Opinión Nacional

Una oligarquía feudal en el siglo XXI

Lo voy a decir una vez más. La democracia es el sistema político de la burguesía, de las clases sociales dueñas de los medios de producción. La burguesía se divide en dos sectores: La pequeña y la gran burguesía. Constituyen lo que en los antiguos países monárquicos se llamó la clase intermedia entre la nobleza y la plebe. Comenzó con la actividad artesanal y, luego, comercial de las ciudades, llamadas burgos y de ahí el origen de burguesía: población de los burgos. Los revolucionarios franceses se hacen llamar ciudadanos y, cosa curiosa, hasta hoy esa palabra y Usted., se mantienen como el tratamiento oficial entre los venezolanos de esta República Bolivariana Revolucionaria.

Esa burguesía tiene valores comunes distintos. En donde más claramente se observan esos valores es en la Inglaterra del siglo XVII. Esa nación puritana cuna del parlamentarismo es dura, sacrificada, inmersa en el trabajo. Tiene por norte los principios de una religión acomodada a sus intereses: La riqueza es un don de Dios, una bendición; la pobreza, por el contrario, una maldición del Altísimo. El puritano trabaja, comercia y reza. No bebe, casi no se divierte. Pero con su trabajo y el ahorro crea riqueza. Y esa riqueza la usa para la investigación y la creación de más riqueza. Unen las riquezas individuales y constituyen compañías anónimas que se dedicarán al comercio ultramarino que los grades descubrimientos geográficos hacen posibles. Es, en una palabra, una clase para la que el sacrificio es una virtud. Muy distinta a la plebe y la nobleza cuyas características son la holgazanería, la molicie, los festines o las guerras, que no son otra cosa que el robo organizado, pues su producto es el botín obtenido por las tropas bajo el mando de la nobleza. Son bandoleros legalizados por Estados bajo su control.

Generales o condes

¿Qué ocurre en la América latina? Luego de la Independencia, los generales de los ejércitos libertadores ocuparán los latifundios abandonados por los españoles o desplazarán a las familias nobles criollas. Esos generales lo único que hacen es continuar el patrón establecido. No son nobles, porque el Estado es republicano, pero su riqueza se basa, al igual que la de la nobleza en el usufructo de una riqueza obtenida a través del robo, del botín de guerra. Las guerras civiles posteriores seguirán el patrón: los vencedores desplazarán a los vencidos. El caso de la hacienda La Trinidad de Tapatapa es ilustrativo en Venezuela. Situada en los alrededores del hoy Maracay, fue originalmente propiedad del marqués de Casa León. Luego de la Independencia, la adquirió el general José Antonio Páez. Cuando triunfaron los federales, el latifundio llegó a manos del general Joaquín Crespo. Derrotados los liberales amarillos por los restauradores de Castro, la hacienda quedó en manos del general Juan Vicente Gómez. A su muerte, el general Eleazar López Contreras la nacionalizó.

¿Qué quiero decir con esto? Que las oligarquías latinoamericanas no son burguesas. El origen de su riqueza es el botín de guerra, el robo y no el premio a la invención, al trabajo o la innovación. Los generales de las guerras de Independencia o de los conflictos civiles posteriores tienen el mismo origen que los duques, marqueses o condes de las monarquías europeas o asiáticas. Con el correr del tiempo esa riqueza latifundista se fue transformando. Unos vendieron para adquirir empresas comerciales que más tarde transformaron en industrias. Siempre permaneció el mismo espíritu de conchupancia con el Ejecutivo y el presidente. La riqueza es producto de la relación con el Estado.

Ocurre lo mismo en otros sectores. ¿Quiénes fundaron el Banco de Venezuela? Pues los generales Manuel Antonio Matos y Antonio Guzmán Blanco, cuando aquél era ministro de Hacienda y el último, presidente de la República. El Banco se creó con una finalidad: Administrar los empréstitos de la República y enriquecerse.

La Compañía de Gómez

Se repite con las concesiones petroleras del gomecismo. Se crea la Compañía Petrolera Venezolana a la que el Estado asigna grandes extensiones y que la empresa, propiedad del general Gómez y sus familiares, negocia con las compañías extranjeras obteniendo grandes beneficios. Cuando el dictador enferma de la próstata, un médico lo salva introduciéndole una sonda. Esta brillante idea le va a reportar una ganancia considerable, pues el dictador como premio le otorga una vasta concesión que el médico negocia con los extranjeros.

En marzo de 1999 un Grupo Interdisciplinario de Estudios de la Universidad de los Andes publica el estudio “VENEZUELA: RENTA PETROLERA, POLÍTICAS DISTRIBUCIONISTAS, CRISIS Y POSIBLES SALIDAS”.

“En 1920 la exportación petrolera era inferior al millón de barriles anuales (906.940 barriles), lo cual representaba unos 12 millones de bolívares., muy por debajo de las exportaciones tradicionales. Sin embargo, ya se percibía su enorme importancia futura (Plaza 1997, Torres 1918), especialmente para el desarrollo de los sectores energético y del transporte en el mundo. Por eso, se requerían decisiones acerca de varios problemas, como por ejemplo: 1. ¿Quién sería el propietario del petróleo?: ¿Los propietarios de la tierra? ¿El Estado? ¿Los gobiernos regionales? 2. ¿Quiénes tendrían derecho a explotarlo?: ¿Los venezolanos? ¿Empresas extranjeras? 3. ¿Cuánto deberían pagar los explotadores al propietario?

“Las decisiones tomadas por el gobierno fueron que el petróleo pertenecía al estado, lo podrían explotar empresas a las que el gobierno otorgara concesiones de exploración y explotación (de hecho la mayoría extranjeras) y se pagarían unos impuestos fijados por contrato de acuerdo a las leyes mineras vigentes. Es de hacer notar que aún no existía en Venezuela un impuesto sobre la renta.

“Las razones de esta decisión se pueden solamente conjeturar. La propiedad estatal estaba fundada en la tradición colonial de la propiedad del subsuelo por el estado, confirmada por los gobiernos republicanos sucesores, pero podría haberse cambiado siguiendo el patrón norteamericano de propiedad privada. Las compañías extranjeras con su tecnología y capital constituían una garantía de ingresos inmediatos. Por otra parte, para tales empresas era cómodo tratar con un dictador fuerte, que mantenía el país en orden y que tenía buenas relaciones con los gobiernos europeos y de Estados Unidos, en vez de tratar con muchos terratenientes o autoridades locales de comportamientos imprevisibles.

“Las consecuencias de las decisiones fueron de largo alcance. Lo esencial fue la instalación en el país de una economía basada en el reparto de la renta petrolera, economía que persiste hasta la fecha. (Asimismo, se creó un) Gobierno con altos ingresos no dependiente de los contribuyentes.

“Las dictaduras y las democracias utilizaron esos ingresos para: Reforzar las Fuerzas Armadas (Ziems 1979); construir carreteras y otras obras de infraestructura y apoyar el desarrollo económico, mediante créditos y monopolios concedidos a parientes y amigos de los distintos presidentes.

“Lo más importante, sin embargo, fue que se renunció a una explotación nacional o estatal del petróleo. Se creó así un sistema de distribucionismo (SIC) estatal asociado al (gobierno) de turno, que favoreció a un grupo restringido de personas.”
La Rusia postsoviética

¿Por qué no ha sido exitoso el capitalismo en la Rusia actual? Sencillo. La oligarquía no es burguesa. La nueva oligarquía surgió a la sombra del poder. Igual ocurre en América Latina. Sólo las actividades altruistas deben ser públicas. La economía que es egoísta debe ser manejada por el sector privado. Pero éste no puede ser un mero apéndice de aquél.

(*): Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, politólogo, periodista y miembro de Debate Ciudadano. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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