea del socialismo del siglo XXI se ha transformado súbitamente en el vacuo y estúpido Estado socialista. En ese sentido, el 31 de julio marca el punto de inflexión entre una democracia maltratada y escarnecida y una parodia de Estado totalitario. Decimos parodia, porque ni Alí Rodríguez Araque cree en la tragicómica impostura de socialismo mostrada por un régimen de ladrones, corruptos, ambiciosos e inoperantes. Que no tienen otra meta real que hinchar sus cuentas en dólares a más no poder.

Ésa es la gran diferencia de este socialismo, respecto de todos los existentes hasta el presente. Es un socialismo comprado, en que los expropiadores realizan su negocio del siglo haciéndose cómplices del negoción de la compraventa por parte del Estado de sus devaluados activos. Y en donde los usuarios de los servicios así expropiados, además de financiar tales absurdas tropelías, comienzan a recibirlos de manera más ineficiente. Una auténtica estafa.

Es un socialismo tan inédito que convierte a su nomenklatura de capitanes, tenientes, coroneles y generales golpistas en una gigantesca comandita del saqueo a los bienes de la nación. Y mientras el presidente alcanza relieve como el primer luchador antiimperialista del planeta, esa nomenklatura de ladrones deposita sus dólares en bancos y bienes muebles de La Florida. El comandante del antipitiyanquismo vive del petróleo vendido a los yanquis y los gasta luego en compras realizadas en los súper-súper mercados del imperio yanqui.

¿Por qué acelera así su malparida revolución castrista? Porque a estas alturas no tiene nada que perder. Ha firmado demasiadas veces su sentencia de muerte o de cadena perpetua. No tiene espacio al que recular. Está al borde del abismo y ordena un paso al frente. Los caudillos también pueden ser estúpidos.

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