Opinión Nacional

Un fraude sí, pero distinto

El ocaso de la República puntofijista se debió, sin duda, a la poca credibilidad de sus líderes. Todo comenzó con aquella promesa imposible de cumplir de «cien mil casas por año». Cinco años más tarde, encarados con la crisis de la Venezuela saudita, nos embaucaron con aquella frase de «Luis Herrera arregla esto». Casi transcurrido el quinquenio, el edificio de una prosperidad falsa se nos vino abajo el “viernes negro”. Promesas y más promesas incumplidas nos llevarían finalmente al «Caracazo» y a los fallidos motines militares de 1992.

Sin embargo, hubo instituciones que conservaron la sindéresis y lograron mantener su credibilidad en medio de la debacle. Sobresalían la jerarquía eclesiástica católica, eso que llamamos comúnmente la Iglesia, y los medios de comunicación. Aunque no intervenían directamente en la política, ejercían una importante influencia en la opinión pública.

La Quinta República

¿Cuál fue la actitud de Hugo Chávez al llegar al poder? Nuevamente la demagogia. La Constituyente arreglaría todos los problemas del país, al desplazar al poder constituido. Pero transcurrió un año y los índices de pobreza, de desempleo y de inseguridad aumentaron en forma vertiginosa. Puesta de manifiesto su crasa ineptitud para conducir un gobierno, no quedó otro remedio para mantenerse en el poder que intentar la descalificación de los adversarios.

Vino primero la confrontación con la Iglesia. Acusó a cardenales y obispos de reconocida trayectoria de cargar «el diablo adentro», porque disentían en cuanto al texto de la nueva Constitución y podían dificultar su aprobación. La tragedia del litoral enrareció el ambiente de victoria del referendo. Lo más grave, sin embargo, fueron las acusaciones lanzadas por los organismos defensores de los derechos humanos y recogidas también por periodistas del diario «El Nacional». Eso sirvió de detonante de una crisis que se veía venir entre Chávez y sus «hermanos del alma», porque éstos disentían con la forma de conducir al movimiento revolucionario.

Si alguien debía estar agradecido con los medios era Hugo Chávez. Fueron ellos los que finalmente desestabilizaron al gobierno de Carlos Andrés Pérez e hicieron posible el triunfo del chiripero, antesala de la Quinta República. A los dueños de los medios resultaba fácil atacarlos por su condición de empresarios aliados del puntofijismo. Para los periodistas quedó reservado el desdén, primero y, más tarde, los ataques directos de las turbas. La libertad de expresión implica una interlocución con el adversario. Si la crítica le resbala al gobierno, esa libertad resulta necia.

Cuantos han expresado alguna disidencia con las ideas del presidente Hugo Chávez pasan a engrosar las «cúpulas podridas». Todos los venezolanos saben que la gran mayoría de los dirigentes adecos y copeyanos no eran corruptos y que durante los cuarenta años de democracia también se realizaron esfuerzos positivos a favor del país. Asimismo, empezamos a darnos cuenta de que la minoría corruptora y corrupta continúa firmemente asida a los resortes del poder.

La clase militar

«Todos esos generales son culpables de no haber defendido la clase militar». Con esas palabras se refería el presidente Chávez a quienes han constituido el Frente Institucional Militar. La frase recuerda a Augusto Pinochet, a Jorge Videla, a ciertos generales peruanos, pero en Venezuela no se escuchaba desde la Revolución de las Reformas del tristemente célebre coronel Pedro Carujo, por cierto uno de los conjurados en el intento de magnicidio del Padre de la Patria.

Nunca le encontré razón a la actitud del general Isaías Medina en los días anteriores al 18 de octubre de 1945. Habiendo sabido del motín militar el domingo anterior y detenido a algunos conspiradores como Julio César Vargas y Marcos Pérez Jiménez, no les instruyó juicio sumarísimo ante una Corte Marcial. Así hubiera ocurrido en los países civilizados y se les hubieran ahorrado muchas lágrimas a los venezolanos.

La explicación la obtuve leyendo la obra «Juárez y su México» de Ralph Roeder. “España nos transfirió la propensión feudal de crear corporaciones y dotarlas de privilegios e inmunidades de la ley común y capacitarlas para su completa independencia. Eso creó en los miembros de esas corporaciones un compañerismo, un espíritu de cuerpo, que debe sacrificar a la autoridad civil o a la conciencia social, cuando éstas van en contra de la corporación.” Medina era incapaz de enjuiciar a sus compañeros de armas.

Algo similar ocurriría con los amotinados del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Se tuvo con ellos las mayores consideraciones. El sobreseimiento de Caldera debilitó la conciencia social y la autoridad civil.

Como el cangrejo

Está claro lo que Chávez pretende. Con el paro petrolero finalmente salió a la luz el plan que concibe. Chávez sólo confía en sus muchachos militares. Claro que hasta cierto punto, puesto que la vicepresidencia no la confiará jamás a un militar activo o retirado. Por si las moscas. Para eso requiere de un civil sin ascendiente, moldeable y cínico.

La consigna «revolucionaria» de Hugo Chávez, aunque parezca paradójica, pretende que Venezuela avance hacia el pasado. El compañerismo fascista es su fundamento y sólo puede encaminarse hacia el autoritarismo. La hegemonía que pretende el MVR sería similar al sistema impuesto en México por setenta años. Pero esa hegemonía del Partido de la Revolución Mexicana no mejoró en nada el manejo de la cosa pública. La corrupción se institucionalizó. La brecha entre gobernantes y gobernados finalmente desembocó en la insurrección armada de Chiapas. Una nueva generación de mexicanos comprendió que sólo la democracia representativa nacida de la uninominalidad aseguraría el Estado de derecho y, por ende, el desarrollo.

En Venezuela, lo que está a punto de nacer es una nueva clase dirigente compuesta por los resentidos sociales, que ahora se sienten por encima de la ley. Es el “antiguo régimen” noble o fascista, antidemocrático y anticapitalista. Es un sistema feudal mercantilista. Vamos hacia el siglo XVIII de los desarrollados. Caminamos para atrás.

¿El no tan tonto útil?

Hay quienes señalan que la permanencia por 45 años de Fidel Castro en el poder se debe al resultado de la crisis de los misiles, cuando Estados Unidos convino con la Unión Soviética no invadir a la Cuba comunista. Sin embargo, tengo mis dudas. ¿Cómo es que al terminarse la guerra fría con la desaparición de la segunda potencia militar, la Casa Blanca no decidió acabar de una buena vez con esa molestia que un régimen comunista en América representaba? Ocasiones las hubo para excusar una agresión. Y vista la actitud norteamericana en Afganistán e Irak sabemos ahora que la actitud imperial no ha cambiado. Tiene que haber otra explicación más lógica. Nada es más lógico que la conveniencia. El régimen fidelista en Cuba, aislado, le conviene a Washington.

Chávez, al igual que Fidel, sabe lo útil que le resulta al Imperio. Su único interés es el poder. Su política devuelve las esperanzas a los excluidos y mantiene la paz, al tiempo que le tiende puentes a los privilegiados que nos han expoliado siempre.¿Fraude? Pero genial.

Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, historiador, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.
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