Opinión Nacional

Un Presidente Estacionario

El ministro de desinformación y asuntos esotéricos, con el rostro de un extraño amarillo pollito, manifiesta al país, que sigue el rumbo de los actuales acontecimientos políticos como si viera llover – ocupado buscando insumos como papel higiénico y  azúcar que también no hay o esquivando balas del malandraje moño suelto –  que la salud del presidente es “estacionaria”, es decir, según el DRAE, que está en el mismo lugar y situación, lo que nos remite a una interrogante ociosa: ¿Qué quiso decir el mini en cuestión?

¿Qué el presidente sigue enfermo en la Habana? Sí eso es lo único que sabemos con cierta certeza, porque el verdadero estado de salud del ciudadano que ganó las elecciones del 7O para regir los destinos del país por los próximos seis años, es materia de adivinos y espías rusos que han circulado los más estrafalarios rumores y las más descabelladas hipótesis, porque hay que ver los disparates y contrasentidos que hemos visto en esta temporada de carreritas para el baño.

La más vistosa es ver a estos comunistas, enemigos de Dios y de la Iglesia, porque creen en el orden material de Universo, y punto, rezando de rodillas por la salud del tipo que los llevó a la gozadera millonaria  a punta de incondicionalidad. Porque allí ni hay ni ideología ni revolución sino codicia y trepadorismo. Y en orden de aparición le siguen, de bando y bando: Que si está entubado. Que no, que no lo está.

Que sí, que una hermana del chofer del autobús que dejó Maduro le dijo a su vecina que el tercio estaba en coma inducido y con suministro de avena por vía intravenosa. Que si lo van a desconectar y quien lo desconecte buen desconectador será.  Que no, que no está enfermo, Y va una caja de cerveza a que está sano, sanote, puro machote. Que montaron esta obra de teatro para ganar las gobernaciones y el tipo aparecería el 31 de diciembre a las doce en punto gritando en cadena nacional e internacional: ¡Feliz año, las hallacas me hicieron daño… pero la portentosa medicina cubana, orgullo de la humanidad, me salvó la vida con un purgante de pasote con yerbabuena!”, mientras millones de rojo, rojitos cantarían a voz de cuello: “No estaba enfermo, estaba de parranda”, al ritmo de can can antillano. Pero como eso no pasó y el silencio continuó y la declaración científica de Maduro, sosteniendo que el señor de las mil y una conjeturas, estaba sanando, pues “me apretó la mano bien duro” – lo que es tan embuste como lo de los ejercicios y la visita de Cabello – generó una carcajada nacional, rayana en el irrespeto hacia el augusto paciente de los paramédicos, masajistas y enfermeros egresados de la madraza marxista más que universidad de la Habana, culpables del desastre sistémico que mantiene en vilo la vida del enfermo.

Por eso se realizó con urgencia un cónclave de segundones sin voz ni votos propios, para decidir como enfrentar a un pueblo tan guachafitero como este, que a todo le saca un chiste, y de allí las caras pretendidamente serias de los informadores oficiales, cuya verdad se deduce por las torcidas de ojos que se lanzan unos contra otros, sin advertir que la mentira tiene las piernas cortas y es más fácil recuperar la virginidad que la credibilidad, pues sus recurrentes embustes sobre la salud del presidente electo – que es el mismo saliente y por lo tanto da lo mismo al derecho que al revés –  unidos a los de los dolientes chulos de la izquierda mundial – que adora los dólares de la derecha a dos carrillos – que ya se ven sin los viáticos y donativos que les han paliado el hambre en los últimos catorce años, que no es poca cosa, para perderla así no más – le están faltando el respeto al chavismo sin Chávez, como ellos se lo están faltando a la república, que ya tendrá su hora histórica de pasarle factura legal a tanta canallada inicua.

“La verdad verdadera es ilusión…

…ella cambia, se aleja y desaparece/ con los giros que da la situación…”, por eso, para el chavismo de la godarria, la toma de posesión es “un mero, mero, formalismo” y se ejecutará cuando mejore el enfermo, que no mejora, a un mes de su operación sigue sin poder hablar, como aquel don Rafael del culebrón “El derecho de nacer”. Y esto pasa en todo sistema en el que prive el derecho de Estado – cárcel por sí disidencia por medio –  en el cual se considera que la ley ha sido cambiada cada vez que al gobierno le dé la gana de interpretarla a su real entender, para eso está el TSJ cuya “santa palabra” se encarga de asegurar que la Constitución reza: “Donde digo digo, no digo digo sino Diego”, es decir “ausencia temporal” traduce, en cubano antiguo, el inconstitucional – a quién le importa – “permiso indefinido”. Por eso seguimos en veremos, sin saber nadita de nada. Y ya pasó el 10 de enero y. salvo el espectáculo decadente de una turbamulta portátil consolidando la oclocracia frente a un mutante embabecido, seguimos como campeones de natación: Nada por aquí, nada por allá. Ni tomó posesión ni dejó de tomarla. Sigue siendo el rey aunque  de cuerpo ausente. ¿Por cuánto tiempo? Jumea por la semiótica de lo “indefinido”. – Yo lo que sé – me dijo un amigo trujillano – es que o está requetejodido o lo tienen en salmuera, porque para que un tipo tan “hablachento” y pantallero como este se mantenga callado, es porque lo tienen amarrado, haciendo gárgaras con un buche de clavos.

En conclusión

En este reinado de ignorancia, inescrupulosidad, sinvergüenzura, destrucción institucional y picardías de toda laya, “resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/ todo es igual/ lo mismo un burro/ que un gran profesor…”. Venezuela, desgarrada en su íntima dignidad, es trofeo de caza para un gobierno extranjero que mete su puerca manu militari en nuestros asuntos internos con absoluta impunidad antipatriótica – y se la pasan invocando soberanía, sale pa´llá –  con el agravante de que en su territorio languidece en una especie de secuestro express, por el hermetismo cortina de hierro, nada menos que el presidente “de todos” los venezolanos y desde allá, como en aquella escena galleguiana en la que el muerto asiente el despojo de su ganado, afirmando con la cabeza sacudida por un secuaz debajo del catre, se  giran instrucciones sobre el destino de la patria de Bolívar que llevó la libertad a la América meridional. Cosas veredes amigo Sancho.   

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